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Los mercados diseñan ya una Eurozona sin Chipre y con dos monedas

¿Tiene Chipre un futuro razonable fuera del euro? Nadie conoce la respuesta, pero lo cierto es que lo que antes se consideraba tan sólo una amenaza, ahora comienza a tener visos de realidad si fracasan los planes de restructuración del sistema financiero chipriota. Y no solamente en el ámbito académico: también en términos reales. El mito de la ‘irreversibilidad’ del euro vuelve a estar sobre la mesa, como hace ahora diez meses, cuando algunos dirigentes de la UE hablaron ya sin tapujos de una posible salida de Grecia de la moneda única.

En palabras de Reuters, el desordenado acuerdo para rescatar a Chipre ha evitado la última amenaza de ruptura de la zona euro, pero con el coste de plantear “nuevos interrogantes sobre la viabilidad a largo plazo de la moneda”. Interrogantes que, en todo caso, no ponen en cuestión el futuro del euro, toda vez que Chipre no tiene carácter sistémico.

En todo caso, los mercados comienzan a descontar esta posibilidad. Y fruto de ello es que está comenzando a circular un trabajo galardonado con el último premio Wolfson –el segundo de mayor prestigio entre los economistas tras el Nobel- que propone la introducción de una nueva moneda con paridad uno a uno respecto del euro que sustituiría a la actual, y que funcionaría en los países que, de forma voluntaria o forzados por las circunstancias, tuvieran que abandonar la moneda única.

Una realidad que en absoluto quiere la UE por el efecto contagio que podría causar, en particular en algunos países sometidos a duros procesos de ajuste. El trabajo lleva la firma de un equipo de economistas de Capital Economics liderado por Roger Bootle, y con él se pretendía responder a la siguiente pregunta: “¿Cuál es el mejor camino para un país que abandone el euro?”

Un durísimo ajuste

El trabajo sugiere que, junto al mantenimiento de la paridad de salida (la nueva moneda se iría depreciando con el tiempo), se mantuviera la relación uno a uno (como se hizo en la extinta RDA respecto del marco de la Alemania Occidental) para los salarios, los precios, los préstamos y los depósitos. Mientras que, en paralelo, el euro seguiría siendo utilizado en las pequeñas transacciones durante seis meses. Al mismo tiempo, el país saliente debería anunciar un objetivo de inflación y la adopción de metas fiscales estrictas controladas por expertos independientes. Igualmente, se prohibiría indexar los salarios a la inflación, aunque, por el contrario, los bonos del Gobierno estarían vinculados al coste de la vida para captar inversión extranjera. La nueva moneda exigiría una reestructuración de la deuda soberana, ahora denominada en euros.

La hipotética salida, en todo caso, marcaría un antes y un después de incalculables consecuencias. Entre otras cosas, debido a que un informe elaborado en su día por el Banco Central Europeo (BCE) determinó que una salida del euro obligaría a abandonar la Unión Europea. Eso sería lo mismo que devolver al país afectado a su pasado más oscuro sin el paraguas de la institución europea. Lo cierto, sin embargo, es que buena parte de la opinión pública chipriota contempla esta posibilidad. Hasta el jefe de la poderosa Iglesia ortodoxa de Chipre, el arzobispo Chrysostomos, manifestó la semana pasada que es favorable a una salida a plazos de la zona euro.

El trabajo premiado no habla de forma específica del caso de Chipre, pero como asegura la última nota de Capital Economics, el acuerdo in extremis con las autoridades de Nicosia ha evitado el desastre, pero no ha despejado las dudas sobre el futuro del euro con 17 miembros. Chipre se va enfrentar de forma inmediata a un doble problema: la retirada masiva de capitales (principalmente de origen ruso) y a un durísimo ajuste fiscal que llevará al país a una profunda recesión. En este sentido, se recuerda el caso de Islandia, donde tras la fuga de capitales derivada de la quiebra del sistema financiero, su PIB se redujo un 12% en los dos años siguientes (después de haber caído un 2,4% en 2012).

Pero Islandia tenía una ventaja: podía devaluar su moneda, lo que ha permitido al país recuperar la senda del crecimiento. Sin embargo, este no es el caso de Chipre, que no puede hacer nada para depreciar el valor del euro ni para rebajar los tipos de interés, como hizo Islandia. De ahí que muchos analistas consideren que la única salida que tiene la isla es abandonar la moneda única de forma ordenada.

Por el momento, el ‘efecto contagio’ en los países periféricos del sur de Europa se ha detenido porque sigue viva la amenaza del BCE de intervenir en los mercados secundarios de forma ilimitada en el marco del programa OMT. Es decir, sin restricciones, lo que desanima entrar en operaciones especulativas. Y, de hecho, la prima de riesgo española se mantiene en el entorno de los 350-360 puntos básicos. “Lo que hicimos anoche [por la madrugada del lunes] es lo que yo llamo contener los riesgos”, declaró el ministro de Finanzas holandés Jeroen Dijsselbloem en un entrevista con Reuters.

Hay otras fórmulas. El economista Ashoka Mody, exresponsable de la misión del FMI que analiza las cuentas de Alemania e Irlanda, ha recordado que Lee Buchheit, el veterano experto en deuda soberana que debería haber participado en las negociaciones con Chipre, y Mitu Gulati, de la Universidad Duke, han propuesto una “elegante reestructuración” de los 15.000 millones de euros de deuda soberana, que reduciría instantáneamente la presión financiera que padece el país. Como sostiene Mody, el problema de Chipre no es nuevo, y ya en este informe del FMI publicado en julio de 2009 se advertía de las debilidades del sistema financiero chipriota.

Unas debilidades que tienen ya consecuencias. Sarah Carlson, analista de Moody’s para Grecia y el área oriental del Mediterráneo, aseguró este lunes que la crisis financiera en Chipre “tendrá profundas consecuencias negativas a largo plazo para el rating soberano”, y que “incluso en el mejor de los casos”, cuando el Parlamento chipriota apruebe y ponga en práctica las medidas pactadas con la troika, “la deuda soberana seguirá corriendo riesgo de impago”, al igual que “una salida de la zona euro”. En esta línea, el presidente del Comité de Finanzas del parlamento chipriota, Nicholas Papadopoulos, aseguró que “debemos evaluar los beneficios de la salida del euro”.

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