Desde antes de retornar a la Casa Blanca y ya en su primer mandato, Donald Trump se ha encargado muchas veces de dejar claro qué trato debe dar la superpotencia norteamericana a Europa.
Vasallos antes que aliados, piezas del ajedrez político-militar de la partida que EEUU juega para tratar de mantener su declinante hegemonía. Esto es Europa para el republicano.
Un área que exprimir, un mercado donde Wall Street y sus transnacionales pueden y deben penetrar aún más intensamente, un territorio donde incrementar la explotación.
Un conjunto de países donde, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Washington tiene patente de corso para intervenir -de manera abierta o encubierta- para torcer el rumbo de los gobiernos y las opiniones públicas, buscando un total encuadramiento de los europeos en sus imperativos geopolíticos.
Y si la Unión Europea se vuelve demasiado correosa en las negociaciones, demasiado autónoma, demasiado difícil de reconducir, debe ser zarandeada, sacudida, amenazada y disciplinada. Incluso -recordemos el Brexit, donde Trump tuvo un papel más que determinante- si es necesario, descosida, desgajada y troceada.
Ya hemos presenciado muchas veces el trato vejatorio, hosco y degradatorio que Trump da a Europa y a sus gobiernos. Lo volvimos a ver en la reciente cumbre de la OTAN en La Haya, donde el presidente norteamericano consiguió que todos los líderes europeos -con la sola excepción del español Pedro Sánchez- tragaran con una exigencia que hace no tantos años hubiera parecido imposible: que cada miembro de la Alianza acepte dertinar el 5% del PIB a gastos militares, aún a costa de que eso sentencie de muerte a sus Estados del Bienestar.
Ahora lo hemos vuelto a ver con la publicación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU, que como plantea Enric Juliana en La Vanguardia es “manifiestamente hostil a la Unión Europea”.
“El documento vaticina una hecatombe civilizatoria en Europa como consecuencia de la inmigración masiva, las bajas tasas de natalidad y la “pérdida de identidad nacional”. El documento estratégico sostiene que Estados Unidos deberá apoyar a los “partidos patrióticos” (es decir, de extrema derecha) que han surgido en casi todos los países europeos en busca de una corrección de rumbo”.
Los partidos y gobiernos de la ultraderecha europea como sicarios al servicio de la “corrección de rumbo” que quiera dar Washington. Lo que el documento llama “partidos patrióticos” desenmascarados como lo que son: agentes de la intervención norteamericana en la UE.
.
Partidos “patrióticos”… de la patria de Trump
Desde estas páginas hemos denunciado muchas veces que el auge de la extrema derecha en Europa no es un proceso espontáneo, ni fruto de la “derechización de la sociedad”. Alguien les impulsa, les financia, les alienta y les promociona. Alguien los usa desde sus intereses de clase, a modo de arietes de sus más agresivos proyectos.

Y aunque entre los mecenas de la extrema derecha podemos encontrar sectores de las clases dominantes europeas, no podemos entender su crecimiento en los últimos años al margen del auge del trumpismo, de personajes como Steve Bannon -ex asesor de Trump y figura de la alt-right norteamericana- y su proyecto de “Internacional de extrema derecha” (The Movement) o sin entender el papel de “convenciónes ultras” que tienen las reuniones anuales de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) del partido republicano, donde han acudido con religiosa frecuencia -a “recibir orientaciones”- líderes como Orbán, Salvini, Abascal, Milei, Bolsonaro o Kast.
Estos partidos ultrareaccionarios funcionan como arietes de la agenda trumpista en Europa: desde la criminalización y hiper-explotación de la clase obrera migrante; a políticas turbocapitalistas en lo económico y ultrareaccionarias en lo social, con toda una andanada de ataques a los derechos y las libertades. Un modelo social donde se laminen y trituren los derechos laborales, tirando a la baja los salarios, destruyendo el Estado del Bienestar -sanidad, educación, pensiones públicas- para instaurar en Europa un modelo social hiperprivatizado, clónico al de EEUU.
La estrategia de EEUU para Europa pasa por el máximo descosido -e incluso algún desgajamiento, como vimos con el Brexit- de la Unión Europea, buscando dividir para vencer. Una relación en la que EEUU no tenga que negociar con un bloque cohesionado, sino lleno de grietas, fisuras y desavenencias, buscando una negociación uno a uno donde la superpotencia pueda imponer sus draconianas condiciones -económicas, políticas y militares- a cada país europeo. Y también en esto los partidos de la extrema derecha -que son todos, sin excepción, tan hostiles a las imposiciones de Bruselas como serviles y mansos ante las imposiciones de Washington- cumplen un papel de quinta columna.
En pocos documentos se reconoce de forma tan directa. franca, abierta y desvergonzada que EEUU interviene en la política interna de los países europeos. Cualquiera que sepa algo de política internacional ya sabe que esto es un hecho consabido, un secreto a voces. A veces no se molestan ni el ocultarlo, como cuando la Casa Blanca -a través de Elon Musk- intervino en las pasadas elecciones alemanas, ni más ni menos que apoyando abiertamente al partido neonazi Alternativa por Alemania.
Pero que no nos pille de sorpresa no signifique que debamos darlo como algo “normalizado”. ¿Se imaginan un documento público de la Comisión Europea, o del Europarlamento, diseñando las estrategias por las cuales la UE se dispone a intervenir en la batalla campal que es hoy la política estadounidense? ¿Se imaginan que salieran a la luz cómo lo ha hecho la Rusia de Putin, y el revuelo que levantaría?
.
La agresividad y la voracidad de una superpotencia en su ocaso.
La Estrategia de Seguridad Nacional de la segunda administración Trump es una amenaza para la paz, la democracia y las libertades en todo el planeta Es la geopolítica de la Dictadura Mundial de Trump.
Todo este amenazador proyecto para el Mundo y para Europa no se lanza por la fortaleza de EEUU, sino precisamente por lo contrario: porque la superpotencia vive su ocaso imperial. Son más voraces y peligrosos porque están en decadencia. Y cuanto más se acelera su ocaso, más agresivamente se revuelve, y más necesita incrementar los tributos imperiales hacia los países y pueblos de su campo imperialista, en particular Europa.
Necesitan dar un salto cualitativo en el saqueo de los países europeos, en la extracción de plusvalía de sus clases trabajadoras, para compensar lo que están perdiendo en otras muchas otras áreas de planeta donde su poder e influencia ha retrocedido por el avance de la lucha de los pueblos y de la emancipación de las naciones del Tercer Mundo, capitaneada por los BRICS.
Los pueblos y países de Europa debemos unirnos contra la superpotencia norteamericana y contra la grave amenaza que supone la Dictadura Mundial de Trump contra la soberanía, la prosperidad y la paz en todo el mundo.

