Barbara Retana, médica en las movilizaciones por el Estatuto Médico

“Los médicos cuidamos a los pacientes mientras enfermamos nosotros. Así no podemos seguir”

El 9 de diciembre, más de 100.000 médicos en toda España se lanzaron una huelga de cuatro días en protesta por el nuevo Estatuto Marco del Sistema Nacional de Salud (SNS). Una norma que consideran que perpetúa sus cada vez más insoportables condiciones de trabajo, con guardias maratonianas y precariedad. Hablamos con una de las protagonistas de esta gran movilización de la profesión médica.

A mitad de diciembre hemos asistido a unas movilizaciones masivas de los médicos de toda España en defensa de sus condiciones de vida y de trabajo, donde miles de profesionales se han movilizado contra el proyecto de Estatuto Marco, al considerar que perpetúa una situación insostenible de precariedad y temporalidad, con guardias maratonianas y mal pagadas, que dificulta o hace imposible la conciliación familiar.

A pesar de la contundencia de las protestas, los sindicatos médicos se han levantado de la mesa de negociación antes las condiciones que se proponen el Ministerio de Sanidad.

Hablamos con la Doctora Barbara Retana, médica de urgencias del Hospital General Universitario Gregorio Marañón.

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En las últimas semanas hemos visto a miles de médicos movilizarse contra el proyecto de Estatuto Marco impulsado por el Ministerio de Sanidad, al considerar que no responde a la realidad del trabajo de los facultativos; desde tu experiencia personal y profesional en Madrid como médica de urgencias, ¿qué te llevó a sumarte a estas protestas y qué aspectos del Estatuto consideras más lesivos?

Los médicos somos la única categoría sanitaria que trabaja sin límite de horas, porque aparte de la jornada ordinaria tenemos una jornada complementaria que son nuestras guardias (17 horas los días de diario que se suman a las 7 horas de mañana, y 24 horas los fines de semana y festivos) y que además se pagan por debajo de la hora ordinaria y son obligatorias. Algunas semanas trabajamos 60-70 horas, lo que va en contra de nuestra seguridad y la de nuestros pacientes, de la conciliación y genera numerosos problemas de salud asociados a los trabajos con turnos nocturnos y guardias.

Se ha demostrado que esta forma de trabajar aumenta un 40% el riesgo de enfermedades cardiovasculares, un 23% el riesgo de cáncer, en el caso de cáncer de mama el riesgo está aumentado en un 33% (yo misma he tenido uno hace dos años), se sabe que más del 80% de los profesionales tiene alteraciones del sueño, seis veces más probabilidades de divorcio, cinco años menos de esperanza de vida…

Somos un colectivo muy complaciente por la vocación y por nuestros pacientes, por ello nos cuesta mucho movilizarnos, aguantando unas condiciones laborales que serían impensables en cualquier otro sector. Por ello somos uno de los sectores profesionales con mayor índice de consumo de tóxicos, ansiedad (la presentaban el 46% de los médicos en un estudio de 2022), depresión (37%) y tasas de suicidio casi el doble que en la población general, y muy por encima de otras profesiones.

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Una de las críticas más repetidas por parte de los sindicatos médicos es que el Ministerio ha mantenido una negociación que muchos califican de poco transparente y sin voluntad real de acuerdo; ¿cómo valoras tú el proceso de diálogo con el Ministerio y crees que se ha escuchado de verdad a quienes estáis en primera línea asistencial?

El sector médico supone el 20% de la masa salarial de todos los profesionales de la salud, pero no tenemos representatividad a pesar de ser asalariados exactamente igual que el resto de categorías. Quienes están en la mesa de negociación no son tan sensibles a nuestra situación, por lo tanto, nadie habla de nuestras condiciones laborales y no entran en sus reivindicaciones.

Cuando se ha intentado dialogar a través de organizaciones médicas (que no forman parte de los sindicatos mayoritarios que están negociando el nuevo Estatuto Marco) se ha interpretado como una traición, pero nos ha sido imposible transmitir nuestras reivindicaciones de otra manera.

Estas mismas reivindicaciones, por cierto, son las mismas que tenía la ministra Mónica García cuando ejercía como médica de la sanidad pública.

La sanidad pública se está rompiendo desde dentro”

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Entre las principales reivindicaciones están las jornadas interminables, las guardias mal remuneradas y la dificultad para conciliar la vida laboral y personal; ¿cómo afectan estas condiciones a tu día a día como sanitaria y qué consecuencias tienen, a tu juicio, sobre la calidad de la atención que recibe la población?

Como médica de urgencias, cada día tengo la sensación de que no le doy a mis pacientes la atención que se merece, porque en las condiciones actuales no es posible, lo que supone que sé que no estoy llegando a desarrollar todo mi potencial como profesional, mientras mis condiciones de trabajo tampoco me permiten conciliar y dedicar el tiempo que quiero a mi familia, y desde luego, no con la disposición que debería. Con las guardias y turnos de noche es inevitable estar cansada e irritable.

Estoy rodeada de profesionales que están medicados y en seguimiento por los servicios de apoyo psicológico para profesionales. Esta situación no se suele verbalizar, los médicos lo consideramos una debilidad, solemos venir enfermos a trabajar por los pacientes y por no sobrecargar a los compañeros.

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Las huelgas en sanidad suelen ir acompañadas de debates sobre los servicios mínimos y el impacto en los pacientes, pero también visibilizan el deterioro estructural del sistema público; ¿cómo vives tú esa tensión entre el deber profesional y la necesidad de movilizarse para defender derechos básicos?

Es muy difícil movilizar a los médicos, porque sabemos que quien lo paga es el paciente (aunque sea a corto plazo), y por ello han ido empeorando nuestras condiciones laborales, hemos ido tragando, lo que a largo plazo ha llevado a empeorar la atención a los pacientes.

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Además, todos somos pacientes, los médicos y nuestros familiares también, y creo que ver el deterioro tanto en nuestras condiciones como en la atención al paciente, y la falta de otras vías de negociación nos ha llevado a la situación actual en la que la huelga es la único que nos queda.

Guardias obligatorias, mal pagadas y sin fin… porque siempre se justifican con ‘necesidades del servicio’”

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En este conflicto también ha surgido el debate sobre la relación entre las reivindicaciones médicas y las del resto del personal sanitario, como enfermería o técnicos; ¿crees que es posible articular una lucha común de todo el sector para fortalecer la sanidad pública frente a los recortes y la privatización?

Nosotros hemos sido los primeros en salir a la calle a defender la sanidad pública en 2012, por cierto, liderados por la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (AFEM), cuya principal representante era la actual ministra de sanidad, Mónica García. Seguimos dispuestos a ello.

Somos trabajadores asalariados exactamente igual que el resto de categorías profesionales de la sanidad pública, pero tenemos una responsabilidad muy grande y unas condiciones laborales muy penosas, con jornadas interminables y que no tienen fin, porque siempre se justifican con “necesidades del servicio”.

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En muchas movilizaciones se ha visto el apoyo de pacientes y colectivos sociales que entienden que esta lucha no es solo laboral, sino también en defensa de un derecho básico; ¿qué importancia tiene para vosotras ese respaldo ciudadano y cómo crees que puede influir en el rumbo del conflicto?

El respaldo ciudadano es importantísimo, por eso es fundamental que la población entienda nuestra situación. Cuando explicamos nuestras condiciones laborales, a la mayoría les parece difícil de entender cómo hemos aguantado tanto, y como pacientes (que al final somos todos), son los principales interesados en que los profesionales estemos en las mejores condiciones para atenderlos. Como sociedad es necesario cuidar a quienes cuidan.

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