Fran Bartolomé, Médicos Sin Fronteras

«Nos enfrentamos al ébola sin herramientas suficientes»

Fran Bartolomé, asesor técnico de enfermedades tropicales y epidemias de Médicos Sin Fronteras, nos cuenta cómo están afrontando los equipos sanitarios el grave brote de ébola en República Democrática de Congo

Ante el gravísimo brote de ébola en República Democrática de Congo -que además se produce en plena zona de guerra en las provincias orientales del país- entrevistamos a Fran Bartolomé, asesor técnico de enfermedades tropicales y epidemias de Médicos Sin Fronteras, que está reforzando su presencia en la zona para atender esta crisis.

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Las autoridades de República Democrática de Congo han elevado ayer a 344 los casos confirmados de ébola, con 60 muertes. Y hay bajo investigación entre 110 y 170 posibles positivos. Además, se trata de las regiones orientales de Ituri, Kivu Norte y Kivu Sur, que llevan años siendo el escenario de una cruenta guerra, y que tiene millones de desplazados. ¿Cuál es la situación del brote ahora mismo sobre el terreno?

Han pasado tres semanas desde la declaración del brote de ébola en la provincia de Ituri y la situación ahora mismo es profundamente alarmante. El número de casos ya supera con creces los dos brotes anteriores por la cepa Bundibugyo.

Nuestros equipos están siendo testigos de una respuesta que aún no ha logrado seguir el rápido ritmo de propagación, especialmente en la provincia de Ituri, y permanecemos muy atentos a la situación en las zonas vecinas de Kivu Norte y Kivu Sur

A diferencia de la mayoría de los brotes anteriores de fiebres hemorrágicas, éste está causado por el virus Bundibugyo, para el que no existen vacunas aprobadas ni tratamientos específicos, y que resulta especialmente difícil de diagnosticar debido a la necesidad de laboratorios con la capacidad técnica y nivel de bioseguidad adecuado.

La realidad actual es que no se tienen controladas todas las cadenas de transmisión de los casos, por lo que no se conoce la verdadera magnitud y gravedad de este brote. Cada día se notifican nuevos casos sospechosos, pero existen muchas dificultades para que las muestras puedan analizarse y tener los resultados de manera temprana.

Al mismo tiempo, hay una serie de factores, como son el cierre de fronteras y aeropuertos, que siguen retrasando la llegada de suministros médicos esenciales, ayuda humanitaria y personal especializado. Sabemos por experiencia que estas medidas dificultan gravemente la respuesta al brote y que solo sirven para aislar a los países que necesitan urgentemente apoyo internacional.

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MSF ya llevaba años trabajando en la zona para atender la crisis humanitaria derivada de la guerra y los campos de refugiados, pero este brote de ébola ha hecho que se refuercen los recursos. Acabáis de inaugurar un nuevo centro de tratamiento del ébola (ETC) en el Centre Hospitalier Elikya de Bunia, en Ituri. ¿Qué efectivos tiene destinados allí MSF y en qué condiciones están trabajando los equipos?

Efectivamente, nosotros llevamos trabajando en la RDC desde 1977. Solo en 2025, gestionamos 17 proyectos regulares y respondimos a 53 emergencias, con un presupuesto total de 131 millones de euros.

Prestamos atención primaria, cirugía, cuidados pediátricos y maternos, tratamiento para supervivientes de violencia sexual, así como respuesta a enfermedades infecciosas y epidemias, VIH y malaria. Y una de nuestras prioridades es abordar las consecuencias directas e indirectas de la violencia sobre la población civil, especialmente en el este de RDC.

En cuanto al ébola, resulta extremadamente difícil poder dar una respuesta adecuada en un contexto marcado por una gran crisis humanitaria y conflictos armados en las provincias orientales, especialmente en Ituri y Kivu Norte.

