Maniobras de poder de Google en China

«La administración estadounidense está utilizando la tecnologí­a innovadora para inclinar a su favor el equilibrio global de fuerzas polí­ticas, promover valores occidentales y reforzar la dominación occidental en estas nuevas fronteras. En la era en que la ciber-tecnologí­a supera las fronteras fí­sicas de un paí­s, el pensamiento estratégico se extiende para salvaguardar las fronteras electrónicas también».

Alabados or el Secretario de Defensa des EE.UU. Robert Gates como “enormes activos estratégicos”, los medios informáticos y la ciber-tecnología han sido eficaces y cruciales en la aplicación de la doctrina del “poder inteligente”. Incluso se ha designado a un “ciber-comandante” para la defensa de la Red y la seguridad en línea, luego que Barack Obama asumiera la presidencia hace un año. Estos progresos son un desafío para China, como lo son para cualquier nación. Al igual que EEUU, China necesita de la fuerza y el poder de la tecnología (DIARIO DEL PUEBLO) PÁGINA 12.- De tanto creerse un país de la OCDE, distanciado de América latina, el “tigre latinoamericano”, Chile hizo ganador a un Berlusconi. Ese es el molde de Sebastián Piñera, quien fue electo presidente de Chile posibilitando la vuelta de la derecha al gobierno –luego de tener ocupado el poder por la fuerza durante la dictadura militar de 1973 a 1990–. Después de que la dictadura representara los intereses de la derecha y de los Estados Unidos en la región, el neoliberalismo proyectó otro tipo de líder de la derecha: un empresario supuestamente buen sucesor China. Diario del Pueblo Factores que llevaron a la amenaza de la retirada de Google Cuando la tecnología de Internet se convierte en un instrumento político, la fuerza de alta tecnología se transforma en “poder inteligente.” Para China, el reto real que plantea la amenaza de Google de retirarse no estriba tanto en su salida en sí como en su maniobra de poder. El gigante de la tecnología ha hecho de su supervivencia en China un tema político. Con el potencial de mercado de China y su economía floreciente, ninguna de las casi 700.000 empresas extranjeras en el país puede permitirse esgrimir una amenaza, como ha hecho Google, de empacar e irse. La razón es simple: La competencia se aseguraría de que cualquier espacio desocupado sea ocupado rápidamente por otros. Ahora Google, como potencia tecnológica de la Nueva Economía, se considera a sí misma como irreemplazable para millones de usuarios. Y en consecuencia intentó demostrar que es una excepción a las reglas que se aplican a tantas industrias de menor pujanza. A pesar de la sobrestimación de Google sobre su propio valor, no hay modo de negar que la misma mantiene una posición competitiva particular en su condición de principal motor de búsqueda mundial. Por medio de avances tecnológicos e innovaciones creativas, Google ha proporcionado gran conveniencia a los usuarios chinos y se ha ganado una enorme cuota de mercado. No hay que negar tampoco que la administración estadounidense está utilizando la tecnología innovadora para inclinar a su favor el equilibrio global de fuerzas políticas, promover valores occidentales y reforzar la dominación occidental en estas nuevas fronteras. En la era en que la ciber-tecnología supera las fronteras físicas de un país, el pensamiento estratégico se extiende para salvaguardar las fronteras electrónicas también. Alabados por el Secretario de Defensa des EE.UU. Robert Gates como “enormes activos estratégicos”, los medios informáticos y la ciber-tecnología han sido eficaces y cruciales en la aplicación de la doctrina del “poder inteligente”. Incluso se ha designado a un “ciber-comandante” para la defensa de la Red y la seguridad en línea, luego que Barack Obama asumiera la presidencia hace un año. Estos progresos son un desafío para China, como lo son para cualquier nación. Al igual que EE.UU., China necesita de la fuerza y el poder de la tecnología. Se precisa desarrollar la misma a través de la innovación, así como por medio de instrumentos institucionales, tales como Baidu. Sin la presencia y renombre de estos instrumentos, Google habría disfrutado de una base mucho más amplia en China. Y el vacío en caso de su salida sería mucho mayor. Está claro ahora que compañías como Google no son simples empresas. Las mismas desempeñan un papel en el terreno de la seguridad, en el juego del poder, la política internacional y la diplomacia. Es esencial que China asimile este aspecto en la amenaza de salida de Google y promueva el alcance, acceso, potencial innovador, perspectivas tecnológicas y ciber-capacidad de las compañías nacionales. En momentos en que China consolida su papel de actor importante en el panorama global, la política de Google ha expuesto las áreas de debilidad chinas. Google puede irse o quedarse, pero lo inadmisible es que sobrevivan estas áreas de debilidad. Los riesgos que se derivan de esta situación tienen ramificaciones que atañen a la seguridad, la diplomacia y la política, y que no pueden soslayarse. Es preciso minimizar las incertidumbres tecnológicas, a la vez que se consolida la innovación y se mejora la posición competitiva de las compañías locales de Internet, concebidas todas como una prioridad del interés nacional de China. DIARIO DEL PUEBLO. 