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Lí­der con fama y con reparos

El 14 de julio de este año, Pedro Sánchez tomó posesión de su despacho como secretario general del PSOE y Susana Díaz lo acompañó hasta la puerta. La foto de ambos llegando a la sede en amor y compañía ya es historia cuatro meses después. En este tiempo, el líder socialista ha ido dándose a conocer a los ciudadanos por todos los canales audiovisuales posibles y se puede decir que Pedro Sánchez ya es famoso. Su exposición mediática -sobreexposición, opinan algunos- le ha dado resultados en imagen, aunque no tanto en intención de voto.

Los ciudadanos le paran por la calle para hacerse fotos con él y aparece en las encuestas entre los líderes políticos mejor valorados. Además, ha establecido buena química con el Rey por razones generacionales y el Consejo Empresarial de la Competitividad -poder fáctico no en la sombra, sino a la luz- lo ha acogido de buen grado.

Sin embargo, el PSOE no está en calma. Dirigentes socialistas pasados, presentes e incluso futuros consideran que al partido le va mal, que no remonta en los sondeos y que una intención de voto del 20% es una porquería para una formación que aspira a ser mayoritaria. También opinan que Sánchez se está comportando como un líder frívolo e inconsistente.

Pero no sólo eso. Dicen también que su llegada a la Secretaría General fue fruto de un pacto entre facciones muy distintas -incluso enfrentadas entre sí- que tenía como fin principal impedir la victoria de Eduardo Madina. «Pedro no era un líder natural, como lo hubieran sido Susana Díaz, Carme Chacón o el propio Madina, sino una creación artificial que, como tal, puede saltar por los aires ante cualquier dificultad», asegura un diputado socialista.

La cabeza y el corazón de ese pacto fue la presidenta andaluza. Susana Díaz renunció a ser la secretaria general -como quería casi todo el mundo- y puso sus ojos en un joven diputado desconocido con suficiente arrojo para optar al liderazgo. Cuatro meses después, Sánchez se le ha escapado de las manos. Dirigentes del partido explican que el pacto consistía en que Díaz le ayudaba a conseguir los votos para ser secretario general, nunca para ser el candidato a La Moncloa. «De aquello que hablaron ninguno ha sabido» -como se dice en la célebre copla de La Zarzamora-, pero de lo que se habla ahora en el PSOE es de la ruptura entre ambos. Una ruptura que se extiende, asimismo, a otros dirigentes del pasado que se sumaron con entusiasmo al carro del ganador durante las primarias. Como José Luís Rodríguez Zapatero, a quien Sánchez ha desautorizado al abjurar de la reforma del artículo 135 de la Constitución. Una iniciativa que, al margen del contenido, ha devuelto al PSOE al lugar del crimen. Si los votantes se estaban olvidando de la gestión de la crisis del último Gobierno socialista, Pedro Sánchez se lo ha recordado con un megáfono. Lo cual no parece muy buena idea. El líder socialista, sin embargo, aprecia que los militantes están de acuerdo con esta rectificación.

Ante estos movimientos de tierra bajo sus pies, el líder socialista bien puede escudarse en la socorrida metáfora de que un líder tiene que matar al padre -en su caso, a la madre- para romper la tutela y volar solo. Según fuentes de su entorno, Sánchez no está en absoluto preocupado por lo que diga o haga Susana Díaz ni por las críticas, que atribuye al ruido mediático. «Él se comprometió a cambiar el PSOE y eso es lo que está haciendo. Era imprescindible fortalecer la dirección federal después de unos años de mucha debilidad. Un líderazgo fuerte y conocido es bueno para el partido. La marca PSOE se está recuperando y lo que apreciamos en todos los encuentros es una gran empatía con los militantes». ¿Y qué pasa con Susana Díaz? «Ella sabrá lo que hace», responden estas fuentes cercanas al secretario general.

Otros explican la tranquilidad del líder socialista en clave más personal. «Él ni siquiera era diputado cuando empezó la Legislatura y ahora es el líder de la oposición. Puede pensar que igual que una vez tuvo suerte, la seguirá teniendo en el futuro». Ésta es la tesis de quienes ven a Sánchez como un intrépido aventurero con fortuna. Aunque se comprometió a convocar primarias abiertas para elegir al candidato a La Moncloa, él se presenta a sí mismo como el futuro presidente del Gobierno. Su intención evidente es proclamarse como único candidato, sin rivales y sin votación.

Algunos dirigentes socialistas consideran que disparar en este momento contra un secretario general recién elegido es «suicida» y que el PSOE está mejor ahora que hace un año. Las elecciones de mayo serán el antes y el después de Sánchez; aunque nadie puede descartar que, incluso antes de mayo, Susana Díaz pase de las palabras a los hechos.

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