Nuestros equipos trabajan sin descanso para preparar una respuesta a gran escala, en colaboración con las autoridades sanitarias congoleñas, otras organizaciones con presencia sobre el terreno y la OMS. Estamos movilizando en estos momentos personal médico y logístico con experiencia en el tratamiento de fiebres hemorrágicas virales y hemos enviado suministros y equipos médicos esenciales a las zonas afectadas.

Como decías, nuestros equipos están trabajando en la instalación y rehabilitación de Centros de Tratamiento de Ébola (CTE), instalando salas de aislamiento en hospitales y centros de salud, reforzando las medidas de aislamiento de estos centros y formando al personal sanitario en el manejo de casos de ébola.

Pero no todo es construir un CTE. En MSF siempre decimos que la respuesta frente a los brotes de fiebres hemorrágicas virales como Ébola o Bundibugyo, se articula en torno a seis pilares principales, todos esenciales y críticos para el control de la epidemia: la atención y el aislamiento de los pacientes; el rastreo y seguimiento de contactos; la sensibilización comunitaria sobre la enfermedad, su prevención y los lugares donde buscar atención; la gestión de entierros seguros; la detección proactiva de nuevos casos; y el apoyo a las estructuras sanitarias existentes.

Este último punto es crítico, pues sabemos que durante este tipo de epidemias, la falta de acceso a servicios sanitarios hace que pueda enfermar y morir más gente por otras patologías que por el virus mismo. Y eso es básicamente lo que estamos haciendo y lo que haremos en estos próximos meses.

Respecto al contexto donde trabajamos, hay que tener en cuenta que las zonas afectadas se caracterizan por inseguridad, infraestructuras débiles, gobernanza compleja, pobreza crónica, importantes movimientos de población y centros de salud sometidos a enorme presión. Y todo ello, por tanto, dificulta enormemente la vigilancia, el rastreo de contactos y el tratamiento oportuno. Además de los rumores y la desinformación, lo que precisa un abordaje comunitario de información y sensibilización, escuchar e involucrarles.

No olvidemos que en Kivu Norte, Kivu Sur e Ituri hay más de 5 millones de personas desplazadas, de las cuales el 96% fueron desplazadas por la violencia armada.

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Estamos hablando de virus del ébola, concretamente de la cepa Bundibugyo, un virus de fiebres hemorrágicas con tasas de letalidad muy altas, de entre el 25% y el 40%. Y que ya es endémico en la zona: este es el decimoséptimo brote que afronta RDC, y ya hay un caso en Uganda. Desde MSF habéis advertido que ahora mismo es imprescindible ampliar de inmediato la capacidad de realización de pruebas. ¿Qué más exigís a la comunidad internacional, y en concreto a España, para atender una crisis sanitaria de esta magnitud?

El número de organizaciones médicas especializadas que están respondiendo sobre el terreno sigue siendo demasiado limitado, y el nivel de apoyo que se está prestando -incluido el nuestro- dista mucho de lo que se necesita.

El centro de tratamiento de ébola de MSF en Munigi, Goma, RDC

La población necesita urgentemente una respuesta que esté a la altura de la magnitud de la crisis a la que se enfrenta. Para lograr un control de la situación, aunque sea solo parcial, es imprescindible ampliar de inmediato la capacidad de realización de pruebas. Y, por supuesto, acompañar ese incremento de una ampliación rápida, coordinada y adaptada de la respuesta global, con el apoyo de organizaciones médicas y humanitarias con experiencia, así como de un acceso garantizado y sostenido que permita la rápida entrada de suministros médicos y personal humanitario en las zonas afectadas.

Tras el brote de Bundibugyo de 2012, varias organizaciones, entre ellas MSF, pedimos desarrollar herramientas diagnósticas más amplias para diferentes virus causantes de la enfermedad de ébola, pero esto nunca se priorizó lo suficiente. Más de diez años después, volvemos a enfrentarnos a un brote de ébola sin herramientas diseñadas específicamente para detectarlo con rapidez.

