teatro

Pinoxxio

Nosotros tenemos dos lí­neas de trabajo muy distintas en la compañí­a. Por un lado los espectáculos de creación, que son más de lí­nea de investigación dirigido a público adulto. Y luego los espectáculos que son familiares y que abarca un amplio espectro de público. En ese sentido trabajamos mucho la dramaturgia.

No es el primer cuento infantil que adaptáis, ¿por qué cuentos infantiles y por que Pinoxxio?

Nosotros tenemos dos líneas de trabajo muy distintas en la compañía. Por un lado los espectáculos de creación, que son más de línea de investigación dirigido a público adulto. Y luego los espectáculos que son familiares y que abarca un amplio espectro de público. En ese sentido trabajamos mucho la dramaturgia. Ananda Dansa está formada por dos co-directores, mi hermano Edison Valls, que viene del mundo del teatro, y yo, que vengo de la danza. Nuestra compañía se dedica a hacer espectáculos de danza pero siempre partimos de una dramaturgia. En este caso, lo cuentos que están en la memoria de todos, que vienen de la literatura infantil, nos sirven como base para hacer un buen guión al que quitarle las palabras y llevarlo al movimiento y la danza.

Nos viene muy bien porque lo que hacemos es abstraer. Pensamos que los cuentos tienen un guión maravilloso, pero sobre todo tienen el poso suficiente para hacer espectáculos contemporáneos. Si logramos extraer la esencia de los cuentos infantiles podemos hacer de ellos algo actual. Si le quitas a Pinocho la iconografía de la nariz, las mentiras y el castigo, te quedas con lo esencial, que es la relación entre un padre y un hijo. Geppetto tiene un hijo, desea para él todo lo que no ha tenido, y quiere que sea como él imagina que tiene que ser un hijo. Esto es universal. Por otro lado, Pinocho es un joven que no quiere someterse a las reglas y que desea vivir sus propias experiencias. Esa es la base del cuento de Collodi, un problema generacional que existe hoy. Nosotros utilizamos esa dramaturgia para trasladarla al momento actual, y de ahí llevarlo a la danza.

Pinoxxio es una versión de danza que habla de la educación, y de cómo nos interesa contar que se resuelve respetando al otro, aceptando y pactando, y con mucho amor. Esa es la diferencia entre el Pinoxxio de Collodi y el nuestro.

¿Cómo se consigue el equilibrio entre un espectáculo que atrape a los niños e interese a los adultos?

A base de poner ingredientes, como en la cocina, que vas añadiendo hasta que consigues que el guiso tenga otro sabor. Se trata de que el espectáculo tenga un clímax y unas curvas de inflexión que abarque tanto las necesidades de los niños como las de los adultos. A los niños les cuesta mantener la atención, por lo que tiene que haber una sorpresa cada poco tiempo, de escena o de movimiento. Por otra parte, los amantes de la danza quieren ver bailarines bailando muy bien, con una buena técnica, y un espectáculo muy visual. Y los amantes del teatro quieren entender lo que está pasando en escena y no perderse. Y los espectadores que no están acostumbrados al teatro, exactamente lo mismo, que son los que suelen ir con sus niños.

“Se trata de que todo el mundo tenga su momento”

Se trata de poner todos los ingredientes en el espectáculo para que todo el mundo tenga su momento. Mis bailarines bailan muy bien y utilizamos siempre la danza como vehículo, pero también estamos contando una historia, aparte hay cambios escenográficos, la música es maravillosa y está hecha para el espectáculo… solo hay siete bailarines, pero muchos cambios y mucha magia.

¿Por qué Pep Llopis compuso la música antes para la obra, cuando normalmente la va componiendo a medida que avanza el montaje?