20-1-2010 Argentina. Página 12 El Berlusconi chileno Emir Sader De tanto creerse un país de la OCDE, distanciado de América latina, el “tigre latinoamericano”, Chile hizo ganador a un Berlusconi. Ese es el molde de Sebastián Piñera, quien fue electo presidente de Chile posibilitando la vuelta de la derecha al gobierno –luego de tener ocupado el poder por la fuerza durante la dictadura militar de 1973 a 1990–. Después de que la dictadura representara los intereses de la derecha y de los Estados Unidos en la región, el neoliberalismo proyectó otro tipo de líder de la derecha: un empresario supuestamente buen sucesor. Roberto Campos, entre otros, ya decía que el Estado y las empresas estatales deberían funcionar con el mismo criterio de las privadas: en busca de una chequera o el criterio de costo-beneficio, de la competitividad. Las empresas estatales deficitarias deberían ser cerradas o privatizadas –-junto con las rentables también, ya que no competiría el Estado en esa función–. Berlusconi fue electo y reelecto entre otras imágenes por la siguiente: un empresario rico y supuestamente buen sucesor para Italia. “Si es bueno para dirigir sus empresas, es bueno para dirigir el país” conforme a la prescripción liberal. “Va a pasar en limpio al Estado”, “Va a cortar los gastos inútiles” (esto es, los que no son rentables económicamente). Si el Estado funciona conforme al costo-beneficio significa cortar los recursos para las políticas sociales, el pago a los funcionarios públicos, la inversión en infraestructura. De ahí a la venta del Estado, a las privatizaciones, a la mercantilización de las relaciones laborales. El empresario exitoso en el mercado sería el mejor agente que “pase en limpio” al Estado. En Chile, José Piñera, hermano y socio del electo presidente de Chile, fue quien introdujo las malditas “reformas laborales” en dos ejes: salarial y de sobreexplotación laboral, como otras forma de transferencia de los recursos para los grandes empresarios. El Grupo Piñera se hizo conocido en Chile como el que más hizo por la introducción de la tarjeta de crédito en ese país, a pesar de que el grueso de sus esfuerzos estuvieron concentrados en la expansión de Lan Chile, de la filial Lan Perú y la compra de otras empresas latinoamericanas de aviación. Para asemejarse más a Berlusconi, Piñera compró el club Colo Colo sin ser simpatizante, como quien compra una fábrica de empanadas. Piñera no esconde sus afinidades con el presidente colombiano Uribe, con quien tratará de concretar dos objetivos: aislar a Ecuador y presentar a Chile junto a Perú como polo ortodoxo neoliberal, intensificando las relaciones de libre comercio con Estados Unidos. Mal sabe él que los tiempos del auge del neoliberalismo quedaron atrás, que aventurarse por ese camino es dejar a la economía chilena más vulnerable ante dos efectos continuos de crisis internacional, aun para un país que tiene un TLC con EE.UU. La derrota es mucho más dolorosa para el pueblo chileno. Incluso si no ubicáramos a los gobiernos de la Concertación en el bloque progresista en la región –porque privilegiaron un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y mantuvieron una política económica ortodoxa– toda la izquierda salió perdedora. Porque, a pesar de las debilidades de los gobiernos de la Concertación –reflejadas ahora en el voto mayoritario a la derecha, que incorporó a amplios sectores populares– la izquierda no supo construir en las dos décadas de democracia una alternativa antineoliberal en Chile. El pueblo chileno pagará caro ese error de la izquierda, que ahora tiene, al menos, la posibilidad de cuestionar el modelo heredado del pinochetismo. Los momentos de balance de las derrotas como ésta se prestan para las divisiones, para los oportunismos, para los radicalismos verbales. La izquierda chilena puede mirar a América latina para ver distintas expresiones de gobiernos populares y de bloques sociales y políticos que llevan a cabo esos gobiernos, como referencia, para que Chile vuelva a asumir ese lugar en el proceso de integración regional y de construcción de alternativas efectivamente de izquierda, en las arenas de Allende, Neruda y Miguel Enríquez. PÁGINA 12. 20-1-2010

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