El 11 de septiembre de 1973 los aviones de Pinochet bombardean el Palacio de la Moneda. Es el fin del presidente Salvador Allende, atrincherado y fusil en mano da su último mensaje al pueblo chileno. “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. La historia es nuestra y la hacen los pueblos«.
Medio siglo después, en Chile y toda América Latina ganan los Allende y ganan los pueblos, y pierden los Pinochet, los Kissinguer y los Imperios.
Hoy Chile nos habla de futuro y revolución. Allende se presentaba por cuarta vez cuando su coalición de izquierda, Unidad Popular, gana las elecciones. El triunfo transcendió las fronteras chilenas. La ‘Unidad Popular’ proponía abiertamente construir el socialismo, alcanzar una justicia social duradera dentro del sistema legal a través de cambios estructurales en la economía. Esa noche del 4 de septiembre de 1970, una multitud baila en las calles de Chile. Las familias trabajadoras que han construido el país sin disfrutar de sus riquezas recorren las calles en un reclamo feliz y rebelde. Los nadies festejan el porvenir, por un orden social que sí les reconozca.
Mil días de infarto y desafío

Los 1.001 días del gobierno de Allende y la Unidad Popular son el más ambicioso proceso de cambios del que haya sido testigo Chile. El gobierno de la UP se abre con un plan económico redistributivo sin precedentes y establece la “participación activa de los trabajadores” en todas las esferas de la sociedad civil. Con las “Primeras 40 medidas” se inicia la nacionalización de 11 bancos y grandes empresas monopolistas. Una senda de conquistas populares frente a la oligarquía chilena y el dominio de EEUU.
Antes del primer año, la reforma agraria posibilita la agricultura moderna en Chile. Desaparece el gran latifundio con la expropiación pública de más de 6.400 haciendas agrarias, miles tomadas directamente por trabajadores agrícolas. Mejora la red de hospitales y se amplía el acceso a la universidad. “Los éxitos de Allende, no sus fracasos, fueron la causa del Golpe”, afirma el periodista Alfredo Sepúlveda.
“Batirse el cobre”

La nacionalización del cobre llevada adelante por Allende, la principal riqueza del país, equivale a dar paso a la Segunda Independencia Nacional. Los monopolios estadounidenses poseían la administración de las minas, la explotación de minerales y el control total de las ventas. El gobierno pasó a controlar el 100% de la producción. Es la transformación política de redistribución de la riqueza más importante del Siglo XX en Chile y toda América. Estocada directa a la histórica dominación de la superpotencia norteamericana.
Chile inquebrantable.
“La elección de Allende representa para nosotros uno de los más serios desafíos jamás enfrentados en este hemisferio”, escribió Kissinger a Nixon. Washington y la clase dominante chilena y usarán la desestabilización política, el desabastecimiento de alimentos, el boicot económico internacional, la guerra sucia de grupos de extrema derecha o los paros patronales. Y no pueden con Chile.
El apoyo a la ‘UP’ aumenta sin cesar, al cabo de 2 años y medio sube al 43,4% de los votos y en diputados. Los anhelos de cambio social no han retrocedido y el pueblo chileno aumenta su capacidad de lucha y organización. La huelga anti-Allende en la gran mina de El Teniente paraliza un 20% de los ingresos del país. La mitad de sus 8.000 trabajadores mantiene la producción de la mina doblando turnos y horas extras durante más de dos meses.
El terror ‘made in USA’

