Intervención en Libia, discordias en Washington

“El presidente Obama, que apareció por la mañana con el primer ministro de Australia, trató de aumentar aún más la presión sobre el coronel Gadafi al hablar de “una gama de posibles opciones, incluyendo posibles opciones militares” contra el lí­der libio asediado. A pesar de la declaración del Sr. Obama, entrevistas con militares y otros funcionarios del gobierno describen una serie de riesgos, algunos tácticos y otros polí­ticos, en la intervención estadounidense en Libia.”

Lo más reocupante para el propio presidente, dice un asesor de alto nivel, es la percepción de que Estados Unidos esté una vez más injiriéndose en Oriente Medio, donde se ha derrocado a más de un líder, incluyendo a Saddam Hussein. Algunos críticos de Estados Unidos en la región –así como algunos dirigentes– ya han afirmado que una conspiración occidental está avivando las revoluciones que desbordan Oriente Medio (THE NEW YORK TIMES) THE WALL STREET JOURNAL.- Es prácticamente un hecho que China superará a Estados Unidos como la principal economía del mundo, probablemente en las próximas dos décadas. El yuan, sin embargo, quizás nunca desplace al dólar de su pedestal. Hace falta más que poder económico para que un país establezca su moneda en los mercados y los títulos públicos en todo el mundo. De hecho, el status preferencial del dólar y del euro en los pagos vinculados al comercio internacional- como inversión de seguridad y como moneda por la que optan muchas naciones para sus reservas en moneda extranjera- depende de algo de lo que hoy China carece: el imperio de la ley y la estabilidad política a largo plazo. EEUU. The New York Times Crecen las discordias en Washington sobre una posible intervención en Libia David E. Sanger y Tom Shanker Casi tres semanas después de que en Libia se desatara una erupción que ahora puede convertirse en una guerra civil prolongada, la política de intervención militar para acelerar el derrocamiento del coronel Muammar el-Gadafi se vuelve más complicada por días – tanto para la Casa Blanca como para los republicanos. El presidente Obama, que apareció por la mañana con el primer ministro de Australia, trató de aumentar aún más la presión sobre el coronel Gadafi al hablar de "una gama de posibles opciones, incluyendo posibles opciones militares" contra el líder libio asediado. A pesar de la declaración del Sr. Obama, entrevistas con militares y otros funcionarios del gobierno describen una serie de riesgos, algunos tácticos y otros políticos, en la intervención estadounidense en Libia. Lo más preocupante para el propio presidente, dice un asesor de alto nivel, es la percepción de que Estados Unidos esté una vez más injiriéndose en Oriente Medio, donde se ha derrocado a más de un líder, incluyendo a Saddam Hussein. Algunos críticos de Estados Unidos en la región –así como algunos dirigentes– ya han afirmado que una conspiración occidental está avivando las revoluciones que desbordan Oriente Medio (…) Al mismo tiempo, hay voces persistentes –en el Congreso e incluso dentro de la administración– que argumentan que Obama se está moviendo demasiado despacio. Sostienen que hay demasiada preocupación sobre las opiniones, y que la Casa Blanca es demasiado delicada a causa de Irak. Además, dicen que los militares, atrapados en dos guerras difíciles, han exagerado los riesgos de la imposición de una zona de exclusión aérea sobre Libia, la táctica más a menudo citada. Los militares estadounidenses también se muestran escépticos en privado de los gestos humanitarios que pongan las vidas de las tropas en riesgo por una cuestión coyuntural, pero que sólo tiene un tenue interés nacional. Algunas de estas voces críticas parecen motivadas por sacar ventaja política. Otras, entre ellas el presidente del Comité Senatorial de Relaciones Exteriores, John Kerry, quien es uno de los aliados más cercanos de Obama, advierten de repetir los errores cometidos en el Kurdistán iraquí, Ruanda y Bosnia-Herzegovina, al no intervenir y poner fin a una masacre. En el campo de las voces más extremas, encabezado por los senadores John McCain, el candidato republicano a la presidencia en 2008, y Joseph I. Lieberman, independiente por Connecticut y otros halcones de la intervención en Libia, dicen que la justificación central para el establecimiento de una zona de exclusión aérea sobre Libia es que los líderes rebeldes están buscando ayuda militar para poner fin a décadas de dictadura. No es un esfuerzo para imponer a EEUU sobre el mundo musulmán, sostuvo el Sr. Lieberman en una entrevista el lunes. "Tenemos que tratar de ayudar a aquellos que están ofreciendo una alternativa de futuro a Libia", dijo Lieberman, que