Literatura

La trilogí­a de la intervención y el saqueo

Markaris empuña la novela negra como un bisturí­ que busca en la intervención del FMI y Berlí­n la razón última de todos los crí­menes

Novela negra y crisis

La Semana Negra de Gijón se ha convertido, desde su primera edición en 1987, en una cita cultural ineludible. Que nació con la idea de convertirse en un festival donde pudieran mezclarse sin prejuicios los elementos literarios con los lúdicos. Y acertando en las dos vertientes. Reuniendo cada verano a los mejores escritores y manteniendo un elevado nivel en sus premios y conferencias. Y convirtiéndose en uno de los certámenes literarios más populares, ofreciendo eventos de todo tipo, desde fiestas a exposiciones o talleres.

Ahora, además, se eleva sobre la evidente revitalización de la novela negra, que nació al calor del crack del 29 y ha dado un nuevo paso adelante con la actual crisis.

No es casualidad. En estos periodos el capitalismo muestra su auténtico rostro, lejos de la “narcotización” social que expande en los periodos de bonanza.

Y la novela negra se convierte en uno de los mejores bisturís para destripar la verdad, para sacar a la luz una radiografía económica, política y moral que nos permita conocer realmente las tripas de la sociedad en que vivimos.

Esta edición de la Semana Negra ha contado con la presencia de Petros Markaris, el escritor griego que hacho “saltar la banca” de la popularidad con su “Trilogía de la crisis”.

Hace cuatro años, cuando visitó el certamen gijonés para presentar su novela “Muerte en Estambul”, era un desconocido escritor heleno. Hoy, sus libros y entrevistas copan las páginas de los periódicos.

La razón de su éxito es que Petros Markaris se atreve a contarnos la verdad, y pone voz a lo que muchos pensamos y sentimos, pero que los grandes medios normalmente silencian.“Con cuatro jubiladas menos, mejorarán vuestras condiciones de vida”

Sus novelas protagonizadas por el comisario Kostas Jaritos diseccionan la realidad de un país, Grecia, paradigma del saqueo financiero, de la intervención del FMI o Alemania y de la corrupción política.

Y lo hace colocándonos de lleno en la realidad, como una bofetada que te obliga a tomar posición ante la verdad, por muy dolorosa que sea.

“Liquidación final”, segunda entrega de la trilogía, comienza con el demoledor suicidio de cuatro ancianas, con una estremecedora carta donde explican que su soledad y miseria les ha llevado a concluir que son “una carga para el Estado, para los médicos, para las farmacias y para la sociedad entera (…) nos vamos, así no tendréis que preocuparos por nosotras. Con cuatro jubiladas menos, mejorarán vuestras condiciones de vida”.

Markaris no los menciona, pero todos sabemos quiénes son los responsables de este asesinato camuflado de suicidio. Todos pensamos indignados en los tijeretazos a las pensiones –que en Grecia apenas alcanzan para muchos los 200 euros-, impuestos por Bruselas y el FMI.

Las consecuencias de los recortes y ajustes son el telón de fondo de la “Trilogía de la crisis”, donde asistimos a los “milagros” que una familia debe hacer para poder subsistir, a la miríada de manifestaciones, a los jóvenes que deciden exiliarse, como hicieron sus padres, porque no encuentran futuro ni horizonte…

Como una lluvia, a veces fina, a veces como un chaparrón, la indignación que te obliga a responder se apodera de cada uno de nosotros.

Señalando a los “liquidadores”

Pero Markaris no se limita a “analizar” los efectos tras una distancia aséptica, señala a los culpables con claridad.

El esquema narrativo de la trilogía se repite, con un asesino en serie y un investigador que, contra viento y marea, no se queda en la superficialidad de los indicios y desvela el trasfondo social, político y económico que empuja al crimen.

En “Con el agua al cuello”, asistimos al asesinato de altos directivos de grandes bancos nacionales y extranjeros o a los responsables de las agencias de calificación vinculadas al gran capital norteamericano o europeo.

En “Liquidación final”, un anónimo “Recaudador Nacional” se ensaña contra los grandes empresarios y la clase política que se beneficia de las redes de corrupción o el fraude fiscal.“El pueblo es un protagonista activo y no un sujeto paciente”

El propio Markaris confiesa que muchos lectores le han escrito “indignados”, cuando las dos primeras entregas de la “Trilogía de la crisis” se han saldado con la detención del “Recaudador Nacional” o el asesino de banqueros.

Argumentando que “alguien que se dedica a matar a los que nos han llevado a esta crisis atroz no puede ser tan malo”. Y el propio Markaris confiesa que “estuve tentado de dejarlo escapar”.

Hay, evidentemente, un odio de clase larvado, pero también la sensación de que ante el genocidio social, fría y planificadamente ejecutado a través de una oleada de recortes, los “crímenes artesanales” palidecen.

Y es que Markaris no se conforma con señalar a los “pequeños chorizos”. No oculta sus “chanchullos”, todo lo contrario. Pero todos sabemos que el director del banco extranjero que se enriquece condenando a la miseria a todo un país, el trajeado analista de la agencia de calificación que es el brazo armado del saqueo, o los “emisarios” del FMI o de la UE que tratan a Grecia como a una colonia son mucho más culpables que el pequeño empresario que se aprovechó de la corrupción permitida por “los de arriba” para no pagar impuestos.

Markaris no solo ha escrito una “Trilogía de la crisis”, también ha escrito una “”Trilogía de la intervención”, donde el pueblo es un protagonista activo y no un sujeto paciente.

Utilizando como hilo conductor narrativo al personaje de Kostas Jaritos, un comisario de policía cuya familia sufre también los estragos de los recortes, formado en la época de la dictadura pero que mantiene una especial relación de amistad con Sizis, un viejo luchador comunista que conoció en los sótanos de las comisarias y que jugará un papel cada vez más destacado en sus novelas.

La próxima entrega de la “Trilogía de la crisis” de Markaris saldrá en octubre. Se titula “Pan, Educación y Libertad”, el lema de los estudiantes que a finales de los años sesenta y principios de los setenta resistieron la dictadura de los coroneles, algunos de ellos convertidos ahora en clase política dirigente.

Márkaris sitúa la trama en una Grecia en bancarrota que ha abandonado el euro y ha regresado al dracma, con una España que ha vuelto a la peseta y con el comisario Jaritos pasando necesidades porque no le van a pagar durante tres meses.

El asesinato de un contratista de obras que había participado en la resistencia a la dictadura es la puntada inicial a partir de la cual el autor diseña un contexto social en el cual crece la solidaridad pero también el auge de los movimientos neonazis.

Esta vez son los jóvenes parados los que le piden explicaciones a la generación de sus padres de los errores que han cometido, porque, tal y como declara Markaris, “alguien tiene que pedirlas”.

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