La luz, el negocio protegido

Las factura media en los hogares va a superar los 80 euros. En la primera semana de 2021, la electricidad ya había subido un 27% respecto al cierre de 2020. Y si  comparamos el precio con enero del pasado año, el incremento total alcanza un 31%.  

Las explicaciones casi unánimes de los medios de comunicación relatan un cúmulo de coincidencias contra las que no podríamos hacer nada: la subida del gas en Argelia con el que se produce electricidad en térmicas de España; la mayor demanda para calefacción por el frío;  la ausencia de sol que haga producir a las placas solares y la falta de viento que mueva los molinos.

Al tiempo, el Gobierno mira para otro lado, y únicamente  pide que se investigue si el precio se eleva fruto de algo ilegal.

En ambos casos, oculto, bien oculto, quedan las inmensas ganancias de las eléctricas; los problemas de dependencia energética del suministro extranjero;  y que el recibo suma diversas partidas sobre las que el  Gobierno sí podría actuar de inmediato para bajar el recibo de la luz.

El asunto no es nuevo. Sufrimos un saqueo recurrente. Las tres grandes compañías eléctricas que operan en España (Endesa, Iberdrola y Gas Natural Fenosa) ganaron 56.624 millones de euros en plena crisis financiera, entre el 1 de enero de 2008 y finales de septiembre de 2015. Un desenfrenado ritmo de beneficio neto de más de veinte millones diarios. 

En ese periodo el recibo de la luz se encareció un 52%, el doble que la media de la Unión Europea.

Su ritmo de ganancias no ha cesado en estos años.

Beneficio anual   de las tres mayores  compañías de energía
2016 5.563 mill €
2017 5.627 mill €
2018 5.710 mill €
2019 6.470 mill €

En millones de euros

En la base de este negocio está la ley hecha a medida del oligopolio eléctrico (los 5 monopolios que controlan el mercado). Las compañías que comercializan la energía compran cantidades de electricidad en unas subastas diarias. Estos paquetes de energía tienen diferentes precios según su origen (nuclear, hidroeléctrica, eólica, solar….) pero eso sí, están autorizados a venderla toda a los consumidores al precio más alto subastado. 

Es decir, si la mayoría de las energías se subastaron a 10, pero la de carbón por ejemplo llegó a 20, entonces pueden venderlas todas a 20. Negocio redondo. 

Este es un privilegio otorgado por ley a los monopolios de la electricidad. Y por eso el beneficio de las eléctricas no ha sufrido durante la crisis.

Otra concesión que favorece a estas compañías es que está protegido su negocio sobre las centrales nucleares.  En España las nucleares se pueden cerrar ya, son prescindibles. Sólo aportan el 20% de toda la energía consumida, y la capacidad de generar energía eléctrica por otros medios dobla la necesidad real del consumo. 

Además las centrales están amortizadas, superando la vida últil para las que fueron construidas. Y aparte del riesgo, es la energía más cara si se tiene en cuenta que el Estado asume el coste del almacenamiento de residuos  y cuyo peligro radioactivo se prolongará varios miles de años.

¿Porqué se mantienen en uso? Porque son una fuente de ganancias seguras para sus propietarios: por eso está fijado en la ley que las nucleares tienen garantizada la venta de toda su producción: cuando una empresa que suministra energía a consumidores compra electricidad, está obligada a adquirir primero la de origen nuclear hasta que ésta se venda en su totalidad cada día.

Todo está montado para un robo legal. No hace falta que la Comisión del Mercado de Valores (como pedían el vicepresidente Iglesias y el ministro Garzón) investigue si hay manipulación del precio. Con cumplir la ley, amparados por la ley, las eléctricas  ya pueden saquear a la población.

Dependencia sin motivo

Respecto al argumento de la subida del gas de Argelia, el problema es cierto. La especulación que se ha desatado sobre la compraventa de materias primas en los mercados ha elevado su precio. Y ese gas se usa en España para producir electricidad en estaciones de ciclo combinado. Ahora bien, no es verdad que no se pueda actuar sobre ello.

Esas estaciones de gas sólo son un seguro; se ponen en marcha si el resto de fuentes de producción no alcanzan a cubrir las necesidades nacionales en un periodo. Pero se usa gas porque no se produce ni almacena suficiente energía eólica y solar, que ya es más barata que el carbón o la nuclear. 

Por ejemplo, ya está disponible en España la tecnología  que permite instalar turbinas en el mar, donde hay más viento y de manera más constante que en tierra, sin tener que posarlas en pilares sobre el suelo marino. Pueden estar flotando, resolviendo así que se instalen en cualquier costa sin importar su profundidad y con mucho menor coste.

Aclarando el recibo

Y cambiando la ley y eliminando los privilegios de las eléctricas, el gobierno también puede bajar el recibo rápidamente reduciendo los gastos que le cubrimos a las compañías de luz y  la carga de impuestos. 

Tomemos el ejemplo del blog del economista Santiago Niño-Becerra (https://sninobecerra.com/desglose-de-una-factura-electrica/) en el que explica dónde va cada euro de una factura eléctrica.

Desglose de una factura
Coste de producir la electricidad 14,20%
Transporte y distribución 16,30%
Subvención renovables 17,30%
Subvención a la industria 1,60%
Otros cargos (residuos, bono social…) 8,20%
Otros pagos a las grandes eléctricas (déficit tarifas anteriores, …) 19,70%
Iva y otros impuestos 22,70%

El precio de producción de la electricidad más su distribución tiene un peso del 31 % sobre el recibo final, todo lo demás corresponde a cargas extra sobre el salario de las familias.

Por ejemplo se supone que pagamos una indemnización a los monopolios porque en algún periodo se les obligó a vender por debajo de tarifa; pero los datos de sus beneficios en la última década son suficientes para dar por amortizado cualquier deuda anterior y eliminar ese gravamen de la factura.

Las eléctricas tienen sus beneficios blindados por ley

Y como bien de primera necesidad no debería tener el actual IVA. En Portugal lo bajaron este pasado verano del 23% al 6%. En Italia es del 10%, en Gran Bretaña del 5%…

¿Y los impuestos que se dejan de recaudar? Sólo gravando con un 20% extra los enormes beneficios de las grandes compañías del sector salen más de 1.200 millones de euros anuales  a recaudar.

No es verdad pues que estemos a merced de causas naturales y económicas sobre las que no se puede actuar.

Librando el recibo de las principales cargas impositivas, las empresas y cada hogar, pagaríamos la mitad que ahora.

Y a medio plazo, priorizando la generación de las energías más baratas (hidroeléctrica, eólica y solar), apoyando a pequeños y medianos inversores, descentralizando su producción para reducir el coste de transporte y almacenaje,  el recibo quedaría en un tercio del que hoy sufrimos

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