Trump presenta en Davos su 'Board of Peace'

La ‘Junta de Paz’ para Gaza, o Trump y la cueva de los 40 ladrones

Como la nueva Miami, como la Riviera de Oriente Medio. Con imágenes generadas por ordenador, mostrando flamantes rascacielos futuristas, zonas ajardinadas, parques de ocio, apartamentos de lujo, puertos deportivos. Así presentó Donald Trump su nuevo proyecto en el Foro de Davos, ante las oligarquías y élites políticas del mundo.

Con diapositivas de rascacielos y panoramas paradisiacos, hablando de oportunidades para los inversores inmobiliarios y hombres de negocios. Así presentó Donald Trump su «Board of Peace» (Junta de Paz) para Gaza en el Foro Económico de Davos.

Una hoja de ruta de la Casa Blanca que pretende convertir la Franja de Gaza en una «ciudad de vacaciones y negocios» y en un protectorado norteamericano, y que impone un gobierno colonial tutelado por el propio Trump que margina a los palestinos de cualquier toma de decisiones. Y que condena a los gazatíes a ser mano de obra barata -en el mejor de los casos- o a ser obligados al desplazamiento forzoso de su propia tierra.

Foro de Davos, 22 de enero. El encuentro anual donde se dan cita los más poderosos miembros de las clases dominantes y de las élites políticas del mundo. Este es el escenario donde Trump y su equipo -el empresario y negociador Steve Witkoff y Jared Kushner, empresario también y yerno del presidente de EEUU- presentaron su «Board of Peace» para Gaza.

Lo hicieron al más puro estilo de los inversores inmobiliarios de Wall Street, justamente el mundo de donde procede el propio Donald Trump. Con todo tipo de planos e imágenes generadas por ordenador, que mostraban ciudades futuristas y un urbanismo de vanguardia, presentando una «Nueva Gaza» y un «Nuevo Rafah» con hasta 80 rascacielos, zonas de turismo costero, parques industriales, más de 100.000 unidades habitacionales, un nuevo puerto cerca de Egipto, un aeropuerto, centros de datos y un corredor logístico. Un plan de 25.000 millones de dólares -para el que cada país que se apunte a formar parte de él, ha tenido que poner encima de la mesa 1.000 millones de dólares- que según Trump transformará la Franja en la «Riviera de Oriente Medio».

Con imágenes doradas y promesas millonarias, Trump y su gobierno trataba de esconder bajo la alfombra el atroz genocidio que ha perpetrado Israel en este enclave costero, con cerca del 90% de los edificios reducidos a 68 millones de toneladas de escombros; con más de 71.000 palestinos asesinados -aunque expertos humanitarios como Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para Palestina, advierten que podrían ser diez veces más- y más de 171.000 heridos. Con más de dos millones de gazatíes obligados a vivir como refugiados en su propia tierra, languideciendo de hambre y de frío mientras Israel sigue lanzando bombardeos ocasionales y bloqueando la entrada de ayuda humanitaria.

El ‘Board of Peace’ de Trump no sólo es una compañía privada de gestión diseñada para el control de Gaza y su explotación urbanística e inmobiliaria, sino un proyecto hegemonista para que la superpotencia -directamente o a través de su gendarme israelí- controle no sólo a Palestina, sino un punto estratégico para el dominio de Oriente Medio o de las rutas comerciales entre el Mar Rojo y el Mediterráneo. Una nueva «Compañía de las Indias Orientales» para Gaza.

Una «Junta de Paz» de la que se ha excluido a los palestinos, tanto a los gazatíes como a la Autoridad Nacional Palestina, y que estará presidida y supervisada -con derecho de veto en todas sus decisiones- directamente por Donald Trump. La formarán también, además de Witkoff y Kushner, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, el general estadounidense Jasper Jeffers y el ex primer ministro británico Tony Blair.

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¿Qué países y gobiernos forman parte del Board of Peace?

Evidentemente, de este gobierno neocolonial forma parte el propio Israel, autor directo del genocidio en Gaza, a costa del cual ahora extraerá negocios y beneficios. Pero también hay otros aliados de EEUU que se han sumado a repartirse el pastel de los escombros de la Franja.

