Hay quien dice que las guerras no las gana nadie, que su estela de muertos, de destrucción y de dolor nos impacta a todos. Pero esta afirmación pacifista y bienintencionada no refleja la realidad.
En todo conflicto bélico hay agresores y agredidos, opresores y oprimidos. Millones de personas sufren las consecuencias, tantas veces irreparables. Pero un pequeño, pequeñísimo número de personas, una reducidísima élite… sale escandalosamente beneficiada.
Así ha ocurrido con la escalada bélica que EEUU e Israel iniciaron el pasado 28 de febrero al atacar -sin previa provocación y en medio de unas negociaciones- a Irán, y desatando un incendio en todo Oriente Medio que acabó afectando a todos los países de la región y a la economía mundial.
Según el último informe de la ING Oxfam, los milmillonarios del sector de la energía de las principales potencias del mundo (EEUU y sus aliados del G7) han ganado 300 millones de dólares ¡diarios» desde el inicio de la guerra de Irán.
Un obsceno maná de beneficios empapado con la sangre y el dolor de cientos de miles de inocentes.
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«Debajo de las multiplicaciones / hay una gota de sangre de pato / Debajo de las divisiones / hay una gota de sangre de marinero / Debajo de las sumas, un río de sangre tierna». Estos versos de Federico García Lorca en Poeta en Nueva York vuelven a revelarse tan trágicos como certeros con la reciente guerra en Oriente Medio.
Una media de 301 millones de dólares cada uno de los más de 100 días que ha durado la guerra de EEUU contra Irán, junto a la escalada bélica en Oriente Próximo, que aún persiste con la invasión israelí de Líbano.
Esto es lo que se embolsaron los grandes ejecutivos de los gigantes de la energía y el petróleo de los países occidentales, con los monopolios de EEUU a la cabeza. Así lo revela el último estudio realizado por Oxfam, titulado ‘Ending Impunity and Inequality’ (Acabar con la impunidad y la desigualdad) que ha sido publicado coincidiendo con la última cita de los líderes del G7 (EEUU junto a Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y Reino Unido) celebrada en la localidad francesa de Évian y a la que Donald Trump acudió tarde y diciendo al entrar «I am the boss» (soy el jefe).
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Beneficios manchados de sangre

«El vertiginoso aumento de los precios de la energía y los alimentos está devastando a los hogares de todo el mundo, en particular a los de los países de ingresos bajos y medios, que ya se han visto afectados por años de turbulencias económicas, crisis de deuda y crisis climáticas», dice Oxfam.
Usted mismo ha sufrido estos últimos meses las consecuencias del cierre del Estrecho de Ormuz al ir a poner gasolina, al pagar la factura de la luz, o al comprobar la subida de los precios de los alimentos en la caja del supermercado.
Pero lo que es guerra, muerte y destrucción para millones de personas en Oriente Medio, y empobrecimiento y crisis para la inmensa mayoría de la población mundial, es un inmenso botín de beneficios extra para un pequeño puñado de mega-millonarios, dueños de petroleras, gasísticas o empresas energéticas.
En concreto, el análisis de Oxfam dice que 41 multimillonarios del sector energético del G7 han incrementado su fortuna en 23.500 millones de dólares desde que empezó el incendio de la región, provocado por los ataques aéreos de Washington y Tel Aviv. Esto equivale a unos 1.000 dólares en un abrir y cerrar de ojos. Todo ello en un contexto donde llevan muchos años batiendo récords de ganancias. Los multimillonarios de todo el mundo han ganado 9,8 billones de dólares desde 2020.

