Islamabad ataca Kabul y otras ciudades de Afganistán

Guerra abierta entre Pakistán y Afganistán

Imposible relacionar la guerra que ha estallado entre Pakistán y Afganistán con la ofensiva que EEUU e Israel están desplegando en Oriente Medio. No hay que olvidar que ambos países tienen frontera con Irán... y con China.

Apenas unos pocos días antes de que los ataques de Washington y Tel Aviv incendiaran Oriente Medio, a unos 2.000 km al este otro foco de tensión estallaba en llamas.

Con el respaldo de EEUU, Pakistán ha iniciado una guerra abierta con su país vecino, Afganistán, donde desde 2021 tienen el poder los talibanes. El gobierno de Islamabad ha lanzado ataques aéreos contra la capital, Kabul, y otras ciudades afganas y ha rechazado cualquier posibilidad de negociación, después de que el régimen integrista ofreciera una salida diplomática a la escalada bélica. «No habrá ninguna charla. No hay diálogo. No hay negociación. El terrorismo desde Afganistán tiene que terminar», dijo el portavoz del primer ministro paquistaní.

Aunque el sustrato del que brota esta nueva guerra viene de lejos, y tiene sus propias dinámicas locales, es imposible no relacionarlo con la ofensiva que el hegemonismo norteamericano y su gendarme sionista están desplegando en Oriente Medio. No hay que olvidar que tanto Pakistán como Afganistán tienen frontera tanto con Irán… como con China.

Pakistán y Afganistán tienen una larga historia de disputas territoriales. Ambos países comparten el mismo pasado colonial como parte del Imperio Británico, que al retirarse de la zona en 1893 trazó la llamada Línea Durand, una frontera de 2.640 kilómetros para delimitar esferas de influencia durante el “Gran Juego”, la rivalidad entre el Reino Unido y el Imperio ruso en el siglo XIX. La línea dividió el territorio de las tribus pastunes, el grupo étnico más numeroso de Afganistán (15 millones, el 33% de su población) y el segundo más grande de Pakistán (36 millones, el 40% de su población).

Este territorio, muchas veces llamado «Pastunistán», es permeable: tras la invasión estadounidense de 2001, numerosos líderes talibanes se refugiaron en zonas fronterizas pakistaníes y las usaron de base de operaciones.

Por esta razón, los talibanes nunca han reconocido esta linea fronteriza, y -según Pakistán- han azuzado el terrorismo del Movimiento de los Talibanes Pakistaníes (TTP, por sus siglas en urdu), grupo insurgente que sólo en 2025, llevó a cabo más de seiscientos atentados.

La escalada que ha desencadenado en la guerra actual comenzó con el retorno de los talibanes al poder tras la retirada de EEUU de Kabul en 2021. Se aceleró con el aumento de los ataques del TTP entre 2024 y 2024. Entonces Pakistán recurrió a bombardeos directos en territorio afgano en octubre de 2025 contra posiciones vinculadas al grupo. Hubo negociaciones mediadas por Arabia Saudí y Qatar para que el gobierno talibán rompiera sus vínculos con el TTP, pero se estancaron.

Mientras que Afganistán es un proto-estado cerca de lo que podríamos llamar fallido, Pakistán es una poderosa nación nuclear, siempre enfrentada con su aún más poderoso vecino, la India. Los acercamientos del gobierno indio de Narendra Modi en octubre de 2025 a los talibanes han exacerbado la desconfianza acumulada entre Islamabad y Kabul.

Pakistán y Afganistán (que no tiene salida al mar) tenían un Acuerdo Comercial de Tránsito que permitía usar el puerto pakistaní de Karachi, pero ante el aumento de las tensiones, este tratado se quebró. Entonces Kabul encontró rutas alternativas a través de puertos iraníes y buscó en China diversificar sus corredores comerciales y reducir su dependencia de la infraestructura pakistaní.

Además de cerrar sus puertos a las mercancías afganas, Pakistán está usando a los refugiados afganos -alrededor de 800.000 personas, muchas asentadas en el país desde hace décadas- como arma arrojadiza, obligándoles a abandonar el país y retornar a Afganistán, incrementando su ya dramática situación humanitaria.

China, siempre pragmática en sus relaciones internacionales, ha tratado de llevarse bien con ambos vecinos. Pekín ha tratado de integrar a Pakistán en una de las ramas de la Nueva Ruta de la Seda (el Corredor Económico China-Pakistán), mientras que también ha buscado hacer negocios con Kabul, aprovechando los yacimientos de tierras raras de Afganistán. Sin embargo el personal chino en territorio pakistaní también ha sufrido ataques terroristas del TTP.

Sobre este entramado de contradictorias relaciones internacionales está interviniendo EEUU para alentar e impulsar otro conflicto explosivo que contribuya a llenar toda esta zona de tensión y caos.

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