La represión deja miles de víctimas mortales

Irán vuelve a levantarse contra el régimen de los ayatolás

Sería ingenuo pensar que EEUU o Israel no están interviniendo en Irán en pos de sus intereses. Pero las protestas hunden sus raíces en el genuíno y legítimo hartazgo de las clases populares iraníes con un régimen ultrareaccionario y corrupto, teocrático y fascista

La República Islámica de Irán vive una nueva e intensa ola de protestas, en lo que parece una reedición amplificada de la «Revolución del Velo» que en 2022 sacudió los erosionados cimientos del régimen de los ayatolás que lleva 46 años oprimiendo a las clases populares. Las propias autoridades de Teherán admiten más de 2.000 muertes en la represión, una cifra extremadamente alta, pero que organizaciones humanitarias elevan a 12.000.

Unas protestas que sin duda Washington e Israel -que buscan denodadamente el colapso de un régimen enemigo- están buscando aprovechar, pero que hunde sus raíces en el genuíno y legítimo hartazgo del pueblo iraní contra un opresivo y corrupto régimen teocrático-fascista.

Si la masiva ola de movilizaciones de 2022 -la «revolución del Velo»- tuvo como desencadenante la muerte de la joven Mahsa Amini tras ser detenida y presuntamente torturada por la «policía de la moral», la actual cascada de protestas -mucho más violenta y objeto de una más brutal represión- ha tenido como fulcro detonante la protesta de los «bazaríes», los comerciantes de bazar, la pequeña burguesía comercial de Teherán, tradicionalmente conservadora y afín al régimen.

Cuando el pasado 28 de diciembre, estos comerciantes se enteraron de la noticia de que el rial iraní había sufrido una nueva y drástica devaluación -lo cual, junto a una inflación del 50%, los llevaba a la ruina- bajaron las persianas y se echaron a las calles. Pocas horas después, les secundaban los estudiantes de una veintena de universidades y otros muchos colectivos, protagonizando multitudinarias protestas en Teherán, Mashhad, Isfahán, Kermanshah…

Las demandas, inicialmente económicas, rápidamente subieron de tono, exigiendo el fin del régimen islámico, con lemas como «muerte al dictador» (el ayatolá Jamenei) y «mujer, vida y libertad», en un claro eco de las protestas de 2022. A los pocos días los disturbios se habían propagado a las 31 provincias del país, superando las 500 localidades e implicando también no sólo a las clases populares urbanas, sino a minorías étnicas como kurdos o baluchis.

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Una represión brutal

La respuesta del régimen de los ayatolás ha sido -incluso dentro de los brutales estándares a los que nos tienen acostumbrados- especialmente dura, usando munición real, perdigones, gases lacrimógenos y redadas en hospitales para detener manifestantes.

El propio gobierno iraní ya admite al menos 2.000 muertes en la represión, una cifra de una dimensión que nunca habían admitido hasta ahora, pero que ONGs como Amnistía o el Centro para los Derechos Humanos en Irán consideran muy a la baja, y las multiplican por seis, hasta las 12.000 víctimas mortales. Estas organizaciones reportan más de 10.000 arrestos arbitrarios, incluyendo niños de hasta 14 años, con informes de tortura y desapariciones forzadas.

Se trata de cifras muy difíciles de verificar, debido a que el gobierno iraní ha impuesto restricciones de internet y una severa censura informativa.

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¿La mano de EEUU e Israel?

Para justificar su brutal represión, el régimen de los ayatolás ha acusado a los manifestantes de estar controlados por EEUU e Israel. Unas acusaciones que parecen reforzadas por las declaraciones de Trump, que afirma «evaluar opciones militares» contra la la República Islámica tras la represión de las protestas, con más de 600 de muertos. Y también que desde su exilio en Miami, Reza Pahlavi, hijo mayor y heredero del Sha de Persia, se haya postulado como la alternativa «democrática» y «convoque» nuevas manifestaciones

Los pretextos de Trump. Alaa Allagta

Después de todas las declaraciones de Trump y Netanyahu poniendo en la diana a Irán, y después de tanto Washington como Tel Aviv hayan bombardeado directamente a este país, eería ingenuo pensar que EEUU (y su gendarme israelí) no están interviniendo -abierta y encubiertamente- en la aguda crisis política, económica y social de Irán en pos de sus propios intereses imperialistas.

El Irán de los ayatolás, miembro de los BRICS+ y alineado con China y Rusia es el blanco de los ataques del hegemonismo en Oriente Medio, y Washington lleva décadas buscando hacer caer al régimen de los clérigos chíies levantando la bandera de la democracia y los derechos humanos, que los ayatolás violan despiadadamente.

Ahora bien, las protestas -las actuales o las de la Revolución del Velo de hace dos años protagonizada por las mujeres- hunde sus raíces en el genuíno y legítimo hartazgo de las clases populares iraníes con un régimen no sólo tiránico y teocrático, que asfixia sus libertades y derechos, sino explotador y corrupto hasta la médula, donde las riquezas del petróleo son controladas por una élite de clérigos y militares, mientras el pueblo vive en la más absoluta carestía.

