ELECCIONES PRESIDENCIALES

México puede cambiar

El pasado domingo 1 de abril se abrió la campaña electoral de las presidenciales mexicanas: tres agotadores meses, 90 días en los que el pueblo mexicano puede acabar decidiendo un cambio de rumbo importante para toda América. La presión añadida que representa ahora mismo la política de Trump puede terminar llevando a la presidencia a la izquierda mexicana, que por dos veces se quedó a las puertas del triunfo en los últimos diez años.

A 90 días de las presidenciales mexicanas, todas las encuestas del país dan como claro favorito a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), líder histórico de la izquierda mexicana, con un 40% de la intención de voto. Sin embargo, todo es aún bastante incierto en unas elecciones que, en sus candidaturas, reflejan de una manera muy clara el desmoronamiento del viejo sistema político y partidista de México en pro de una lucha descarnada de liderazgos personales.

Tres opciones pugnan por la victoria, en unos momentos en que México es más que nunca una clave de bóveda de la política de EEUU y un posible referente para toda América.

López Obrador, dos veces candidato a la presidencia de México con el PDR (Partido de la Revolución Democrática) y dos veces derrotado primero frente a Calderón (PAN), en una elección tan reñida que se habló claramente de fraude, y después frente a Peña Nieto (PRI), por solo cinco puntos, rompió hace meses con el PRD para constituir una nueva fuerza: el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que encabeza la alianza Juntos Haremos Historia junto a los partidos Encuentro Social y del Trabajo.

El segundo hombre en liza es Ricardo Anaya, que encabeza la candidatura de Por México al Frente, una imprevisible alianza entre el PAN (el tradicional partido de la derecha, el partido de Fox y Calderón), el PRD (el tradicional partido de la izquierda, con el que AMLO aspiró a la presidencia en el pasado) y el Movimiento Ciudadano (fuertemente implantado en el Estado clave de Jalisco). Las encuestas le dan en este momento entre el 25 y el 30% de la intención de voto. Sus opciones parecen, no obstante, bastante mermadas por los conflictos internos y las disidencias: hay otra candidatura que encabeza una disidente del antiguo PAN y, por otro lado, el Movimiento Ciudadano compite con esta candidatura en el estado de Jalisco.“La política de Trump puede terminar llevando a la presidencia a la izquierda mexicana”

El tercer candidato es el hombre del PRI, Antonio Meade, el secretario de Hacienda de Peña Nieto, un cargo más técnico que ideológico, bien visto por las organizaciones empresariales pero con escaso peso en el aparato del PRI. Meade tiene que cargar con el enorme descrédito de los cinco años de Peña Nieto, un presidente que perdió muy pronto la confianza de los mexicanos y nunca la recuperó, que ha llevado al país a unos índices inauditos de corrupción y violencia (2017 fue el año con más muertes violentas de este siglo), que no supo hacer frente a Trump ni reformar el Estado, que se centró en la economía sin lograr reducir ni la pobreza ni la dependencia de EEUU. Con ese balance a las espaldas, no es extraño que Meade sea ahora mismo el menos favorito en las encuestas, aunque ello no es óbice para que muchos mexicanos, por puro fatalismo, lo sigan considerando un probable vencedor. “Puede que no gane las elecciones, pero será el presidente”, dicen sotto voce aquellos que ya conocen cómo se las gastó el PRI durante los 71 años que ejerció el poder de forma continuada y la forma en que aún domina los mecanismos electorales de México.

En este nuevo contexto político, donde las viejas siglas han perdido mucho de su valor y casi todo su significado, la clave puede volver a estar en la voluntad y la decisión del pueblo mexicano de dar un giro importante al país, sobre todo ante la amenaza que representa la política incendiaria que Trump propone llevar a cabo con México. Este hecho es tan obvio, que todos los candidatos rivalizan a estas alturas en desmarcarse de EEUU y criticar sus políticas, incluso por parte de Meade, cuyo gobierno ha brillado por su ausencia a la hora de hacer frente a Trump.

Hasta el candidato más de derechas, Anaya, lanzó en la apertura de la campaña una dura crítica a las políticas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al que hasta ahora había mantenido al margen de su campaña. Anaya reclamó mayor colaboración del vecino del norte para combatir la violencia: “A nosotros nos preocupa y nos afecta muchísimo el tráfico de armas de Estados Unidos a México, armas provenientes de los Estados Unidos con las que diariamente se asesina a gente en nuestro país”, recalcó Anaya, quien recordó: “El 80% de las armas con las cuales se asesina a gente en nuestro país provienen de Estados Unidos”. Una realidad obvia y conocida, pero que luego ningún presidente ha sido capaz de llevar a la agenda de relaciones con EEUU.

Sin duda es positivo que un candidato como Anaya diga esto, pero ¿es posible que sea algo más que electoralismo?

Quien sí ha marcado bien el terreno desde el principio ha sido AMLO, que celebró su primer mitin de la campaña en Ciudad Juárez, en la frontera entre México y Estados Unidos, donde lanzó un mensaje nítido y claro en defensa de la soberanía de México: “Vamos a exigir respeto a los mexicanos… Ni México ni su pueblo será piñata de ningún Gobierno extranjero”, dijo.

En ese primer discurso de campaña, López Obrador cargó también contra las políticas económicas desarrolladas en México en las últimas tres décadas por los gobiernos del PRI y del PAN. “El neoliberalismo ha desatado la corrupción más colosal”, dijo tras criticar las privatizaciones de diversos sectores llevados a cabo en el sexenio de Carlos Salinas (1988-1994). “En 30 años el crecimiento real de la economía mexicana ha sido cero… Un salario mínimo hace 30 años compraba 51 kilos de tortillas. Un salario hoy solo compra 6 kilos de tortilla, de ese tamaño ha sido el retroceso del pueblo frente a la política económica neoliberal”.“México es más que nunca una clave de bóveda de la política de EEUU y un posible referente para toda América”

Analistas mexicanos señalan, por primera vez, que hay una alta probabilidad de que “a la tercera vaya la vencida”, es decir, que después de dos gobiernos infructuosos y antipopulares del PAN y de la gestión desastrosa de Peña Nieto con el PRI, López Obrador podría tener por fin una mayoría clara en la elección presidencial. Sin embargo, la experiencia electoral de México obliga a rebajar bastante el optimismo sobre este pronóstico. Tampoco hay que desdeñar la fuerza del veto de EEUU a un candidato como López Obrador, a quien vinculan con el “populismo bolivariano” y presentan como “el Maduro de México”.

En todo caso, los tres meses que quedan van a poner en tensión a México como pocas veces. La sombra de Trump y sus amenazas pesan de una forma creciente sobre el electorado y pueden provocar, como rechazo, un cambio general en la política mexicana, que no dejaría de tener efecto sobre toda América.

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