suena muy parecido a lo dicho por Obama en la Casa Blanca el lunes. "No podemos permitir que sea ahogada o detenida por acciones brutales del gobierno de Libia." Pero incluso los críticos reconocen que el mejor resultado sería que Estados Unidos no fuera solo, sino junto a otras naciones u organizaciones internacionales, como la OTAN, la Liga Árabe o la Unión Africana. El señor Lieberman y otros sostienen que los riesgos de esperar pueden ser mucho mayores que el riesgo de una temprana y decisiva intervención militar. Reconoció que, como en Irak, Estados Unidos podría desatar un futuro incierto de rivalidad entre las tribus y caos en un país que no tiene instituciones capaces de llenar el vacío si el coronel Gadafi es expulsado del poder. Sin embargo, sostuvo: "Es difícil imaginar que un nuevo gobierno que surja de esta oposición sea peor que Gadafi". En la televisión, McCain ha hecho observaciones parecidas, retratando a Obama como indeciso y débil. Pero curiosamente, en un signo de la incertidumbre acerca de cómo la política de intervención norteamericana se llevaría a cabo, pocos de los posibles candidatos para la fórmula presidencial Republicana de 2012 han expresado una opinión firme. Para la administración, la opinión del Sr. Kerry es más problemática, dado que normalmente es un aliado firme en cuestiones de política exterior. Fue un feroz crítico de la guerra en Irak, pero ve a Libia como un asunto diferente. Está presionando a la Casa Blanca para hacer más – incluyendo "cráteres" en los campos de aviación de Libia para que los aviones no pueden despegar. Kerry, quien está abiertamente del lado de aquellos que quieren que el presidente tome una postura pública más fuerte, dijo que estaba presionando a la administración a "prepararse para cualquier eventualidad", y advirtió que "demostrar grandes reticencias de una manera pública, no es la mejor opción." "Uno tiene que estar preparado si sigue bombardeando a la gente, y matando a su propio pueblo", dijo refiriéndose al coronel Gadafi. El pueblo de Libia, dijo, "se sentiría indefenso y eso sería irresponsable -. Tienes que estar listo" Y agregó: "Lo que me asalta es el fantasma de Irak en 1991," cuando el ex presidente George Bush "instó a los chiítas a levantarse, se levantaron, y mientras los tanques y los aviones se acercaban a ellos – nosotros no aparecimos por ningún lado . " "Decenas de miles fueron masacrados", dijo Kerry. El presidente Bill Clinton, añadió, "perdió la oportunidad en Rwanda, y más tarde dijo que era el mayor pesar de su presidencia, y luego fue demasiado lento en Bosnia", donde los Estados Unidos terminaron usando su poder aéreo, también en defensa de una población musulmana. Funcionarios de la Administración dicen que el enfoque sobre las zonas de exclusión aérea es exagerado. "Las zonas de exclusión aérea no son eficaces contra los combatientes, en realidad tienen un efecto limitado contra los helicópteros o los tipos de operaciones en tierra que hemos visto" en Libia, dijo el lunes el embajador estadounidense ante la OTAN, Ivo Daalder. Añadió que "la actividad general en el aire no es el factor decisivo" en las luchas entre los rebeldes y los leales y los mercenarios que rodean al coronel Gadafi. Es posible que el mero hecho de hablar de zonas de exclusión aérea tuviera algún efecto. Funcionarios militares y del Pentágono confirmaron que incursiones realizadas por aviones leales al gobierno Gadafi se habían reducido a la mitad en los últimos tres días. No hay ninguna explicación de este cambio, pero podría tener que ver con la decisión de usar helicópteros, que son menos provocadoras y más difíciles de rastrear. La mayor voz de la prudencia ha sido el más prominente republicano en el gabinete Obama, el secretario de Defensa Robert M. Gates. Fue el señor Gates, quien habló la semana pasada más firmemente contra la intervención – algo que incluso algunos en la Casa Blanca dicen en privado que creen puede haber sido exagerado para llamar la atención acerca de cómo acciones militares que parecen fáciles, rápidamente pueden convertirse en complicadas. Gates advirtió con fuerza al Congreso durante la comparecencia sobre el presupuesto que el primer acto en la imposición de una zona de exclusión aérea sería un ataque a la defensa aérea del coronel Gadafi, y que este paso sólo debe tomarse si Estados Unidos están listos para una prolongada operación militar que podría cubrir toda Libia. Advirtió que podrían agotarse los recursos, ya están sobrecargados por Afganistán e Irak, dado que Libia es un territorio enorme. En entrevistas esta semana, algunos oficiales del ejército dicen que la imagen dada por Gates es extremada. La ejecución de una zona