editorial

Insistimos…

Tal y como dijimos entonces “juntos representan una parte significativa del mundo de la cultura española… un Premio Velázquez, un Premio Cervantes, un Premio Prí­ncipe de Asturias, un Premio Nacional de Teatro, una Medalla de Oro al Trabajo, un Premio de la Union de Actores, la Creu de Sant Jordi, un Goya de Honor… además de cientos de pelí­culas, de cuadros, de obras de teatro, de obras literarias, de reconocimientos, de redes populares de formación y promoción de la cultura, de cientos de miles de horas de profesionales en muy diferentes campos, de multitud de contribuciones al desarrollo y enriquecimiento del pensamiento y la del paí­s”.

Un manifiesto con “tradición, trayectoria y mucho futuro”.

Ahora se convocan nuevas elecciones, y desde Foros21… insistimos, continuando y ampliando el movimiento que se inició entonces y que no ha cesado.

Con aquel manifiesto quisimos denunciar la expulsión de la Cultura de la campaña electoral, algo que dijimos, era “no solo un error, sino además un déficit en el

diagnóstico y las alternativas que se han puesto encima de la mesa […] tenemos que lograr que los diferentes sectores de la Cultura y sus profesionales recobren el papel social que les corresponde, y que sistemáticamente se les ha negado estos años”.

El manifiesto recogía seis ejes programáticos esenciales porque “no habrá un cambio de verdad, si no hay también un cambio profundo en la cultura de nuestro país”. Ejes que reproducimos en el interior de este número.

“El alma viva de nuestra cultura y la industria cultural “

Aquella fue la primer etapa, tan solo el primer paso de lo que pretendemos que sea un nuevo movimiento cultural como sostén de una nueva alternativa para sacar a España de la crisis. Desde entonces otros profesionales se han sumado, y estamos seguros de que hasta el 26 de junio muchos más lo harán.

Es un un proceso abierto en el que debemos considerar dos etapas. Por una parte los ejes clave, como son defender la soberanía y la pluralidad cultural del país frente a las políticas de la Troika, o desarrollar un tejido cultural de amplia participación social que garantice una cultura de base, de carácter popular. Y por otra, la incorporación tanto del saber y la experiencia de tantos profesionales que son el alma viva tanto de nuestra cultura, como de lo que debería ser uno de los centros de nuestra economía, la industria cultural.

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