LO QUE NUNCA NOS CUENTAN

Las transformaciones revolucionarias en la España republicana

A.LOZANO

La respuesta de las masas populares al golpe fascista va a permitir, entre 1936 y 1939, desarrollar todas las transformaciones revolucionarias anheladas por el pueblo al instaurar la IIª República, frente a la furibunda reacción de la oligarquía española y a un cerco conjunto de todas las potencias imperialistas.

El golpe militar del 18 de julio de 1936 está impulsado por los principales nódulos oligárquicos que se dedican a prepararlo inmediatamente después del triunfo del Frente Popular, está amparado por las potencias nazifascistas de Alemania e Italia, y financiado desde la “democrática” City londinense. 

Está diseñado, como los pronunciamientos del siglo XIX, para triunfar en unos pocos días o semanas. Pero España ya no es el mismo país que antes. La fuerza del movimiento obrero y los partidos revolucionarios, y la actuación del pueblo, encabezado por la clase obrera, da un drástico giro a la situación.

Nada más conocerse las primeras noticias del golpe, y ante la inacción de las autoridades republicanas, la clase obrera y el pueblo se lanza heroicamente a la lucha. Desde el asalto al Cuartel de la Montaña en Madrid al cerco del Castillo de Montjuic en Barcelona, la rápida, heroica y contundente respuesta de los trabajadores, exigiendo armas al gobierno, pero lanzándose incluso sin ellas contra los golpistas, es el factor decisivo que hace fracasar un alzamiento diseñado originalmente para tomar el poder en pocos días. Solo la intervención de Berlín y Roma impiden que el alzamiento sea barrido por el empuje popular, transformándose en una guerra prolongada.

El fracaso del golpe, y sobre todo la forma en que ha sucedido, impone un cambio trascendental: en la España republicana es el proletariado quien en los hechos ostenta el poder. Toda la sociedad reconoce, porque así ha quedado demostrado, que a la  clase obrera le corresponde el papel principal y dirigente de la lucha contra el fascismo. Todas las organizaciones obreras están armadas, y constituyen el verdadero poder que al mismo tiempo que dirige la resistencia contra el fascismo, toma en los hechos la dirección y la organización militar, política, económica y social del país. En las fábricas, en el frente, en las instituciones… en todas partes, a pesar de mantenerse el gobierno republicano bajo la forma parlamentaria burguesa, son las milicias obreras quienes imponen las condiciones.

Inmediatamente comienzan las transformaciones revolucionarias en la zona republicana: nacionalización de la banca, reforma agraria, control obrero de la producción en la gran industria, nuevos tribunales populares de justicia, plena igualdad para la mujer, extensión de la instrucción a todos los sectores populares, jóvenes o mayores, milicias populares armadas, formación de comités revolucionarios como órganos del nuevo poder popular para reprimir a los contrarrevolucionarios, dar satisfacción a las demandas fundamentales del pueblo y acometer las transformaciones que las masas habían demandado con la victoria republicana del 14 de abril, y que  los 5 años de dirección de la pequeña y mediana burguesía habían impedido hacer realidad. 

Esta es la línea impulsada conscientemente por las organizaciones revolucionarias. En diciembre de 1936, el Comité Central del PCE, en el documento “Las ocho condiciones de la victoria”, exige el control obrero sobre la producción, actuando de acuerdo con el plan trazado por el Consejo Coordinador; el fomento de la producción agrícola, de acuerdo con los representantes de las organizaciones campesinas, partidos y organizaciones del Frente Popular; o la nacionalización y  reorganización de las industrias básicas.

El embajador británico es plenamente consciente de ello, y así se lo comunica a Londres: “De un lado están actuando las fuerzas militares y de otro se les opone un Soviet virtual (…) si el gobierno triunfa y aplasta la rebelión militar, España se precipitará en el caos de alguna forma de bolchevismo”. 

La paralización del golpe del 18 de julio por la movilización popular, el creciente protagonismo de la clase obrera, y de un PCE que multiplica sus fuerzas y su influencia, es no sólo una amenaza para la oligarquía, sino también, y sobre todo, para las potencias imperialistas dominantes en España. Por eso no solo la Alemania hitleriana y la Italia mussoliniana, sino todos los imperialismos, sin excepción, desde Inglaterra y Francia a EEUU, van a intervenir activamente respaldando al ejército franquista.

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