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Mayores reivindicaciones y salarios más altos

Desde la apertura económica iniciada por Deng Xiaoping a finales de los 70, el enorme y constante flujo de campesinos hacia las ciudades de la costa mantuvo los salarios bajos durante décadas en China. A esto contribuyó también la represión practicada por el Partido Comunista contra cualquier brote de asociación sindical independiente. Prácticamente hasta 2008, los sueldos de las fábricas crecieron por debajo del producto interior bruto, lo que resultó un factor decisivo para convertir al país asiático en la mayor potencia industrial del planeta.

La situación, sin embargo, cambió radicalmente a partir de 2009. Hoy en día los ingresos de los obreros están creciendo más en China que prácticamente en cualquier otro lugar del mundo. Con unas subidas anuales de alrededor del 14%, los salarios de las fábricas se han duplicado desde 2008. Las razones son varias. Por un lado, la población activa ha tocado techo y ha comenzado lentamente a descender. Por otro, se ha multiplicado el número de licenciados que egresan cada año de las facultades: un 1 millón en 2000 por 7 millones el año pasado. El resultado es que el número de jóvenes que empiezan a buscar empleo en las fábricas cada año está descendiendo, lo que eleva su poder negociación frente a los patrones.

La subida de los salarios se está sintiendo con fuerza en la industria exportadora de baja tecnología y mano de obra intensiva, como la ropa o los zapatos. En el año 2005, la multinacional alemana Adidas subcontrató un 55% de su producción de zapatillas en China. En 2013 ese índice había descendido al 31%. Una evolución similar se ha vivido en Nike, que ha trasladado la mayor parte de sus contratos a Vietnam. Decenas de miles de empresas han quebrado en Dongguan y en otros centros manufactureros del país.

Los trabajadores, al mismo tiempo, han adoptado una postura más reivindicativa en los últimos años, a pesar de que los líderes sindicales siguen siendo detenidos y amedrentados por el Gobierno. «Las demandas de los obreros de Yue Yuen no son excepcionales», asegura Geoffrey Crothall, portavoz de la organización hongkonesa China Labour Bulletin. «Los trabajadores están cada vez más preocupados por el futuro, pues se están dando cuenta de que numerosas fábricas están cerrando», afirma.

La estrategia china es subir escalones en la cadena de producción mundial, creando empleos en industrias de tecnología más avanzada y mayores márgenes de beneficio mientras se van marchando las maquiladoras. «Este es un proceso natural e inevitable en un país en desarrollo, es una fase por la que han pasado antes otros lugares como Corea del Sur y Taiwán», explica Liu Wenru, el alcalde de Jinjiang (provincia de Fujian), el mayor cluster de zapato deportivo del país. «Las empresas locales están discutiendo si abrir fábricas en el Sudeste Asiático, África o Latinoamérica; nuestra idea es que las factorías más avanzadas y las funciones fundamentales del negocio, como el diseño, la gestión y el márketing, permanezcan aquí en Jinjiang», afirma.

Esta transición no es fácil en absoluto, especialmente en un momento en que la economía se está ralentizando. Los líderes comunistas saben que, si desean mantener la estabilidad social, no se pueden permitir que cierren muchas fábricas sin que nada las reemplace. A pesar de las dificultades, sin embargo, hasta ahora este proceso ha resultado exitoso. Entre 2008 y 2012, al mismo tiempo que los salarios se disparaban, las exportaciones chinas aumentaron un 64%, lo que implica que la fuga de talleres baratos se está compensando con el crecimiento de industrias de mayor valor añadido.

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