El refranero es muy sabio, esta lleno de experiencia concentrada. Por ejemplo, para rechazar un ofrecimiento engañoso o impertinente, un timo, un tongo, una estafa, siempre podemos decir el muy castizo «a otro perro con ese hueso» para dejar claro que no tenemos un pelo de tontos, o de tontas.
Resulta que el martes 17 de febrero Vox -con el apoyo de un PP necesitado de entendimiento con los de Abascal para poder gobernar en Extremadura, en Aragón y quién sabe si en Castilla y León- propuso en el Parlamento una ley para prohibir el uso del burka y el niqab en los espacios públicos.
La ley, defendida con argumentos como «luchar contra la invisibilización de la mujer», proponía medidas justamente contra las mujeres que portaran burka o niqab: multas de hasta 20.000 euros para cualquier mujer con nacionalidad española que llevara estas prendas, y la expulsión de territorio nacional si era extranjera.

Dejando de lado el carácter hipócrita de la desproporcionada sanción que se propone -que carga contra la mujer a la que se dice querer «defender» y que es aún más brutal si es extranjera- es hora de que saquemos el refranero: «a otro perro con ese hueso», o parafraseando, «a otro perro con ese trapo», señoros de la ultraderecha.
Empecemos por lo obvio. El burka y el niqab -dos modalidades extremas e integristas del velo islámico- son dos imposiciones no sólo bárbaras y patriarcales, sino hasta medievales, que invisibilizan a la mujer y la convierten en una celosa posesión del marido, que es el único que puede ver su rostro.
Pero dicho esto, mire a su alrededor. ¿Cuántas mujeres musulmanas ha visto usted en España usando burka o niqab?. Es más ¿ha visto usted alguna nunca?.

De los 1.200 practicantes de la religión islámica que hay en el planeta, menos de un 1% de las mujeres portan burka o niqab, un porcentaje mucho, muchísimo más residual en la población musulmana que vive en Europa.
La comunidad musulmana en nuestro país es tremendamente diversa. Algunas mujeres de esa identidad cultural o religiosa usan velo, otras no. Y la inmensa mayoría de las que lo usan portan modalidades mucho más livianas y que dejan la cara despejada, como el hiyab
¿Entonces, por qué este ímpetu por parte de Vox, y sorprendentemente del PP, en prohibir y sancionar su uso?
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Quién lo cuándo lo dice y para qué lo dice
A ver si lo hemos entendido. ¿Entonces ahora Vox, la ultraderecha, se ha convertido en la voz y portadora de los derechos de las mujeres musulmanas oprimidas por el heteropatriarcado islámico? Si usted ha sido capaz de leer esto sin reírse, enhorabuena.

Es evidente, es descaradamente obvio, que el móvil que impulsa a la extrema derecha de Vox a impulsar esta medida no es el feminismo ni la defensa de la las mujeres musulmanas, sino la más grosera islamofobia, y la más venenosa xenofobia.
«No molestan las prendas, molestan las mujeres que las llevan», dice el colectivo Afroféminas en su web. «La proposición de Vox lo deja escrito en su propio texto: el problema, según el partido de Santiago Abascal, es la «llegada masiva de inmigrantes» que importa «hábitos y comportamientos ajenos a las sociedades occidentales». Ese es el lenguaje del racismo estructural y de la islamofobia, una forma de racismo culturalista contra las personas musulmanas o percibidas como tales», dice este colectivo feminista y antirracista.
Quién lo dice, cuándo lo dice y para qué lo dice. El que no se haga -ante el «problema» (¿?) del burka y ante cualquier propuesta de Vox- estas tres preguntas, se expone a entrar en su ciénaga, en sus charcos de alquitrán.
Lo que busca en última instancia la extrema derecha -con esta y otras muchas medidas racistas y xenófobas- es sembrar odio, división y enfrentamiento contra amplios sectores de la clase obrera migrante, para señalarlos, segregarlos y marginarlos por su color de piel o por sus rasgos culturales. Buscan crear una «sub-clase» obrera, separada y enfrentada del resto de trabajadores, despojada de derechos y libertades, a la que poder hiper-explotar sin contemplaciones, imponiéndoles salarios y condiciones de vida y trabajo (aún) más insoportables.
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¿Qué dicen las feministas decoloniales sobre este asunto?
¿’Femi-racismo’? ¡No, gracias!
La utilización de argumentos pretendidamente ‘feministas’ para hacer avanzar una agenda reaccionaria no es nada nuevo. Activistas del «feminismo decolonial» como Chaimaa Boukharsa lo denoninan «feminacionalismo», es decir, disfrazar el racismo de feminismo.