Al mismo tiempo, los recortes de la financiación internacional —no solo procedentes de Estados Unidos, sino de varios donantes— han debilitado aún más unos sistemas de salud y de vigilancia ya frágiles en el este de RDC, mientras que el conflicto y la inseguridad continúan limitando el acceso a la atención sanitaria. Muchos programas de salud se han reducido o suspendido, y los centros de salud se enfrentan cada vez más a la escasez de medicamentos, suministros y personal.

Venimos avisando desde hace tiempo de las consecuencias de todo esto, de que unos servicios de salud debilitados y de difícil acceso reducen la capacidad para prevenir, detectar y responder rápidamente a los brotes, no solo de ébola, sino también de sarampión, cólera y otras enfermedades.

Hay que tener en cuenta que una parte muy importante del exceso de muertes durante los brotes de ébola está vinculada a una atención sanitaria insuficiente o inaccesible, por lo que mantener el apoyo a los servicios de salud habituales sigue siendo esencial.

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También ponéis mucho énfasis en la necesidad de construir una relación de cooperación y confianza con las comunidades afectadas por el virus, frente a «imponerles» desde fuera la lucha contra el ébola. ¿Podéis desarrollar este aspecto?

Este brote se está desarrollando en un contexto en el que las necesidades médicas ya son acuciantes, y ahora corremos un riesgo real de que se produzca una escalada silenciosa de otros problemas de salud críticos a los que la población se enfrenta a diario. Muchos centros de salud están desbordados, y el acceso a la atención sanitaria habitual, no relacionada con el ébola, se ve afectado, mientras que muchas personas permanecen en sus hogares, demasiado asustadas para buscar atención.

La respuesta no puede tener éxito si se impone a las comunidades en lugar de construirse con ellas. Cada aspecto de la respuesta debe basarse en un compromiso continuo con las comunidades: escuchar sus preocupaciones, abordar el miedo y la desinformación, y generar confianza para que las personas se sientan seguras al buscar atención. La confianza y la participación activa de la comunidad son esenciales para controlar la propagación de la enfermedad y salvar vidas. Y la eficacia de la respuesta dependerá, en última instancia, de si logramos explicar el trabajo que estamos haciendo de la forma más adecuada.

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MSF tiene un larguísimo historial de atención en crisis humanitarias en todo el mundo, en zonas de guerra, donde la miseria y la desigualdad tristemente forman parte del paisaje. ¿Se puede luchar cabalmente contra las enfermedades emergentes si no se ataja con la explotación y el expolio económico a los países en desarrollo, o con la destrucción del medio ambiente?

De alguna manera, siento que ya he respondido a este punto con lo que te comentaba al respecto de los recortes de la financiación internacional, a lo que obviamente hay que añadir todo lo que mencionas del espolio, la desigualdad, la pobreza y las guerras, que llevan décadas afectando a esta región.

En nuestro caso, como organización médico-humanitaria que somos, sí te puedo decir que hay una lección muy clara que hemos aprendido de los brotes anteriores de ébola: no se trata solo de dar respuesta al brote, sino que debemos trabajar, antes, durante y después del mismo, para poder garantizar el acceso a la atención sanitaria, como el tratamiento contra la malaria, la vacunación contra el sarampión y la atención sanitaria sexual y reproductiva.

Hay que recordar que el ébola no es la única emergencia de salud pública en la República Democrática del Congo. Las principales causas de mortalidad en el este del país siguen siendo enfermedades prevenibles, como la malaria y el sarampión. Por eso es importante garantizar que las personas tengan acceso a la atención sanitaria esencial cuando la necesiten.

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Tú puedes ayudar

Si quieres donar al Fondo de Emergencias de Médicos Sin Fronteras para esta crisis humanitaria puedes hacerlo en la dirección https://www.msf.es/colabora/md/dona/ebola

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