La enésima guerra de Israel contra Líbano -con el consentimiento y apoyo norteamericano- ya está aquí. Los ataques aéreos israelíes golpean sin cesar Beirut, la capital, y otras ciudades libanesas, y han causado ya cerca de 900 muertos, la gran mayoría civiles. Y todo parece indicar que en esta ocasión Netanyahu quiere anexionarse el sur del país -toda la franja por debajo del último tramo del río Litani- por la política de los hechos consumados.
Poco ha durado la tregua que puso fin a la anterior agresión israelí de Líbano. Dos años después, los libaneses vuelven a ver sus cielos surcados por misiles, su ciudades bombardeadas y sus barrios y localidades evacuados.
Desde el 2 de marzo, los ataques aéreos de Israel sobre Líbano ya han causado cerca de 900 muertos y más de 2.000 heridos. La inmensa mayoría son civiles, incluyendo 111 niños y 67 mujeres. Hay familias enteras aniquiladas en un momento por el impacto de las bombas, que murieron bajo los escombros de sus viviendas.
Entre los muertos hay también 31 sanitarios exterminados por los ataques de Israel a sus ambulancias, como el que asesinó a tres paramédicos en Kfasir, al sur de Líbano, cuando se dirigían a atender a las víctimas de un ataque previo. En este caso, Israel redobló su ya insoportable ignominia moral, y practicó en “triple strike”: bombardeó y asesinó al enterrador que preparaba en el cementerio las tumbas para los paramédicos.
A estas víctimas mortales y heridos de diversa gravedad hay que sumar un número de desplazados internos que se acerca a un millón de personas, aproximadamente una quinta parte de la población del país. Cientos de miles huyen del sur hacia Beirut, Sidón y otras ciudades del sur de Líbano, pero a su vez muchos de los habitantes de esas ciudades han abandonado forzadamente sus hogares por los bombardeos de Israel.
Como en Gaza o como en Irán, Israel no está mostrando el más mínimo reparo en atacar localidades y distritos residenciales, y ha destruido barrios enteros de la capital, Beirut, o pueblos como Bekaá, al sur del país. Ni tampoco en bombardear centros sanitarios, como el centro de salud de la aldea de Burj Qalaouiyah, que dejó 17 muertos entre médicos, enfermeros y otros trabajadores sanitarios.
Y por más que siempre justifique sus ataques en «derrotar a la milicia chií Hezbolá», tampoco tienen escrúpulos en asesinar a libaneses de otras confesiones. Tal es el caso del párroco cristiano maronita Pierre El Raii, muerto el 9 de marzo por un obús israelí mientras auxiliaba a dos ancianos en una casa bombardeada. Se ha confirmado que -de nuevo- Israel aplicó la doctrina del «doublé strike».
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La nueva invasión de Líbano ya ha comenzado
Desde el 16 de marzo, el ejército israelí lleva a cabo incursiones limitadas en el sur de Líbano contra «posiciones de Hezbolá, pero todo parece indicar una inminente invasión mucho más masiva que capture el sur del país, expulsando forzosamente a la totalidad de sus habitantes. Algo que muchos expertos temen que Israel -como la invasión de los Altos del Golán (territorio sirio), que luego acabó anexionándose Israel en 1981- acabe asimilándolo a su territorio por la vía de los hechos consumados.
Así lo piensa Haizam Amirah, director ejecutivo del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC): «En Gaza, Líbano y Cisjordania se está aplicando la ‘fórmula Netanyahu’ que consiste en conquistar territorio para la frontera de Israel con el menor número de habitantes autóctonos posibles», dijo este experto en las mañanas de La 1.
En esta nueva invasión de Líbano se repite otro patrón de guerras anteriores: el uso por parte de Israel de municiones de fósforo blanco contra la población civil. Un agente químico extremadamente incendiario que provoca gravísimas quemaduras de tercer grado contra la población civil, y cuyo uso está tajantemente prohibido por los Convenios de Ginebra y constituyen un atroz crimen de guerra.
La organización Human Rights Watch (HRW), nuevamente, ha acreditado con pruebas su uso en la actual agresión sobre Líbano (concretamente sobre núcleos de viviendas), y ya es la tercera vez que se demuestra desde el 7-O.
No es el único arma ilegal que usan las fuerzas militares israelíes. Las pruebas presentadas ante la Corte Penal Internacional también documentan que Israel utilizó bombas térmicas o de vacío en Gaza, un armamento que desintegra a todo aquel que se encuentre en su radio de alcance.

