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La pugna por las listas reabre la guerra interna en el PSOE

La relativa tranquilidad que Pedro Sánchez habí­a logrado en el seno del PSOE, tras aceptar el encargo del Rey para intentar formar gobierno, saltó ayer por los aires con el anuncio de Carme Chacón de no repetir como número uno de los socialistas en Barcelona.

La relativa tranquilidad que Pedro Sánchez había logrado en el seno del PSOE, tras aceptar el encargo del Rey para intentar formar gobierno, saltó ayer por los aires con el anuncio de Carme Chacón de no repetir como número uno de los socialistas en Barcelona. A ello se sumó la renuncia de Irene Lozano a formar parte de nuevo de la lista del PSOE por Madrid, pese a que el propio Sánchez había confirmado por la mañana que contaba con ella para las elecciones de junio. Ambos movimientos certifican que, lejos de convertirse en rescoldos, el incendio interno en el PSOE continúa vivo. La batalla por las listas de cara a los comicios del 26 de junio no hará más que recrudecer la guerra por el liderazgo socialista.

En su comparecencia en el Congreso, la diputada catalana se limitó a esgrimir que su salida obedece a “motivos políticos no relevantes”. Su intervención fue parca, pero elocuente. Que Chacón se va por desavenencias con la estrategia seguida por Ferraz en los últimos meses se explica por dos motivos. Primero, porque ella misma se ha encargado de hacer público que comunicó la decisión al ex presidente Zapatero -con quien aún se siente políticamente muy vinculada- antes que al propio Sánchez y al primer secretario del PSC, Miquel Iceta. Y, segundo, por la propia motivación política de su espantada. Especialmente, teniendo en cuenta que, para ser candidata, Chacón debía disputar las primarias al ex senador Carles Martí, quien ya había confirmado su intención de encabezar la candidatura de Barcelona. La ex ministra de Defensa no es una dirigente menor ni en el PSOE, ni en el PSC. En 2008 obtuvo los mejores resultados de los socialistas en Cataluña (25 diputados), pero también los peores, tras quedarse en ocho escaños en diciembre. Sin embargo, el punto de inflexión en la trayectoria de Chacón fue su derrota ante Rubalcaba por tan solo 22 votos en el Congreso de 2012. Al año siguiente se marchó a Miami para ejercer de profesora, después de renunciar a su escaño, lo que le granjeó un reguero de críticas dentro de su organización política. La realidad es que Chacón nunca ha visto satisfecha su aspiración a liderar el PSOE y, por tanto, una eventual candidatura a La Moncloa. Su adiós erosiona a Sánchez y evidencia las diferencias entre Chacón -abiertamente contraria al nacionalismo- y la actual dirección de los socialistas catalanes.

Ahora, el líder socialista aspira a colocar a Meritxell Batet, que en diciembre fue número dos del PSOE por Madrid, en cabeza de la lista por la Ciudad Condal. Este movimiento es parte del rompecabezas que Sánchez tendrá que hacer de cara al 26-J, pese a su anhelo de repetir las mismas candidaturas. La salida de Irene Lozano, muy cuestionada por el aparato del partido y la mayoría de los barones, puede facilitarle la tarea. Pero aún deberá despejar la incógnita alrededor de Eduardo Madina. Quien fue su rival en la pugna por la secretaría general del PSOE se quedó sin escaño en diciembre. Sánchez confirmó que cuenta con el dirigente vasco para repetir de siete en la lista de Madrid, un puesto que no le garantiza ser diputado. Susana Díaz hizo ayer una encendida defensa de los méritos de Madina y de la exigencia que tiene el PSOE de colocarle en un puesto de salida. Sus palabras suponen un ejercicio de hipocresía, teniendo en cuenta su empeño en el pasado en orillar a Madina para encumbrar a Sánchez. El estilo de Díaz, no obstante, ha quedado retratado en los últimos meses. Su calculada ambigüedad, además de ser una china en el zapato de Ferraz, le ha llevado a supeditar sus aspiraciones a un previsible batacazo de Sánchez. Esto le dejaría abonado el terreno para pugnar por el liderazgo del PSOE en el próximo Congreso, aplazado para después de junio.

Con independencia de las trabas que le han puesto sus propios correligionarios, lo cierto es que la situación que afronta Sánchez parte de su empeño en no querer asumir el resultado desastroso que el PSOE cosechó el 20-D. Su porfía en armar un gobierno desde la raquítica cifra de 90 diputados ha constituido un ejercicio de funambilismo político tan estéril como frustrante. La hábil maniobra de aceptar el encargo del Rey para ser investido presidente, tras la renuncia de Rajoy, le sirvió sólo para frenar el embate de los barones.

Pero el fracaso de esta aventura le ha devuelto a la cruda realidad. Sánchez volverá a ser candidato porque, presumiblemente, no tendrá ningún oponente en las primarias que celebrará el PSOE en mayo. Sin embargo, sus opciones de futuro pasan en exclusiva por mejorar notablemente los resultados de diciembre. Algo que, a día de hoy, no pronostica ningún sondeo.

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