Al mismo tiempo, dice el informe, «se prevé que las ganancias de seis grandes petroleras se disparen un 80 % (68 mil millones de dólares) con respecto a las previsiones de antes de la guerra. Se espera que sus ganancias alcancen los 152 mil millones de dólares en 2026, lo que equivale a 416 millones de dólares diarios. Este auge se extiende a otros sectores: se prevé que tres de las principales empresas de fertilizantes del mundo vean aumentar sus ganancias un 23 % (928 millones de dólares) en comparación con las estimaciones previas a la guerra. En general, se espera que las ganancias combinadas de algunas de las mayores corporaciones con sede en los países del G7 superen las proyecciones previas a la guerra en un promedio de 413 millones de dólares».
¿Cómo y por qué han ganado tanto? Sencillo: con un precio del petróleo por encima de 100 dólares el barril. Todo el crudo que no podía salir por el estrecho de Ormuz (por donde en condiciones normales transita una quinta parte del tráfico mundial de hidrocarburos) ha sido suplido, a un precio escandalosamente alto, por las petroleras occidentales, desde otras fuentes.
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¿Quién es jefe de los ladrones?
I am the boss!

En este obsceno proceso, hay un ganador por encima de todos los demás: EEUU y sus grandes corporaciones energéticas. «Soy el jefe» del G7, dijo Donald Trump al entrar en la reunión. Y tiene razón, la clase dominante norteamericana lidera esta banda de atracadores, y se lleva la mejor parte.
EEUU se ha consolidado como el mayor exportador y productor de petróleo del mundo, alterando un orden dominado durante décadas por Rusia y Arabia Saudí. Gracias al auge del petróleo de esquisto (shale) -obtenido a través de métodos tan contaminantes como la fractura hidráulica (fracking)- EEUU ha alcanzado volúmenes de exportación récord (de hasta 10,5 millones de barriles diarios) de crudo y combustible. Una hegemonía petrolífera ampliada tras la intervención militar en Venezuela de primeros de año, que ha permitido a petroleras yanquis como Chevron adueñarse aún más del crudo de este país caribeño.
Este fortalecimiento norteamericano en el mercado del petróleo ha reducido la capacidad de fijación de precios de la OPEP -que además ha sufrido una fractura con la marcha de Emiratos Árabes de la organización- y ha alterado profundamente las reglas -y los precios- del comercio energético global… siempre a favor de los gigantes de Wall Street.
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Los estragos de la guerra en Oriente Medio
Los ríos de sangre tierna
Detrás de los indecentes beneficios de estos señores de la energía y la guerra bulle un río de sangre tierna, la de cientos de miles de civiles inocentes masacrados en los ataques de EEUU e Israel sobre Irán, Líbano o Palestina

Las estimaciones de muertes totales en Oriente Medio desde el 28 de febrero oscilan entre las 7.000 y las más de 10.000 muertes, principalmente civiles alcanzados por los ataques aéreos sobre poblaciones. A ellos hay que sumarle decenas de miles de heridos y más de un millón de desplazados internos.
En Irán los muertos reconocidos por las autoridades ascienden a 3.468 y los heridos superan los 26.500. En Líbano las víctimas mortales de los ataques de Israel superan los 3.760, y los heridos son más de 11.600.
En Irán, los ataques aéreos -más de 15.000 sólo los primeros días- se concentraron en las semanas iniciales. Todos los expertos coinciden en que fue una de las campañas aéreas más intensas de la historia reciente, la mayoría sobre áreas densamente pobladas.
Los análisis satelitales cifran en 7.645 los edificios civiles iraníes -escuelas, hospitales, bloques de viviendas, plazas públicas, infraestructuras civiles, etc…- alcanzados por los ataques norteamericanos e israelíes hasta el mes de abril. Entre ellos está la escuela infantil de Minab, donde un misil Tomahawk lanzado por EEUU asesinó a más de 170 niñas en un instante.
Los ataques y la invasión terrestre de Israel sobre Líbano se han convertido paulatinamente en el principal y más devastador escenario de esta escalada. Las cinco divisiones invasoras del ejército de Israel han ocupado toda una enorme franja de tierra de más de 59.000 hectáreas por debajo del rio Litani, lo que equivale a cerca del 20% del territorio libanés. Las tropas han aplicado una táctica de tierra quemada, destruyendo a conciencia -con explosivos o bulldozers- más de 62.000 hogares en miles de pueblos y aldeas del sur de Líbano, así como en los bombardeos sobre escuelas, hospitales, puentes, barrios residenciales de Beirut y otras ciudades del sur del país como Nabatieh o Tiro.

