La Casa Blanca exige que sus vasallos acudan al estrecho de Ormuz... pero todos le dan la espalda

La ira de Trump ante la espantada europea

Trump está que arde. Su cuartel está casi desierto. Nadie se ha presentado a filas. Todos sus socios del G7 han mostrado su objeción a ir a la guerra contra Irán

Está ocurriendo. Los EEUU de Donald Trump llevan semanas haciendo sonar su cuerno de guerra, exigiendo que sus vasallos europeos y otras potencias de su sistema de alianzas se sumen a Washington e Israel en la escalada militar en Oriente Medio, particularmente en el Estrecho de Ormuz.

En los primeros días de marzo, nada más iniciado el ataque a Irán, los vientos dominantes en los países del segundo mundo eran los del seguidismo y el acatamiento. Potencias como Francia, Reino Unido y Alemania llegaron a sugerir que se unirían a EEUU en el ataque a Irán.

Pocas semanas después, la veleta ha cambiado de dirección. Con la sola excepción de Israel, todos los aliados de EEUU han ido dando un paso atrás y ahora no quieren saber nada de implicarse en una guerra en Medio Oriente que amenaza de forma directa sus economías, su seguridad y su estabilidad. Trump se ha quedado solo.

Trump está que arde. Su cuartel está casi desierto. Nadie se ha presentado a filas. Todos sus socios del G7 han mostrado su objeción a ir a la guerra contra Irán, a desatascar militarmente un Estrecho de Ormuz bloqueado en represalia por Irán y por donde pasa el 20% de la producción global de hidrocarburos.

El presidente norteamericano, que acostumbra a tratar como vasallos a lo que antes eran aliados, ha declarado una guerra imperialista sin informar siquiera previamente a las cancillerías europeas. Una guerra que además de poner en grave peligro la Paz Mundial, afecta de manera directa a una Europa -y también a los países orientales, como Japón, Australia o Corea del Sur- que se abastece de petróleo de manera muy destacada del Golfo Pérsico. Al incendiar Oriente Medio, Trump ha puesto a Europa y a todo el planeta ante las puertas de una recesión económica.

Y ahora que ha tirado la piedra de manera unilateral, y viendo que el conflicto se le complica por la respuesta de una República Islámica que lleva décadas preparándose para una intervención de EEUU, exige la ayuda de la OTAN, que a la sazón es su «poder militar extendido», a pesar de que el Artículo 5 de la Alianza prevé la defensa colectiva en caso de que un aliado sea atacado, no en caso de que un aliado desate un ataque unilateral sobre otro país.

«Europa, ayúdame o echo abajo la puerta» Viñeta de Enrico Bertuccioli (Italia)

Ante la falta de entusiasmo por parte de sus vasallos, Trump recurrió a una muy poca velada amenaza. “Si no hay respuesta o si la respuesta es negativa, creo que será muy perjudicial para el futuro de la OTAN”, dijo a la prensa. «Siempre hemos estado ahí para la OTAN, los estamos ayudando con Ucrania. Será interesante ver qué país no nos ayuda con un esfuerzo muy pequeño como es mantener el estrecho [de Ormuz] abierto».

Pero sus bravatas no han conseguido nada. «Francia no enviará buques de guerra al estrecho de Ormuz mientras el conflicto siga escalando», ha dicho el Eliseo. «Esta no es la guerra de Europa», ha declarado la cancillería alemana. «Ormuz queda fuera del ámbito de la OTAN», ha dicho la responsable de exteriores de la UE.

Todos han dado la espalda al llamamiento de Trump, incluso un Reino Unido que siempre ha acompañado a EEUU en sus aventuras militares en Oriente Medio. Corea del Sur ha dicho que «toma nota» de la llamada a filas de Washington. Canadá, Australia o Japón han respondido con un sonoro ‘no’ más o menos cortés.

Washington tiene sólo a dos soldados en la fila. A su fiel gendarme sionista, Israel, que es prácticamente una extensión carnal del poder militar de la superpotencia. Y a un patético e irrelevante presidente argentino, el ultraderechista Javier Milei, que se ha ofrecido a mandar buques al Estrecho de Ormuz si así se lo manda su jefe de la Casa Blanca.

Deja una respuesta