«Esto es histórico, por ejemplo lo utilizó Hillary Clinton, la secretaria de Estado de EEUU, para defender la necesidad de la guerra de Afganistán en nombre de salvar a las mujeres musulmanas», dice Boukharsa. «Lo mismo que hemos criticado a la ‘policía de la moral’ de Irán, debemos decir que estas medidas (las que propone la ultraderecha’, son de otra ‘policía de la moral’ blanca, eurocéntrica y colonial, que mide y fiscaliza el cuerpo de las mujeres musulmanas. Se intenta disfrazar este racismo con argumentos feministas, para que estas leyes patriarcales, del patriarcado colonial racista nos parezcan bien, nos parezcan progreso».
Cuando se habla de «liberar» a las mujeres musulmanas, el peso recae siempre sobre la víctima: sobre la prenda, sobre el cuerpo que la lleva, sobre la cultura que la produce.
«Y yo digo que no hay diferencia entre un Afganistán donde las mujeres tienen prohibido acceder a la educación por su género que un Madrid donde se prohíbe a las mujeres musulmanas acceder a sus aulas por su hijab», sentencia la activista. «No por un burka o un niqab, sino por un simple hiyab, porque lo siguiente es eso. El que no vea esto como una agresión racista, colonial y patriarcal es porque tiene nublada la vista»
La misma posición defienden desde el colectivo feminista y antirracista Afroféminas.
«Aquí está el núcleo del problema que el feminismo antirracista lleva décadas señalando. Cuando se habla de «liberar» a las mujeres musulmanas, el peso recae siempre sobre la víctima: sobre la prenda, sobre el cuerpo que la lleva, sobre la cultura que la produce. Nunca sobre los hombres que, en los casos donde existe coacción real, obligan a portarla”.

“La proposición de Vox sanciona a la mujer con hasta 20.200 euros o la expulsa del país. Al hombre que la obliga, en cambio, le impone penas de entre uno y tres años de prisión, difícilmente ejecutables en la práctica y que en ningún caso son el foco real del debate público. Se imaginan a una mujer que depende de su esposo para subsistir denunciándolo para que entre en la cárcel y quedándose totalmente desamparada. Es absurdo e irrealizable. El cuerpo de la mujer racializada vuelve a ser el campo de batalla, el objeto visible sobre el que se legisla mientras el patriarca que la controla permanece fuera del encuadre», argumenta el artículo de Afroféminas.
«Desde Afroféminas sostenemos que la crítica al patriarcado tiene que ser coherente y universal. Y siendo coherentes: el burka y el niqab son, en su origen conceptual, prendas que nacen de una imposición patriarcal sobre el cuerpo de las mujeres. Lo decimos sin ambigüedad»
«Ahora bien, esa misma lectura aplica a una parte importante de la indumentaria que la tradición cristiana ha prescrito históricamente para las mujeres: el velo de novia, el mantón de misa, el luto obligatorio, las tocas religiosas, los códigos de vestimenta que durante siglos definieron qué cuerpo femenino era respetable y cuál no. El patriarcado no habla un solo idioma. Habla árabe, español, hebreo y todos los demás. Si la preocupación fuera realmente la opresión de género inscrita en la ropa, el debate sería otro y afectaría a muchas más tradiciones. El hecho de que la diana sea exclusivamente la prenda que lleva la mujer musulmana racializada revela que el problema no es el patriarcado: es la jerarquía racial que decide qué patriarcado merece ser perseguido por el Estado y cuál recibe su bendición.»
NOTA: Puedes leer el artículo completo en afrofeminas.com

