La bolsa española se desploma

La vulnerabilidad de la economí­a española

En las apenas dos semanas que llevamos de 2016, el Ibex-35, el mercado de valores donde cotizan los mayores bancos y monopolios españoles, ha perdido más que en todo el año 2015. Su valor es hoy un 10,5% inferior al que tení­a el pasado 31 de diciembre. Y eso significa que las grandes empresas han perdido un valor bursátil de 23.000 millones de euros en menos de 15 dí­as.

Las dudas sobre la economía china y el imparable descenso en el precio del petróleo están afectando seriamente a las principales bolsas mundiales. Pero ninguna de ellas, desde luego, está ni de lejos siendo tan castigada como la española. ¿Por qué?

No hace falta irse muy lejos para encontrar una primera explicación. La acaba de dar el propio ministro de Economía, Luis de Guindos, al afirmar en Bruselas que “la economía española es vulnerable” al enrarecido ambiente económico internacional. “La banca mediana española puede echarse a temblar. No tardarán los gigantes bancarios europeos en poner sus ojos en ella”

¿Pero cuáles son las razones de esta vulnerabilidad? Sobre esto, Guindos no dice ni una palabra. Aunque no hace falta ser un experto para intuirlas.

Después de casi seis años de recortes, ajustes, rescates y degradación, con una deuda pública cercana al 100% del PIB, con un poder adquisitivo de la población hundido por las rebajas salariales, con un sector industrial que decrece casi a la misma velocidad con que se apodera de él el gran capital extranjero, la economía española es cada vez más dependiente del exterior, de sus mercados y de su capital financiero.

No es difícil con estos mimbres pronosticar que en cualquier nueva turbulencia de alta intensidad en la economía mundial, nuestro país tiene todas las papeletas para sufrir sus peores consecuencias. La actual caída del Ibex-35 es sólo un síntoma de lo que puede estar por llegar. Porque expresa la aceleración de una tendencia observable ya a lo largo del pasado año.

En efecto, una simple comparación entre el valor máximo que la mayoría de bancos y monopolios llegaron a tener en el año 2015 y el que tienen actualmente nos da una idea precisa de lo “vulnerables” que son a la actuación depredadora del gran capital internacional.

Por poner sólo unos ejemplos, el BBVA llegó a valer en bolsa en 2015 61.145 millones de euros. Hoy vale 37.117.Es decir, se ha dejado en el camino nada más y nada menos que 24 mil millones de euros. Otro banco, este de los llamados medianos como el Banco Popular llegó a alcanzar en 2015 una capitalización de 10.258 millones. Hoy vale prácticamente la mitad: 5.341. Si miramos a uno de los antaño gigantes de la bolsa española, la petrolera Repsol, en 2015 llegó a valer 25.369 millones de euros. Hoy apenas si llega a los 12 mil.

Podríamos seguir repasando una a una a la práctica totalidad de las grandes empresas del Ibex y en todas ellas llegaríamos a la misma conclusión: su valor ha caído en picado, entre un 40 y un 50% de lo que valían hace sólo unos meses. La conclusión cae por su propio peso. A medida que la economía española revela sus “vulnerabilidades” ante el entorno exterior, más y mejores oportunidades se le abren a las grandes oligarquías financieras del planeta para abalanzarse sobre algunas de las joyas de la corona de la oligarquía española.

En los últimos meses hemos visto como dos de ellas, la histórica constructora FCC y la multinacional de las renovables, Abengoa, han caído en manos del capital o la banca extranjera. Dado el rumbo que están tomando los acontecimientos, que nadie descarte que a lo largo de 2016 veamos cómo otro “paquete” de monopolios españoles, y esta vez de mayor entidad y envergadura, son devorados por el capital extranjero.

Mucho más cuando el presidente del Banco Central Europeo acaba de anunciar su voluntad de impulsar fusiones bancarias transfronterizas para crear bancos verdaderamente europeos. Tras estas declaraciones, los bancos medianos españoles pueden ya echarse a temblar. No tardarán los gigantes bancarios europeos en poner sus ojos en ellos. Y más cuando están tan baratos que su compra resulta ya casi como ir a las rebajas en busca de una ganga.

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