Elecciones en Alemania

Jugando con fuego

Terremoto polí­tico en Alemania. Tres elecciones regionales en las que la CDU de Merkel ha sufrido un enorme varapalo y los socialdemócratas del SPD se han desplomado. Emergiendo con fuerza Alternativa por Alemania, el partido de la derecha radical y xenófoba cuyo lema central de campaña ha sido: “no queremos recibir a ningún refugiado”.

El hasta ahora considerado sólido y estable mapa político alemán se tambalea. Sus dos grandes pilares, la CDU y el SPD, sufren una sangría de votos que mayoritariamente se han dirigido a una nueva fuerza emergente: Alternativa por Alemania (AfD).

Pero a diferencia de lo que ocurre en el sur de Europa (Grecia, España, Italia, Portugal,…) y en correspondencia con lo que está ocurriendo en el norte, el centro y el este del continente, estas nuevas fuerzas emergentes no son de cambio, sino reaccionarias, de regresión y escoramiento hacia un terreno político altamente peligroso. “El hasta ahora considerado sólido y estable mapa político alemán se tambalea”

El del auge del racismo, la xenofobia y la restricción de libertades que creen las condiciones políticas para el aumento de la explotación sobre los sectores más vulnerables de la población, formada en gran parte por trabajadores inmigrantes.

Al Partido Popular suizo, con el 29,4% de votos, el PP danés con el 21,1%, el Partido de la Libertad de Austria con el 20,5%, los Auténticos Finlandeses con el 17,6%, el Partido del Progreso noruego con el 16,3%, los Demócratas Suecos con el 12,9%, el UKIP británico con el 12,6% o el Partido por la Libertad holandés con el 10,1% se suma ahora Alternativa por Alemania que, de media, ha obtenido más del 17% de los votos.

Analistas y medios de comunicación achacan este auge de la derecha radical y xenófoba a la reacción de una parte de la población ante la perspectiva de degradación de sus condiciones de vida. Si es necesario hacer recortes y ajustes, que se los hagan a ellos, a los otros, a los inmigrantes, sería la lógica que, según este argumento, estaría detrás de esta aparentemente descontrolada expansión de la extrema derecha.

Una explicación que, si bien tiene una base real en el temor de la gente que ve alarmada cómo empeoran sus niveles de bienestar, oculta y distorsiona lo principal.

De la misma forma que en los años 30 no se podía explicar el ascenso del nazismo y el fascismo por la “evolución ideológica” de la sociedad, sino por la necesidad de las clases dominantes europeas de frenar a cualquier costa el avance de la revolución tras la crisis del 29, tampoco hoy se puede entender esta veloz y simultánea eclosión de la xenofobia y el racismo al margen de los intereses y necesidades actuales de las oligarquías financieras europeas.

Salir del estancamiento económico, recuperar la tasa de ganancia, hacer frente a los crecientes tributos impuestos por la hegemonía norteamericana exige a las clases dominantes europeas aplicar una política de saqueo sobre la mayoría de la población y, sobre todo, aumentar la explotación sobre la clase obrera.

El auge de la derecha xenófoba es inseparable del cumplimiento de esos objetivos. Fraccionar y enfrentar a las clases populares, presentando un chivo expiatorio adecuado: “no somos nosotros (los gobiernos), sino ellos (los inmigrantes) los que os quitan las ayudas sociales”. Someter por el miedo y el terror a una parte cualitativamente importante de la clase obrera europea para obligarles a aceptar un sistema de híper-explotación todavía mayor.

Unas maniobras políticas extremadamente peligrosas, como ya sabemos por experiencia las sociedades europeas.

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