EL OBSERVATORIO

Pelea de gallos

El libro de relatos de la ecuatoriana María Fernando Ampuero destaca por el poderío de un lenguaje desnudo y brutal.

Como un ciclón. Así puede hablarse, sin necesidad de exagerar, de la creciente irrupción de voces femeninas jóvenes en la nueva literatura hispanoamericana. Desde México (o, mejor, desde los EEUU hispanos) hasta la Patagonia, una auténtica galaxia de escritoras ha irrumpido dentro de un canon que tenía un patrón eminentemente masculino y desempeña ya un papel crucial en la configuración de la nueva narrativa en lengua española del siglo XXI.

Destaca, sobre todo por el desconocimiento que había en España sobre esa literatura, la presencia singular que en los últimos meses han alcanzado entre nosotros dos escritoras nacidas en Ecuador. Por un lado, Mónica Ojeda (Guayaquil, 1988), que acaba de publicar “Mandíbula” (Candaya), un thriller que se inicia con una joven fanática de las historias de terror secuestrada, en una cabaña perdida en el bosque, por la maestra de literatura del colegio del Opus Dei al que asiste. Autora de tres novelas y un libro de poesía, la escritora ecuatoriana vive actualmente en Madrid y cursa un doctorado en la Universidad Carlos III para el que prepara una tesis sobre literatura pornográfica en América Latina.

Por otro lado, María Fernanda Ampuero, nacida también en Guayaquil (Ecuador) en 1976. Estudió literatura, colabora con numerosos medios internacionales y hasta la fecha había publicado dos libros de crónicas: “Lo que aprendí en la peluquería” y “Permiso de residencia”. En 2016 ganó el premio Cosecha Eñe de relato. “Pelea de gallos” (Páginas de Espuma, 2018), publicado en España el pasado mes de marzo, es su primer libro de cuentos.

“Pelea de gallos” es un libro que destaca por muchos ingredientes. Pero lo primero que experimenta el lector es un verdadero shock verbal, un choque lingüístico, un latigazo que no proviene tanto de la realidad narrada (ya de por sí brutal), sino de la fuerza expresiva de un lenguaje que está tan pegajosamente unido a lo que cuenta, que transmite con tanta fuerza y verdad lo narrado, que resulta imposible mantener la distancia habitual que el lector mantiene con lo leído, el sosiego, la reflexividad, la “cómoda” actitud de quien disocia lo leído de lo real y, en consecuencia, siempre está “a salvo”. Aquí el lector, desde el primer párrafo, está metido de lleno en una auténtica “pelea de gallos”, y no puede evitar verse impregnado por los aromas de un libro que huele a muerte, a sangre, a vísceras, a mierda, a esperma y a sudor. Un libro tan físico como emocional, donde las palabras van cargadas de un material auténticamente explosivo, y en el que una acertada y compleja sintaxis consigue multiplicar su potencia.

Y como prueba una muestra, del cuento que abre el libro:

“Una noche, a un gallo le explotó la barriga mientras lo llevaba en mis brazos como a una muñeca y descubrí que a estos señores tan machos que gritaban y azuzaban para que un gallo abriera en canal a otro, les daba asco la caca y la sangre y las vísceras del gallo muerto. Así que me llenaba las manos, las rodillas y la cara con esa mezcla y ya no me jodían con besos ni pendejadas” (“Subasta”).

Los trece relatos breves que contiene “Pelea de gallos” narran historias familiares que son historias de violencia sobre las mujeres, niñas, jóvenes, adultas, ancianas… El hogar familiar, ese espacio de supuesto acogimiento, cuidado y protección, resulta ser a veces una verdadera antesala del infierno. María Fernanda Ampuero mete su cuchillo hasta el corazón de los vínculos familiares y sus realidades ocultas, los códigos impuestos y las relaciones de poder, los afectos malentendidos, los silencios elocuentes, la solidaridad y los abusos… hasta construir, más que una radiografía, una exposición viva de los horrores que se cometen en los hogares.

María Fernanda Ampuero ha reunido en su primer libro de cuentos a un buen número de seres inocentes que se corrompen, gente enferma de amor, de soledad, de pérdida –personas que luchan, a su manera, contra la nítida crueldad de estar vivos–, personajes que intentan vivir una vida que la crueldad hace prácticamente invivible.

“Pelea de gallos”, como se avisa en algunas películas, “puede herir la sensibilidad del lector”. Su voz es descarnada y, a veces, francamente brutal. ¿Pero lo es más que la realidad que describe y que es el pan de cada día en Hispanoamérica (y más de lo que creemos también acá, en la “civilizada” Europa)?

La violencia sobre las mujeres constituye el fuste esencial del libro, y sin duda la realidad sobre la que la escritora quiere colocar el potente foco de su escritura. María Fernanda Ampuero recorre en Pelea de gallos casi todas las formas y las escalas en que se ejerce esa violencia, tanto la que se ve y es ostensible como la que no se ve pero es igualmente destructiva. La violencia física y la violencia psicológica. La violencia de género, la violencia racial y la violencia de clase. En los relatos hay secuestro y venta de mujeres, abusos y explotación sexual en el marco de la familia, maltrato, insultos, soledad, desprecio, abandono… en un clima general de violencia sistemática, habitual y tradicional, a través del cual la autora va dibujando y perfilando ciertos contornos (culturales, políticos y sociales) de la realidad hispanoamericana actual.

Pelea de gallos es un libro impactante, en el que su autora demuestra un gran dominio del material narrativo que se trae entre manos, lo que le permite multiplicar la potencia expresiva de su crudo lenguaje y el vigor de una sintaxis que da un ritmo peculiar a los relatos.

Un buen libro para “amargarse” un poco las vacaciones, disfrutando con buena literatura.

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