La partitura es original en todos nuestros espectáculos. Pero siempre lo hacemos con música grabada, por lo que lo normal es que cuando empiezo con los ensayos, antes he empezado con Pep Llopis en su estudio, y vamos simultaneando el trabajo con los bailarines. Pero esta vez no lo podíamos hacer así, porque es con música en directo. Lo hemos estrenado con la Orquesta Sinfónica Verum, por lo que han tenido que grabarlo tres meses antes de que estrenásemos, para poder tener la música para ensayar, lo que nos ha hecho trabajar de forma muy férrea y disciplinada. Aunque si algún cambio hemos tenido que hacer, lo hemos hecho, a pesar de llevar de calle a la orquesta.

Hemos hecho un guión más férreo que en otras ocasiones, trabajarlo mucho sobre el papel para poder grabar la música y que fuera la que todos imaginábamos para el espectáculo, teniendo en cuenta que no se había hecho aún y que no se iba a hacer hasta unos meses después. El resultado ha sido muy bueno.

¿Qué pesa más en su trabajo, la técnica o las emociones?La emociones van por delante de la técnica. El vocabulario coreográfico es un lenguaje que ponemos a partir de una emoción y de una dramaturgia. Primero la dramaturgia, después la emoción y por último el vocabulario. Lo que sí ponemos con anterioridad son unas “maneras de”. Cada personaje tiene unas maneras de bailar a partir de esa dramaturgia, pero llegar a la cualidad de movimiento se llega a través de la emoción siempre.Tanto usted como coreógrafa, como los bailarines Ana Luján y Toni Aparisi han sido premiados…Es que son magníficos. El espectáculo es completamente bailado, y no para que lo baile cualquiera, también a nivel de interpretación. Tenemos un equipo magnífico.Han tenido que adaptarse a la crisis, como tantas compañías, ¿cómo han salido adelante para parir una obra como esta pese a las dificultades?Ha sido una suerte, la verdad. Estamos pasando unos años muy duros, pero no solo Ananda Dansa, todas las compañías, y las artes escénicas en general. Las ayudas se están reduciendo, las funciones de danza se han reducido mucho también. Han aumentado las funciones la taquilla, lo que significa que las compañías que no han conseguido todavía tener un público estable es mucho más complicado. Esto ha llevado a que los espectáculos de danza sean de uno, dos o tres bailarines, que sean sin escenografía, sin vestuario… hacemos lo que podemos, y no lo que queremos. Es una de las premisas que nos ha llevado a continuar, que trabajamos con la cabeza. Quizás porque llevamos muchos años y tenemos la suerte de tener un público y una serie de programadores que confían en lo que nosotros hacemos.“Con cada espectáculo te la juegas a una carta”No podemos hacer un espectáculo cada año, sino que hacemos uno cada dos años. Son dos años haciendo bolos para poder tener recursos y hacer el siguiente espectáculo. Por lo que si nos sale mal vamos directamente a la cárcel y cerramos la compañía.No importa los años que tengamos de experiencia, nos lo jugamos a una carta. Las ayudas casi no sirven, porque han bajado mucho y nuestros espectáculos son grandes. Nuestra realidad es hacer lo que podemos y cuando podemos.Chevi Muraday dijo en la gala de los Premios Max que la danza es la gran expulsada de las artes escénicas. Esto es así. Pero no porque alguna vez hayamos estado dentro. Nunca hemos pertenecido a una programación regular. En los teatros siempre hemos sido un hecho puntual. No ha habido una constancia, ni se ha establecido un público para los espectáculos de danza. Sigue siendo inusual. Jamás hemos conseguido meter la cabeza. Ni se ha intentado. Quizás también porque los programadores vienen del mundo del teatro, por lo que nunca se acostumbra al público, que es lo único que puede hacer que llegue a haber un público y la danza se convierta en algo normal en la programación¿Qué tendría que cambiar?Hacer programaciones estables de danza, no solo un espectáculo. Si el público de danza no existe, ya puede ser estupendo el espectáculo que no sirve para nada, por lo que es el pez que se muerde la cola. Programan, va poco público y no vuelven a programar. Hay que hacerlo aunque no vaya mucho público, y eso cuesta. Mientras la Administración no ayude no se podrá avanzar jamás.

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