EEUU busca recuperar a cañonazos en terreno perdido

Lo que la fuerza nos oculta

Con el ataque contra Venezuela y el secuestro de Maduro, la superpotencia norteamericana intenta demostrar su fuerza, su capacidad de intervenir en cualquier país del mundo y de derribar gobiernos a voluntad. Pero en realidad, nos revela su debilidad. Son tan agresivos porque quieren recuperar el terreno que han perdido a manos de los pueblos.

EEUU no solo ha bombardeado un país soberano, Venezuela, penetrando ilegalmente en él para secuestrar a su presidente. Pocas horas después de ejecutar el crimen, el gobierno norteamericano compareció en una tétrica rueda de prensa para anunciar que seguirán haciéndolo. Trump expuso que Venezuela será la carta de presentación de la dictadura mundial que pretenden imponer. Confesó desvergonzadamente que se apoderarán del petróleo venezolano, y que designarán desde Washington un futuro gobierno. Lanzando una amenaza directa: lo mismo puede pasarle a todos los que no acaten los mandatos norteamericanos.

Ha sido una exhibición de fuerza de la única superpotencia. Es una amenaza y un peligro para todo el planeta. Pero está ofensiva criminal nace de su debilidad. Son tan agresivos porque quieren recuperar el terreno que han perdido.

Hace casi 40 años EEUU ejecutó una agresión similar. Invadió Panamá y secuestró a su presidente, Manuel Antonio Noriega. ¿Volvemos a la misma casilla? Sí, y sobre todo no. Las formas son parecidas, las que están inscritas en el manual imperialista de EEUU. Pero el mundo ya es otro, donde el dominio norteamericano ha retrocedido.

Noriega era “uno de los suyos” que se había “descarriado”. Llegó al poder tras décadas de colaboración con la CIA, pero una vez en él quiso traspasar los límites que Washington le imponía. El régimen venezolano, sea cual sea la opinión que se tenga sobre él, es autónomo y se ha desarrollado enfrentado a EEUU.

Washington no ha podido impulsar en Venezuela un golpe “a lo Pinochet”, cooptando a militares locales para que derriben el gobierno. Lo intentó en 2002 y fracasó estrepitosamente. Ha debido actuar principalmente desde fuera.

El sorprendente despreció de Trump a Maria Corina Machado, la hiper proyanqui cabeza de la oposición, afirmando que tiene difícil dirigir Venezuela “por su falta de apoyo y respeto”, es un reconocimiento de sus limitaciones. Una buena parte de la población venezolana no lo aceptaría.

El continente americano tampoco es el mismo que antes. En 1989, con la excepción de Cuba, todos los gobiernos seguían las directrices de EEUU. Hoy muchos de los principales países han condenado la agresión imperialista norteamericana sobre Venezuela. Lo han hecho Brasil, México, Colombia…

Hace 40 años China, un país surgido de una revolución proletaria y totalmente independiente de EEUU, no era la segunda potencia mundial. Ni existían los BRICS, ni se les esperaba. Ahora China es el primer socio comercial de toda America del Sur, incluyendo al mayor gigante del continente, Brasil. Durante el último año, China ha comprado el 84% del petróleo que ha exportado Venezuela. Y no lo ha pagado en dólares, siguiendo la estrategia para combatir el dominio de la moneda norteamericana impulsado por los BRICS.

El mundo ya es otro. Peor para el dominio norteamericano. Y mejor para los pueblos que luchan contra él. La brutal agresión de EEUU en Venezuela es la forma criminal con la que la superpotencia se revuelve, intentando detener este proceso.

La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU con el gobierno Trump fija su prioridad en el “hemisferio occidental”, en el continente americano. ¿Washington deja de concentrar su atención en Asia-Pacífico y en contener la emergencia de China? No. Lo que sucede es que busca dar un golpe para recuperar el terreno perdido.

La ESN de Trump es explícita: “Tras años de abandono, EEUU reafirmará y aplicará la doctrina Monroe” para imponer “una restauración sensata y contundente del poder y las prioridades estadounidenses”.

En las últimas décadas han crecido en el continente los países que se enfrentaban a EEUU, y que se apoyan en China para ello. EEUU reacciona furibundamente porque está retrocediendo.

La brutal agresión imperialista sobre Venezuela anuncia las formas de la dictadura mundial que EEUU busca imponernos. Es una amenaza para todos. Pero esa exhibición de fuerza oculta su debilidad. Su respuesta bajo formas ofensivas supone un grave peligro, pero es en realidad una maniobra a la defensiva, ante el avance de la lucha de los pueblos.

Conviene que lo tengamos en cuenta frente a quienes nos presenta, bajo la fuerza de las bombas de Trump, a unos EEUU que habrían vuelto a ser casi omnipotentes. Tienen mucha fuerza, son la única superpotencia y pueden hacer mucho daño. Pero ellos son los que van perdiendo. Y por eso se revuelven furiosos.

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