El poder de los ayatolás no va a colapsar de la noche a la mañana, ni se va a disolver pacíficamente. Va a oponer una furiosa y sangrienta resistencia. Pero está herido de muerte, porque la inmensa mayoría del pueblo iraní, -y muy especialmente las mujeres y los jóvenes, junto a amplios sectores del pueblo trabajador- solo quieren que desaparezca.

Este régimen está tocado de muerte, en un estado de descomposición irreversible. No tiene vuelta atrás. Los de arriba no pueden seguir dominando, ni los de abajo no aceptan seguir dominados como hasta ahora.

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Los datos de Nazanín Armanian

Algunos apuntes de explotación y miseria del régimen de los ayatolás

Hay quienes al escuchar críticas sobre el régimen de los ayatolás en Irán se ponen en guardia, dando pábulo a la propia propaganda de los clérigos teocráticos de que cualquier reproche contra su poder es inevitablemente «propaganda occidental» o «insidias de EEUU e Israel».

Nazanín Armanian, escritora y politóloga iraní afincada en España

La verdad es revolucionaria. Conozcamos de la mano de Nazanín Armanian -escritora y politóloga iraní afincada desde hace décadas en España, inconfundiblemente antiimperialista y profunda conocedora de Oriente Medio- algunas pinceladas que retratan las tinieblas de explotación y opresión del régimen de los ayatolás, y cómo esta clase dominante, una auténtica burguesía burocrática teocrática, ha creado las bases del polvorín de malestar y hartazgo que periódicamente estalla.

Reproducimos algunos extractos de su análisis de esta revuelta, titulado «Irán ante el fin de la ‘caquistocracia’ islámica», que podemos leer en Público.

El detonante de estas protestas ha sido una nueva y drástica devaluación del rial iraní, que ha empobrecido aún más a amplias capas de la población, dice Armanian, «haciendo que el poder adquisitivo real cayera más del 55%. El índice de precios al consumo ha aumentado entre 14 y 15 veces. Las familias, en vez de alquilar viviendas pagan por vivir en las azoteas o en cuartos trasteros, mientras caminan sobre un mar de oro negro. El 10% más rico de la sociedad controla casi la totalidad de la renta y las riquezas de la nación. ¡Esa es la voluntad de Alá!, afirma el determinismo islámico».

«Cerca del 80% de los hogares iraníes se encuentran por debajo del umbral de la pobreza global; 7 millones de personas viven en la pobreza absoluta y casi 40 millones en la pobreza relativa. Entre ellos no hay ningún clérigo y tampoco ningún miembro del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), entidad cuya misión no es proteger a Irán sino a la teocracia mediante una dura represión interna y la expansión del islam chiíta», escribe Armanian.

Marco De Angelis (Italia)

La miseria y el endeudamiento han llegado a niveles insoportables. Los intereses de los créditos bancarios a las familias es de auténtica usura, y ya supera el 30%. «La normalización de la deuda es tal que en los pueblos hay familias que compran hasta el pan a plazos. Una inflación oficial de 65% y una hiperinflación del 600% en numerosos artículos, por lo que millones de jóvenes no pueden formar una familia».

A esto hay que sumarle «la caída del salario mínimo: en 2024 equivalía a 110-125 dólares, y ahora son unos 90». También «el aumento de la brecha entre las clases: una minoría del 10% se han hecho más ricos y la clase media ha desaparecido prácticamente»

«El Gobierno iraní cortó el mes de octubre los subsidios y las ayudas a 14 millones de familias vulnerables por falta de dinero». Todo ello mientras «el consumo de calorías ha caído en dos años por debajo de las 2.100 calorías diarias».

Amplias capas del pueblo soportan estos padecimientos «mientras el régimen transfería unos 1.000 millones de dólares al Hezbolá libanés tanto para su guerra religiosa como para los negocios personales», asegura Armanian.

«La Teocracia Totalitaria Islámica (TTI) no sólo es una dictadura religiosa donde los tribunales de la inquisición juegan un papel fundamental en el control social, también es un feroz capitalismo de los nuevos ricos que ignora las demandas de subsistencia de la población, cuando el reparto justo de la renta del petróleo fue una de las demandas básicas de la revolución de 1978 contra la dictadura del Sha»

2 comentarios sobre “Irán vuelve a levantarse contra el régimen de los ayatolás”

  • Que HGPSA!!!. Capitalistas, corruptos y criminales hasta el tuétano. No tienen perdón ni de Diós ni de nadie. Difícil para el pueblo iraní estar entre la espada Chií y la pared del Imperialismo de EEUU con su Sionismo Holding Terror…

  • Monkey D Dragon dice:

    Es evidente, el Tío Sam quiere que las clases populares del mundo tengamos que elegir entre dar prioridad a las exigencias del pueblo iraní aunque suponga la intervención imperialista norteamericana y de los fascistas del sionismo o de que se defienda la soberanía nacional aunque haya que apoyar a los fascistas de los Ayatolás.
    Pues la posición correcta es apoyar al pueblo iraní contra el régimen fascista y al mismo tiempo denunciar una posible intervención de EEUU sobre el país

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