Antes de presentar la obra, me parece necesario contextualizar en qué tradición musical se inserta, para invitar al lector a conocerla, y desde ahí, escuchar Polifemo fonético.
La llamada música contemporánea, o música clásica contemporánea, o música de creación actual, sigue siendo hoy una rara avis en el panorama cultural generalista. Sin embargo, en cierto sentido, gran parte de lo que escuchamos hoy en las diferentes músicas populares, comerciales o cinematográficas, no sería igual sin las aportaciones compositivas y técnicas de las diferentes vanguardias musicales a largo de los últimos 120 años.
.
Un poco de contexto
Como es sabido, el surgimiento de las vanguardias artísticas en los albores del siglo XX, y su desarrollo en el período de Entreguerras, marcó un punto de inflexión que transformó por completo la cultura y el arte occidentales. Esta ruptura de concepciones, que se venía fraguando ya en el último Romanticismo, abrió un nuevo territorio que daba por acabadas (aunque siguieran siendo un sustrato inevitable) las tradiciones artísticas heredadas desde el Renacimiento.
La primera guerra mundial, con todas sus consecuencias, puso el mundo del revés produciendo una fractura irreversible en el pensamiento artístico. Para expresar la nueva realidad eran necesarios otros conceptos, otros lenguajes. Eso implicaba redefinir cuáles eran los materiales plásticos, sonoros o literarios, cuáles las estructuras formales y narrativas, así como el propio papel de arte y del artista en una Europa que había tocado fondo.
De la misma forma que en la pintura, el color, el volumen y la línea dejaron de estar supeditados a la representación reconocible de un objeto o una figura dentro de una perspectiva lineal; o que en la literatura, el sujeto o el tiempo narrativos ya no dependían del esquema presentación-nudo-desenlace; en la música, la melodía, el ritmo, la armonía o el timbre instrumental dejaron de estar necesariamente ensamblados en un discurso tonal y lineal. En definitiva, en todas las artes, los materiales y las estructuras se “liberaron” de las concepciones anteriores para ser explorados como elementos autónomos, y en un marco diferente de relaciones, proponiendo otra percepción sensorial y otras formas de asociación simbólica, tanto intelectual como emocional. Lógicamente, todo ello se producía en una contracorriente estética y social. El arte dejaba de proporcionar al público una satisfacción inmediata, de acuerdo a unos parámetros ya conocidos, y le planteaba otro terreno de observación, lectura o escucha con los que no estaba familiarizado, que le exigían cambiar sus hábitos de apreciación estética, y, necesariamente, el marco ideológico en el que se habían generado.
.
Las fuentes
Simplificando, podríamos decir que en la 1ª mitad del XX esta exploración artística tuvo en el campo musical como compositores fundacionales a Debussy, Stravinsky, Varèse, Bàrtok; y a la escuela atonal-dodecafónica de los tres vieneses: Schönberg, Webern y Berg. En la segunda mitad del siglo, la primera generación de posguerra tuvo a compositores como Boulez, Stockhausen, Luigi Nono, Ligeti, Xenakis, John Cage o Feldman en EEUU, etc. La lista sería muy larga si continuamos hasta nuestros días.
Como decíamos antes, al igual que el resto de disciplinas artísticas evolucionaron con el siglo, la música de creación –que recogía la tradición de los siglos anteriores– siguió desarrollándose con múltiples tendencias, técnicas y estéticas.
Todo ello supone un patrimonio musical y artístico para los compositores actuales, especialmente para los que seguimos defendiendo el espíritu investigativo sobre el fenómeno sonoro, como una forma de conocimiento y descubrimiento que activa el inconformismo y la conciencia crítica. Como decía John Cage: «No entiendo por qué la gente tiene miedo de las ideas nuevas. Yo tengo miedo de las viejas.»
.

