La mujer en la Revolución de Octubre

“La experiencia de todo movimiento de liberación ha demostrado que el éxito de una revolución depende del grado de participación de la mujer”. (Lenin)

La Revolución de Octubre va a hacer una contribución decisiva a una de las mayores revoluciones democráticas de la humanidad, la de la liberación de la mujer.

La Revolución de octubre va a permitir que Rusia se coloque a la vanguardia de la humanidad en la conquista de libertades y derechos sociales, convirtiéndose en una referencia mundial.

Antes de 1917, la situación de la mujer en Rusia estaba sometida a la servidumbre, cuando no a la esclavitud. Pero en muy poco tiempo, esa misma sociedad rusa se convierte en vanguardia en la conquista de derechos para la mujer.

Dos son las causa de este histórico cambio:

1.- A causa de la Iª Guerra Mundial, se acelera la incorporación de la mujer al mundo del trabajo.

En 1914, las mujeres eran el 26,6% de la mano de obra en las fábricas rusas. Como consecuencia del traslado de hombres al frente, la cifra aumentaría hasta el 43,4% en 1917.

2.- El grado de organización y protagonismo político de las mujeres se multiplica.

Tras la revolución de febrero, las mujeres representan el 66% de los afiliados a los sindicatos en numerosas ramas. Las mujeres crean organizaciones como las “soldatki”, esposas de los soldados enviados al frente, que constituyeron uno de los más numerosos movimientos de masas. Las cuadros y militantes bolcheviques recorren desde fábricas a lavanderías, dando mítines a las obreras y trabajadoras, y organizándolas como militantes comunistas.

El peso de la movilización de la mujer en el avance de la revolución es enorme. La gigantesca manifestación de mujeres el 8 de marzo de 1917 juega un papel clave en la caída del zar.

La participación activa de las mujeres obreras, encabezadas por las militantes y cuadros bolcheviques, en la revolución, el salto en su grado de conciencia y organización, fue la clave de todas las conquistas posteriores.

El programa bolchevique, en palabras de Lenin, consistía en abolir “todo lo que tortura y oprime a la mujer trabajadora, al ama de casa, a la campesina, a la esposa del tendero, sí, y en muchos casos a la mujer de las clases propietarias”.

El nuevo Estado proletario va a impulsar la legislación más avanzada para los derechos de la mujer de todo el planeta. Muy por delante de las más avanzadas democracias burguesas.

El Decreto de 18 de diciembre de 1917 instauró el matrimonio laico, la igualdad absoluta entre el esposo y la esposa; la abolición total del concepto de descendencia ilegítima, otorgando a los hijos e hijas que habían nacido fuera del matrimonio los mismos derechos. Al día siguiente, se promulgó otro Decreto titulado “Sobre la disolución del matrimonio”, que instauraba el divorcio rápido y sin trabas.

El nuevo Estado proletario abolió el adulterio y la homosexualidad como delitos, algo que hoy todavía está por conquistar en muchos países. Y en noviembre de 1920, se legalizó el aborto en la Unión Soviética, mediante un decreto que denunciaba la legislación penalizadora de los otros países.

En 1917 todas las mujeres rusas obtienen el derecho al voto, algo que no ocurrirá en Inglaterra, la democracia burguesa más avanzada, hasta 1920.

Pero llegar su liberación, las mujeres debían conquistar la igualdad plena, no solo ante la ley, sino, sobre todo, ante la vida. Arrancar a las mujeres de la “esclavitud doméstica” era una de las grandes tareas de la Revolución. La creación de guarderías, casas cuna, comedores, centros de alfabetización y otras iniciativas eran el camino acertado, según Lenin.

Las luchadoras bolcheviques, como Alexandra Kollontai toman posición por la clase obrera: “Las obreras han abierto el camino, han sido las primeras en luchar por su sustento económico (…) Además, esa incorporación ha supuesto para ellas la modificación de las relaciones familiares. Las obreras han conocido el amor libre antes que nadie”.

Uniendo la lucha de la liberación de la mujer con los objetivos de clase: “sin la revolución socialista, este tipo de mujer no pasará de ser algo efímero (…) A medida que desarrollemos nuevas formas de producción y nuevas formas de vida, las mujeres podrán liberarse de sus trabas seculares y rechazar su esclavitud. La Revolución de Octubre ofrece a nuestras mujeres trabajadoras una verdadera posibilidad de liberación”.

Las mujeres bolcheviques quieren ir más allá. La misma Alexandra Kollontai defendería en el Comité Central, contra la idea de matrimonio, la “unión libre de individuos libres”, estableciendo que “la familia, como institución arcaica burguesa, había llegado a su fin”.

Toda una nueva concepción que también aspiraba a “cambiar el mundo de base” en el terreno de la moral -la Kollontai titulara provocadoramente sus memorias “Autobiografía de una mujer comunista sexualmente emancipada”- declarando una guerra feroz contra todas las ideas burguesas, como “la idea de derecho de propiedad de un ser sobre otro”-.

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