Actualidad, monopolios y medio ambiente.

Las tóxicas entrañas del capitalismo ‘verde’

El capitalismo monopolista es el cáncer destructor que corroe y destruye el medio ambiente global. Y cuanto más gigantesco se vuelve el poder monopolista, más incompatible se vuelve su dominio, no sólo con el bienestar de la humanidad, sino con el propio equilibrio ecológico en todo el planeta.

Mientras el calentamiento global y el cambio climático siguen agravándose y el mundo recuerda estremecido los aniversarios de las catástrofes nucleares de Chernobyl y Fukushima, se destapa un nuevo escándalo medioambiental a lo Volkswagen -esta vez con la multinacional japonesa Mitshubishi como protagonista- que vuelve a dejar en evidencia el papel criminal que grupos monopolistas (muchos de ellos autoproclamados hasta no hace mucho líderes de la tecnología ‘verde’) desempeñan en la contaminación del planeta.

Detrás de cada tonelada de CO2 que aumenta la temperatura global, detrás del agujero en la capa de ozono, detrás de cada desastre nuclear, detrás de cada vertido tóxico -legal o ilegal-, detrás de la destrucción acelerada de las grandes selvas tropicales y otros ecosistemas, detrás de la extinción en masa de miles de especies, detrás de las montañas de residuos en ciudades u océanos; detrás de los Chernobyl, de los Fukushimas, de los desastres de Bhopal, de los vertidos de Aznalcoyar o de los Prestige… está el dominio de las grandes burguesías monopolistas del mundo, con la norteamericana a la cabeza.

“Detrás de los Chernobyl, de los Fukushimas, de los desastres de Bhopal, de los vertidos de Aznalcoyar o de los Prestige… está el dominio de las grandes burguesías monopolistas del mundo”

No son “los excesos de un capitalismo salvaje exacerbadamente contaminante” al que hay que ponerle regulaciones o convencerlo de que haga la transición a un “capitalismo ecologicamente sostenible”. Quienes sostienen la posibilidad o la necesidad de un “capitalismo verde” se engañan o nos engañan acerca de la naturaleza de las entrañas del monstruo, y de la ley de bronce esculpida en los huesos de todos los monopolios del mundo, la ley que no les concede un respiro, que les grita constantemente en su oído ¡Adelante!, ¡Adelante!: la ley del máximo beneficio. ¿De verdad quieren convencernos de que es compatible, bajo el dominio de las oligarquías financieras, el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente y la salud de la población?. ¿De verdad quieren que creamos que es posible un capitalismo… “verde”?. El único verde que pueden ofrecerno el capitalismo es el tono tóxico y radiactivo de sus podridas entrañas.

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