Masivas movilizaciones en todo en Brasil contra el asesinato de Marielle Franco

El asesinato político de Marielle Franco -concejala del PSOL en Río de Janeiro- con evidentes tintes de terrorismo de Estado, ha galvanizado a la izquierda social y política de Brasil, que he contestado en las calles con clamorosas y multitudinarias movilizaciones en todo el país.

En São Paulo, la avenida Paulista funciona como un barómetro de la movilización popular. Hacía años que no estaba completamente desbordada de manifestantes. Al igual que las grandes avenidas de Río, Salvador, Brasilia, Curitiba, Recife, y muchas ciudades más. Las consignas más coreadas -“Luto e luta” (luto y lucha), “Policía asesina, no nos va a hacer callar”, o “¡Presente Marielle!”- salieron de millones de gargantas.

Todo Brasil llora por la muerte de esta mujer negra, feminista y revolucionaria, que desde su puesto como concejala del PSOL (Partido Socialista y Libertad) en el Ayuntamiento de Río se había convertido en la voz de las favelas de las que ella misma procedía. Había denunciado sin descanso la actividad criminal de la Policía local, en total connivencia con las llamadas “milicias” formadas por ex policías militares, e incluso con algunos en actividad, que practican actividades mafiosas y paramilitares en unión o en competencia sangrienta con los narcotraficantes. Ahora la Policía de Río ha sido sustituida por orden de Temer por la Policía Militar -un cuerpo nunca depurado después de la dictadura, que duró hasta el 85- cuyas violentas operaciones han multiplicado las muertes por “falsos positivos”.

El asesinato de Marielle Franco tiene el inequívoco hedor -de lejos- de las cloacas de Estado. Fue una brutal ejecución apenas a 700 metros de una comisaría, en el centro de Río, parando su taxi y acribillándola con cuatro balazos calibre 9 milímetros, generalmente usados por agentes policiales o militares. Las pesquisas han determinado que las balas forman parte de un lote adquirido por la policía federal en diciembre de 2006, y que son del mismo lote que las utilizadas en São Paulo en 2015, en una masacre perpetrada en Baruerí y Osasco por policías militares. Obscenamente claro.

El crimen ha unido como un puño a una izquierda carioca que -tras el impeachment golpista que desalojó a Dilma Rousseff de Planalto e instaló el ilegítimo gobierno de Michel Temer- se ha galvanizado y ha recuperado el pulso de la movilización, con grandes huelgas y protestas. Pero el luto combatiente por Marielle Franco ha ido más allá, desbordando ese espectro ideológico, y uniendo en la indignación a las clases más pobres -de las que ella era abanderada- pero también a amplios sectores medios y acomodados.

Muchos se han levantado ya contra el empobrecimiento y los brutales ataques de Temer contra las condiciones de vida de las clases más trabajadoras y humildes. Ahora otros empiezan a movilizarse porque han notado los aires putrefactos que emanan de las cloacas estatales. Vapores tóxicos que acaban con la libertad, que conllevan detenciones arbitrarias, ejecuciones y torturas. Efluvios que algunos ilusos creían haber enterrado en el 85. Por eso, millones de gargantas gritan: “No acabó, tiene que acabar, quiero el fin de la policía militar”.

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