Tenemos países árabes y musulmanes como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Turquía, Qatar, Jordania, Egipto, Bahréin, Pakistán, Indonesia, Marruecos. Y también otros gobiernos que buscan en esta Junta ganar cercanía con EEUU para sus propios intereses: la Argentina de Milei, la Hungría de Orbán, así como Armenia, Azerbaiyán, Bulgaria, Kazajistán, Kosovo, Paraguay, Uzbekistán, Mongolia, Albania, Bielorrusia, e incluso Vietnam.

Otros importantes países se han negado a participar en una propuesta que además de neocolonial y moralmente indefendible, es prácticamente «incompatible con la legalidad internacional y con la Carta de la ONU». Esta es la razón por la que los 27 paises de la UE -a excepción del gobierno protrumpista de Hungría- hayan rechazado participar en la Junta de Paz de Gaza que ha montado Trump.

El más crítico ha sido el presidente español Pedro Sánchez, que ha señalado que “esta Junta está fuera de la ONU y no ha incluido a la Autoridad Palestina. El futuro de Gaza y Cisjordania deben dirimirlo los palestinos”.

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¿Y qué pasará con los gazatíes?

Todo el mundo se hace la misma pregunta. Además de quedar excluídos de la toma de decisiones ¿qué implica la hoja de ruta de Trump para Gaza para la propia población civil gazatí que ahora sobrevive en tiendas de refugiados después de haber sido masacrada durante dos años?

«… y dejaremos algunos palestinos por allí para limpiar habitaciones y lavar platos». David Horsey (Seattle Times)

Según el plan presentado por Jared Kushner, la reconstrucción de la Franja comenzará por Rafah, al sur, donde está previsto que se levanten viviendas para la «fuerza laboral» que lleve a cabo el desescombro y luego desarrolle los trabajos necesarios para que se produzca la plusvalía.

Se supone que junto a este desescombro llevado a cabo por los palestinos, se produciría la retirada de las tropas israelíes del terreno, repliegue que ya debería haberse producido de acuerdo a los términos del Plan de Paz firmado en octubre entre Hamás y Netanyahu. Pero los hechos de momento indican que el gobierno israelí no tiene ninguna intención de hacer nada parecido, sino todo lo contrario. Pretenden mantenerse en ese territorio de forma permanente, ampliando su control hasta el 75% del territorio.

Por tanto, en el mejor de los casos, el destino de los gazatíes es servir de mano de obra barata para reconstruir lo que el sionismo ha bombardeado con saña durante más de dos años, para levantar la «Riviera de Oriente Medio» al servicio de los grandes inversores inmobiliarios de Wall Street, y para luego ser los empleados del servicio doméstico para las grandes fortunas que quieran disfrutar del lujo frente al Mediterráneo.

Pero esa -la opción colonial- es sólo la menos bárbara. La otra -y la más probable, viendo la naturaleza depredadora, criminal y genocida tanto del Estado de Israel como del hegemonismo norteamericano- es que los planes de Tel Aviv y Washington lleven tarde o temprano al desplazamiento forzoso de los dos millones de gazatíes a algún lugar aislado y mísero del planeta (como Somalilandia, la región separatista de Somalia, que acaba de ser reconocida por Israel) para que puedan ser aún más parias de lo que ya son, lejos de la tierra que les pertenece por derecho.

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Editorial

Trump y los cuarenta ladrones

Como la nueva Miami, como la Riviera de Oriente Medio. Con imágenes generadas por ordenador, mostrando flamantes rascacielos futuristas, zonas ajardinadas, parques de ocio, apartamentos de lujo, puertos deportivos. Así presentó Donald Trump su nuevo proyecto en el Foro de Davos, ante las oligarquías y élites políticas del mundo.

Este es el plan de «paz», de modernización y de futuro económico de Trump contemplado en su «Board of Peace», y presentado a los cuarenta ladrones: a los altos dignatarios y ricos inversores de países como Arabia Saudí, Emiratos o Bahreim, pero también de Marruecos, Argentina, Bielorrusia o Paraguay, y por supuesto Israel.

No sería tan obsceno si no habláramos de la Franja de Gaza.

«…Y con otros mil millones puedes conseguir un apartamento frente al mar». Viñeta de Chapatte

No sería tan indecente si no fuera tras haber sometido al enclave costero al más brutal de los genocidios de la historia moderna, con más de 78.000 palestinos asesinados -el 70% de ellos mujeres y niños, a manos de un ejército israelí que ha cometido todo tipo de crímenes de guerra, bombardeando escuelas, hospitales y campos de refugiados.

