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Irak: retorno a las viejas enemistades

El PRESIDENTE OBAMA usó un tono de “misión cumplida” al saludar a Nouri al-Maliki en la Casa Blanca la semana pasada, colmando de elogios al primer ministro iraquí, y declarando que “dirige el gobierno más plural de Irak.” No pasó mucho tiempo para que esas palabras regresaran como un boomerang. Tan pronto como el Sr. Maliki volvió a Bagdad lanzó lo que parece un intento de golpe contra los principales líderes sunitas del país. Aunque el resultado todavía está en el aire, el frágil orden político en Irak parece en peligro de derrumbe sólo unos días después de la salida de las tropas de EEUU.El golpe de Maliki tomó la forma de cargos penales contra el vicepresidente Tariq al-Hashemi, un sunita conocido por sus intentos de llegar a acuerdos con los líderes chiítas. Tres guardias de seguridad arrestados la semana pasada fueron exhibidos en la televisión estatal el lunes, donde confesaron actos de terrorismo y alegaron que el señor Hashimi se lo había ordenado. Al-Maliki, por su parte, pidió al Parlamento un voto de no confianza contra el viceprimer ministro Saleh Mutlaq, otro sunita. Miembros suníes del Parlamento y ministros del gabinete respondieron suspendiendo su trabajo – amenazando con un colapso del gobierno.No tenemos suficiente información como para juzgar los cargos contra el Sr. Hashemi, y algunos líderes sunitas o chiítas no están libres de vínculos con la violencia que ha sacudido Irak desde 2003. Sin embargo, el momento y la forma televisada de los cargos del Sr. Maliki contra el vicepresidente son abiertamente políticos. Siguieron a lo que ha sido una creciente campaña del primer ministro, un chií con estrechos vínculos con Irán (…) Cientos de ex miembros del Partido Baath de Saddam Hussein han sido arrestados en las últimas semanas. Las fuerzas de seguridad controladas por el Sr. Maliki han rodeado las sedes de los líderes sunitas en Bagdad.La administración Obama parece sorprendida por la crisis. No hay de qué sorprenderse. Corría ese riesgo cuando fue advertido por sus jefes militares que algunas fuerzas de EEUU debían permanecer en Irak como garantía contra una vuelta al conflicto sectario. Líderes suníes y kurdos también instaron a funcionarios de EEUU para negociar un acuerdo permenente con al-Maliki, y ahora dicen que sus peores temores se pueden hacer realidad. “Los estadounidenses se retiraron sin completar el trabajo que debería haber terminado”, dijo Iyad Allawi, líder del bloque político laico apoyado por la mayoría de los sunitas, a la agencia Reuters el martes.La retirada de EEUU era obligada en parte por un acuerdo alcanzado por la administración Bush, así como la presión interna sobre al-Maliki de próximos a Irán. Pero asesores de la Casa Blanca que argumentaban que no era necesario que se quedaran las fuerzas ahora verán si sus argumentos son ciertos. Diplomáticos de EEUU en Bagdad están tratando de ayudar al presidente kurdo y al ministro de Relaciones Exteriores de Irak desactivar el incipiente conflicto; el vicepresidente Biden habló por teléfono el martes con al-Maliki y el presidente sunita del Parlamento. La presión de Washington incluye la venta prometida al gobierno de Maliki de aviones F-16 y la formación de pilotos iraquíes.Al-Maliki ha dicho que desea mantener una alianza estratégica con Estados Unidos. Si eso es cierto, Obama aún podría salvar la situación mediante la entrega de un mensaje que no podía comunicarse en público la semana pasada: la alianza no se podrá mantener con un gobierno iraquí que lleve a cabo una agenda sectaria o busque un poder autoritario.

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