La pandemia incrementa la concentración de la riqueza

No es desigualdad, es un insoportable abismo social

No es que se reparta mal la riqueza. Es que para que un hiperselecto club de grandes emporios financieros o milmillonarios acumule una proporción cada vez mayor de la riqueza mundial, se debe desposeer al resto, a la gran mayoría de la humanidad.

El macro estudio World Inequality Lab -Laboratorio de las Desigualdades Mundiales- ha dictado sentencia: “la crisis de la covid ha exacerbado las desigualdades entre los muy ricos y el resto de la población”.

No es un fenómeno biológico, no es culpa de una nueva variante del coronavirus. Los responsables del estudio, uno de los más prestigiosos, nos dan la clave al afirmar que “la concentración de la riqueza ha alcanzado cotas extremas”.

No es que se reparta mal la riqueza. Es que para que un hiperselecto club de grandes emporios financieros o milmillonarios acumule una proporción cada vez mayor de la riqueza mundial, se debe desposeer al resto, a la gran mayoría de la humanidad.

Por eso, según el World Inequality Lab, mientras “el 10% más poderoso posee ya tres cuartas partes de todo el patrimonio mundial, la mitad de la población mundial apenas posee riqueza”.

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Números que abren un abismo

¿Qué es el capitalismo? Los números de la actual distribución de la riqueza mundial, publicados por el Laboratorio de las Desigualdades Mundiales, contesta a esta pregunta de la forma más precisa posible.

Los ingresos del 10% más rico multiplica por seis los que obtiene la mitad de la humanidad. Y esta escandalosa cifra se multiplica hasta 38 veces cuando miramos la propiedad sobre la riqueza mundial.

Mientras el selecto club del 10% más rico acumula el 76% de la riqueza global, casi toda, la mitad de la humanidad solo posee el 2%, es decir casi nada.

Lo que los números nos muestran es que el corazón del capitalismo es la acumulación, por desposesión de la mayoría, de la riqueza en manos de una ínfima minoría.

¿La pandemia ha sido una tragedia niveladora, donde todos han perdido? No. Según el Banco Mundial, los efectos de la covid-19 han sumado 100 millones más a las personas que en el mundo viven en la extrema pobreza. Mientras que el puñado de milmillonarios, el 0,001% de la población mundial, incrementaba su riqueza un 14%.

El resultado es que ha aumentado el control de una ínfima minoría sobre la riqueza mundial. Si en 2018 el 10% más rico acaparaba el 70% de la riqueza global, ahora esa cifra ha escalado hasta el 76%.

¿Y qué ha sucedido en España? El 10% más rico copa el 34,5% de los ingresos, más que la mitad de la población, que solo tiene el 21%. Y la concentración de la riqueza es todavía mayor: el 10% que está en la cúspide de la pirámide concentra el 57,6% de todo el patrimonio del país, y un 25% está en manos de una hiperélite, el 1% más rico.

En los efectos de la pandemia hay un filtro de clase. Lo reconoce el propio Banco de España, que revela cómo en los momentos más duros del confinamiento los ingresos del 10% más rico pasaron de ser cinco veces mayores que los del 10% más pobre a ser 15 veces superiores.

Las medidas del “escudo social” aprobadas por el gobierno -desde los ERTEs al Ingreso Mínimo Vital- han ayudado a la mayoría, amortiguando el daño, pero no han podido evitar que la riqueza de unos pocos aumente, ampliando el abismo que los separa del resto.

El resultado es que, mientras los grandes bancos y los monopolios del Ibex-35 van a ganar en 2021 mucho más que en 2019, antes de la pandemia, más de un cuarto de la población, en concreto un 27%, está en riesgo de pobreza o exclusión.

El World Inequality Lab documenta cómo bajo el capitalismo “la concentración de la riqueza ha alcanzado cotas extremas”

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Más millonarios, más riqueza en menos manos

Cada vez hay más millonarios en el mundo. Ni siquiera la pandemia ha detenido esta tendencia. Según el informe Global Wealth Report, elaborado por Credit Suisse Institute, en 2020 el número de millonarios en el mundo aumento en 5,2 millones, alcanzando la cifra de 56,1 millones.