Las masas populares arropan a un gobierno que defiende sus intereses. A Nixon sólo le queda un recurso: la CIA promueve un golpe de Estado por todos los medios posibles.
La feroz represión fascista de Pinochet dejó más de 40.000 víctimas: secuestrados, torturados, arrojados al mar, desaparecidos, bebés robados. Más de 3.000 asesinatos y de 1.400 desapariciones forzadas.
La dictadura da paso en 1990 a una democracia bajo severo control de EEUU y la oligarquía chilena.
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Falsas décadas prodigiosas
La Constitución dictada por Pinochet consagraba un régimen político ferozmente neoliberal y ultra-privatizado, con penosas condiciones de vida y trabajo. Chile era un eficaz y plácido laboratorio económico de la “Escuela de Chicago”. Los grandes capitales oligárquicos y norteamericanos privatizaron el agua potable, sanidad, educación y por supuesto las pensiones.
La economía crece sistemáticamente mientras aumenta la pobreza. Los sucesivos gobiernos mantienen la carestía y la creciente desigualdad. Del derechista Piñera, a la socialdemocracia de Bachelet. Atracos en la tarifa de la luz, el gas, la gasolina o transporte. El coste sanitario privado triplica el de Alemania y la electricidad duplica los precios del resto de América Latina.
Se viene el estallido

La vigésima subida del billete del metro en una década prende una mecha irreversible. Múltiples protestas han crecido a cada año y una fuerza abrumadora colapsa el país. Por primera vez desde Pinochet, se decreta toque de queda y el ejército se despliega en las ciudades. De nada sirve, las protestas siguen hasta la huelga general. Hace escasos cinco años, Chile parecía ser un oasis.
El profundo hartazgo del pueblo, más allá del gobierno de turno, se extiende contra un sistema heredero de Pinochet e intervenido hasta la médula por Washington. La gigantesca ola de luchas sociales pone en quiebra tres décadas de “democracia” y bipartidismo. En poco tiempo, la Constitución pinochetista es sepultada por millones de votos y una avalancha de celebración cubre las calles.
Ya cambió todo

Gabriel Boric es el primer presidente ajeno al bipartidismo. Las históricas movilizaciones de 2019, asentadas sobre un mar de fondo de luchas mantenidas durante años, han permitido un gobierno progresista. Con un programa claro, y antes impensable, redistribución de la riqueza y autonomía política sin subordinarse a ninguna potencia. El triunfo del pueblo chileno resuena en todo el planeta. Ha conquistado una situación en la que seguirán los avances rotundos, pero también habrá errores y retrocesos. Incluso reveses, como el fracaso de redactar y aprobar la nueva Constitución. Hoy, pese a coletazos de la reacción, no hay vuelta atrás: Pinochet está en el vertedero de la historia y la vía férrea de fieles gobiernos neoliberales sigue tapiada. La batalla de Chile, victoria sin paliativos.
Las caras de la Memoria

Para quienes no se han cansado de buscar. Para todo el país. Las caras de los detenidos y desaparecidos por la dictadura lucen proyectadas en La Moneda, los rostros de quienes lo entregaron todo. Por iniciativa del gobierno como parte del 50 aniversario del Golpe.
A la par, los torturadores son juzgados y encarcelados. Los últimos, los 7 ex-militares condenados por el asesinato del cantautor comunista Víctor Jara.
El hoy ya pertenece a “los nadies”. El semblante de las guerras floridas de Chile abriendo las alamedas: que el mundo entero los vea.
Carlos cointelpro dice:
Muy buen y esclarecedor artículo
Yo os dejo uno de la BBC https://www.bbc.com/mundo/articles/cw0k957pln4o
Carlos cointelpro dice:
Hoy hacen exactamente 50 años del golpe de estado,el 11 de Septiembre de 1973
La verdad es que, como dice el artículo,el pueblo chileno los tiene bien puestos, porque los carabineros disparaban a los ojos https://youtu.be/FMNIWzu4ceg?si=GGfsCepjSuR_b0KU
Democracia y socialismo, os lo habéis ganado, chilenos
Carlos cointelpro dice:
Y como buen día de la diada catalana,lo vamos a celebrar a lo grande
«Antonio de Villarroel, general jefe de Cataluña y comandante de la plaza de Barcelona. Éste último proclamó: `Combatimos por toda la nación española’. Como lo dice Pierre Vilar, el patriotismo desesperado de 1714 no es únicamente catalán, sino español.»😁
Hala ya, que se callen los catalanistas, que no conocen ni la guerra de Sucesión española 🙄