de exclusión aérea no necesita cubrir todo el país. La mayor parte de la acción en Libia sería a lo largo de la costa, donde las grandes ciudades están ahora en manos de los rebeldes. Aun así, la misión de imponer la apertura de una zona de exclusión aérea es casi seguro que incluiría ataques con misiles a los sitios de defensa aérea de una nación soberana, que algunos de hecho consideran como un acto de guerra. Dejando a un lado las cuestiones tácticas, a lo que al Sr. Gates se refiere, dicen funcionarios del Pentágono, es a las consecuencias políticas de que EEUU ataque a otro país musulmán – incluso en nombre de la población musulmana. Pero él es consciente de la lección número uno de Irak: que una vez que Estados Unidos desempeña un papel importante en el derrocamiento de un líder de Oriente Medio, es responsable de cualquier Estado que surja en su lugar. THE NEW YORK TIMES. 7-3-2011 EEUU. The Wall Street Journal ¿Puede el yuan sustituir al dólar? Shen Hong Es prácticamente un hecho que China superará a Estados Unidos como la principal economía del mundo, probablemente en las próximas dos décadas. El yuan, sin embargo, quizás nunca desplace al dólar de su pedestal. Hace falta más que poder económico para que un país establezca su moneda en los mercados y los títulos públicos en todo el mundo. De hecho, el status preferencial del dólar y del euro en los pagos vinculados al comercio internacional- como inversión de seguridad y como moneda por la que optan muchas naciones para sus reservas en moneda extranjera- depende de algo de lo que hoy China carece: el imperio de la ley y la estabilidad política a largo plazo. A medida que la corrupción sigue rampante y que la brecha entre ricos y pobres se sigue ensanchando, la inestabilidad social continúa siendo una amenaza real para un país que no tiene un sistema democrático. Para que los bancos centrales acepten almacenar yuanes a largo plazo, será necesario que queden convencidos de que Beijing establecerá un sistema político que hará que el futuro de la nación será estable y fácil de predecir. Como resultado de ello, las preguntas sobre el futuro del yuan dependen en gran medida de una pregunta aún más importante: ¿Cuándo tendrá China elecciones libres? Desde julio de 2009, los exportadores chinos de 20 regiones han estado cerrando operaciones en yuanes. Las importaciones chinas que se pagan en yuanes siguen siendo menos de 1% del total de bienes que ingresan a China, pero esa participación se espera que crezca hasta 20% en 2015, de acuerdo a un informe investigativo de Standard Chartered Bank, de Londres. China está tratando de que Hong Kong sea un centro satélite para las operaciones e inversiones con yuanes y en productos financieros basados en el yuan. Se han dado pasos clave hasta ahora como la creación de un mercado para intercambiar notas en yuanes y el denominado mercado de bonos "dim sum", que permite el corretaje con deuda denominada en yuanes emitida por compañías extranjeras y bonos chinos. Ambos mercados han visto un crecimiento fuerte en los últimos meses, reflejando el optimismo a largo plazo sobre la economía china así como sobre el yuan. Beijing también dio recientemente al Banco de China, uno de los más grandes bancos chinos manejados por el gobierno, permiso para llevar a cabo operaciones en yuanes a sus clientes en Estados Unidos, una decisión que se vio como un aval simbólico del gobierno a al corretaje extranjero del yuan. Esos son pasos importantes. Pero los expertos dicen que China debe hacer más para persuadir a las empresas locales y extranjeras de que cierren negocios en yuanes, y para alentar a los bancos centrales del mundo a tener activos denominados en yuanes como parte de sus reservas. Simplificar las regulaciones sobre divisas y crear más formas de reinvertir los yuanes que no están en China en ese país será crucial. "Un paso importante hacia una mayor convertibilidad del yuan sería abrir aún más el mercado interno de bonos chinos a los inversionistas extranjeros", dice Patrick Perret-Green, jefe de corretaje de moneda extranjera y estrategia de mercado local para Asia de Citrigroup. Beijing le concedió en agosto a un pequeño grupo de inversionistas extranjeros acceso a su vasto y potencialmente lucrativo mercado "on shore" de bonos que funciona entre los bancos, aunque lo hace con un rígido sistema de cuotas. Además, China está considerando permitir a los fondos que utilizan yuanes con sede en Hong Kong invertir en la bolsa del resto del país. Y la bolsa de Shangai tiene un plan para permitir a las empresas extranjeras ofrecer acciones denominadas en yuanes. THE WALL STREET JOURNAL. 2-3-2011

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