Y lo mismo ha sucedido en España, a pesar de ser el país europeo que mayor descenso del PIB sufrió el pasado año. Quienes en nuestro país tienen un patrimonio mayor de un millón de euros se acrecentó, hasta alcanzar los 1,14 millones. Y las previsiones son que sigan aumentando, anticipando que en 2025 habrá 1,8 millones de millonarios en España.

La Alianza Financiera compuesta por 450 megabancos y fondos de inversión controla activos por valor de 130 billones de dólares. Con ellos se podrían pagar los salarios de los 3.134 millones de trabajadores del mundo durante casi tres años.

¿Significa esto que, en el nuevo capitalismo, la tendencia a que la riqueza se concentre en cada vez menos manos se ha revertido? De ninguna manera. Y los hechos lo demuestran.

Lo que sucede es que, al calor del desarrollo de los grandes centros del capital financiero y monopolista, un club cada vez más selecto y reducido, crece también la fortuna de quienes “trabajan para ellos”, recibiendo una pequeña parte de sus enormes beneficios.

Esta es la razón de que el número de millonarios, en el mundo y en España, aumente. Pero debemos recordar las palabras de Emilio Botín, el anterior presidente del Banco de Santander, cuando afirmaba que “en España muchos presumen de ser ricos, pero ricos de verdad solo lo somos unos pocos”. En el capitalismo no mandan las grandes fortunas, sino quien tiene la propiedad sobre el capital. Es aquí, en el capital que controlan los nódulos de las mayores burguesías del planeta, donde aparece la auténtica dimensión del insoportable abismo social a que conduce el capitalismo.

Recientemente, se ha presentado en la Cumbre del Clima de Glasgow una Alianza Financiera compuesta por 450 mega gigantes que controlan activos por valor de 130 billones de euros. Con ellos se podrían pagar los salarios de los 3.134 millones de trabajadores del mundo durante casi tres años. Más de tres mil millones de personas trabajamos para que 450 entidades acumulen toda la riqueza. Esta, más allá de la careta “verde” con que pretenden ocultarla, es la realidad del capitalismo.

Mientras el selecto club del 10% más rico acumula el 76% de la riqueza global, casi toda, la mitad de la humanidad solo posee el 2%, es decir casi nada.

El Global 2000, una lista publicada anualmente por la revista Forbes, nos dice que las mayores 2.000 corporaciones del planeta, bancos y monopolios, poseen activos por valor de 189 billones de dólares. Más del doble del PIB mundial en propiedad de sólo dos millares de grandes empresas. Equivale al PIB de todo un continente, el África subsahariana… durante 134 años.

Los 100 mayores bancos del planeta acumulan activos por valor de 90,29 billones de dólares. Multiplica por 3,34 veces el PIB de todo el Tercer Mundo, donde viven más de dos tercios de toda la población mundial.

Pero si cogemos solo los 28 bancos privados más poderosos, y los 10 bancos primeros bancos centrales en manos de las grandes potencias imperialistas, obtendremos unos activos valorados en 71,7 billones de euros. Es más del doble -2,65 veces- que el montante total de los salarios que en un año percibe toda la población activa mundial, cifrada en 3.134 millones de personas-… en manos de únicamente 38 gigantes financieros.

Esta es también la realidad que sufrimos en España. Los activos de un solo banco, el Santander, valorados en 1,51 billones, triplican los salarios que recibieron el año pasado los 19,34 millones de trabajadores españoles.

Ante la brutalidad de estos números, un economista como Joaquín Estefanía afirmaba recientemente que “la cuestión de cuánta desigualdad es aceptable en una democracia sigue vigente”. Una encuesta publicada por El País hace tres años abordaba esta cuestión clave, con una posición tajante por parte de la sociedad española: el 42,4% -porcentaje que se elevaba al 66,8% en las mujeres- consideran que el capitalismo, con su hiperconcentración de la riqueza, es incompatible con la democracia.

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