No sería tan abyecto si no fuera el escenario donde Israel -siempre con las bombas y los aviones suministrados por EEUU, y gracias a la total impunidad que le confiere ser el gendarme militar de la superpotencia en Oriente Medio- ha lanzado más de 100.000 toneladas de explosivos, el equivalente a 7 u 8 bombas atómicas como la de Hiroshima.

No sería tan inmoral si este fuera un proyecto de reconstrucción de Gaza decidido por los palestinos y para ser disfrutado y gestionado por los gazatíes, una pobre compensación económica por dos años de martirio y matanzas sin nombre.

Pero no es nada de eso. Se trata del reparto del botín de guerra entre EEUU y aquellos países que quieran ser sus cómplices en abalanzarse sobre Gaza y convertirla en un protectorado norteamericano, en una posesión colonial, en un enclave para los negocios de Wall Street o de la oligarquía israelí. Y donde los gazatíes y el resto de los palestinos no tienen nada que decidir, ni que decir, sobre el futuro de su propia tierra.

Trump ya ha presentado su proyecto inmobiliario, su plano urbanístico de Gaza. ¿Y qué pasará con sus actuales habitantes, con sus legítimos pobladores? ¿Qué destino ha deparado para los más de dos millones de gazatíes que ahora sobreviven, hambrientos y ateridos, entre las ruinas de lo que antes fue su hogar, o en tiendas de campaña empapadas de lluvia y frío?

No lo sabemos. Sólo podemos sospecharlo.

En el menos atroz de los casos, Washington querrá utilizar a los gazatíes como mano de obra barata para levantar la «nueva Gaza», como una fuerza laboral «low cost» para acabar siendo el servicio de las élites ultrarricas que la Casa Blanca proyecta como propietarios de los apartamentos de lujo frente a la costa mediterránea.

Primero los hemos masacrado, y luego les dejamos que sean los mayordomos, los chóferes y los jardineros de su propia tierra. Bienvenidos al nuevo colonialismo, bienvenidos al nuevo siglo XIX, bienvenidos al fideicomiso de Gaza.

Niños gazatíes en una escuela de la UNRWA, asustados ante el sonido de los aviones y las explosiones

Pero ese es sólo el menos brutal de los posibles destinos que Washington y Tel Aviv tienen en mente para los gazatíes. Y viendo las atrocidades que han hecho en los últimos dos años con la población civil palestina, es -por desgracia- el menos probable.

Porque lo que todo el mundo teme es que Trump y Netanyahu hayan diseñado el futuro de la Nueva Gaza… sin dejar en ella ni rastro de los gazatíes.

Lo que todo el mundo teme, porque todo el mundo ha visto, es que el genocidio de los gazatíes prosiga como prosigue en la actualidad. De otra manera, con otro ritmo, con otros tiempos. Intentando no volver a llamar demasiado la atención de la opinión pública internacional. Pero igualmente genocidio.

Esto es lo que todos tememos que oculten los planes de Trump y sus cuarenta ladrones de Gaza.

Con bombardeos sobre tiendas de campaña u hospitales que ya no son diarios, pero sí esporádicos, incluso periódicos.

Con un Israel que -violando los términos del acuerdo de paz- sólo permite la entrada en Gaza de una cantidad insultantemente baja de ayuda humanitaria, obligando a la población civil a vivir bajo la mordedura de la hambruna, la sed y la desnutrición crónica, en condiciones insalubres, y a la merced de la lluvia y el frío.

Lo que todos tememos, porque sabemos de la catadura moral del hegemonismo y su gendarme, es que la «Junta de Paz» de Gaza no sea más que un subterfugio lujoso para esconder la verdadera «solución final» de Netanyahu: la limpieza étnica, la expulsión forzosa -por las bombas, por la violencia, o por el hambre y la miseria extremas- de los dos millones de gazatíes a quién sabe qué lugar olvidado del planeta, como la recién reconocida Somalilandia, región separatista de Somalia en el cuerno de África.

Esto es lo que todos tememos que oculten los planes de Trump y sus cuarenta ladrones de Gaza.

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