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La posición del apóstol Tomás

Lo más llamativo del CIS del mes de enero es el salto de Podemos a la segunda plaza, empujando al PSOE al tercer escalón del podio electoral. Con las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas, sin embargo, ocurre lo mismo que con los nuevos artículos del Código Penal: hay que leer la letra pequeña. En este último barómetro conviene prestar atención a algunos indicadores sobre el estado de ánimo de la gente y su lenta evolución. Aumenta, lentamente, el número de personas que observa el futuro con algo más de optimismo. Los datos sobre la recuperación de la economía empiezan a tener un cierto efecto. La mayoría de la sociedad ha adoptado la posición del apóstol Tomás –hasta que no puedan tocar la mejora con sus dedos, no se la creerán–, pero en enero las cosas no se veían tan negras como en octubre del 2014, el mes de los grandes escándalos. El mes en el que salieron a la luz las célebres de las tarjetas ‘black’ de Caja Madrid. El mes en el que mucha gente dijo: ¡basta ya! El mes del Gran Enfado. En octubre, el 82% de los españoles consideraba que la situación económica era mala o muy mala. En enero, ese severo diagnóstico ha descendido al 76,5%. En octubre, el 86,% creía que la situación económica era igual o peor a la del año anterior. En enero, ese porcentaje mixto (igual o peor) se mantiene estable (85%), pero los que ven las cosas peores que el año pasado han descendido diez puntos. En octubre, sólo el 20% creía que la economía podía mejorar en el plazo de un año. En enero, los que creen en la mejora ya son el 27%. Los que piensan que las cosas irán peor han pasado del 25 al 16,4%. Se mantiene estable –entorno al 45%–, el porcentaje de los que ven la situación estancada. No estamos ante un vuelco espectacular. El pesimismo económico persiste y al oficialismo no le será fácil convencer al gran contingente ciudadano que se ha refugiado en la doctrina de apóstol Judas Tomás (Tomás en arameo significa “gemelo”, “mellizo”). Pero algo se está moviendo. El escepticismo no será una roca impenetrable, si los datos estadísticos positivos se convierten en mejora social tangible. Puesto que nadie espera milagros, el oficialismo no puede forzar el ritmo. Una España irritada con el Gobierno y con los partidos políticos principales no tiene ninguna prisa para declararse esperanzada. El problema para el Gobierno es esa lentitud en el metabolismo social. Y sólo faltan cuatro meses paras les elecciones locales y autonómicas en 13 regiones. Unas elecciones en las que el malestar se puede transformar en descarga política, especialmente en las grandes ciudades y en las autonomías donde el Partido Popular lleva más tiempo gobernando. Madrid y Valencia, por este orden, serán los grandes escenarios del mayo electoral que se avecina. La percepción de la economía mejora lentamente y persiste una fuerte negatividad política. El malestar político desciende poco, aunque quienes creen que el año próximo será, en ese campo, algo mejor que el actual, pasan del escuálido 11,6% de octubre al 20,6% actual. Atención a este dato: la desconfianza en Mariano Rajoy se mantiene estable, con un registro muy alto. Poca o ninguna confianza: 86,6%, en octubre. En enero, 85.9%. Nunca un presidente de Gobierno, en democracia, había tenido una acentuada mala valoración durante tanto tiempo. Con la percepción económica mejorando lentamente, con Rajoy estancado en la desconfianza y con la estimación de voto por debajo del 30%, el PP comienza a tener un problema con el tiempo. Sólo faltan cuatro meses para las elecciones locales y las plazas de Madrid y Valencia están en juego. Con este CIS encima de la mesa, Esperanza Aguirre está más cerca de ser proclamada candidata a la alcaldía de Madrid. Irán a buscar el choque frontal con Podemos. Saltarán chispas.

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