Ciencia

Gripe A: La tormenta de citoquinas

La caracterí­stica más llamativa de la gripe porcina que la diferencia de la gripe común es que los casos más graves afectan a adultos jóvenes. Sobre esto se argumentó al principio que los jóvenes viajan más y están más expuestos. Después se sospechó que las personas mayores de 60 años están inmunizadas por su exposición a los virus H1N1 que circularon de forma estacional desde la pandemia de 1918 hasta finales de los cincuenta. La respuesta, sin embargo, podrí­a estar en la mayor capacidad de respuesta inmunitaria de los adultos jóvenes. ¿Por qué mecanismo se produce esta respuesta? ¿Hasta dónde ha llegado la ciencia en su comprensión? ¿De qué mecanismos se dispone para controlarla?

Los síntomas Hasta hace oco el tratamiento de la gripe era el tratamiento sintomático antiinflamatorio, antipirético y analgésico. O sea, de la inflamación, la fiebre y el dolor que provocaba. No había tratamiento contra el virus a diferencia de los antibióticos que atacan directamente a las bacterias causantes de infección. Por ello, tal como hemos oído todos muchas veces, los antibióticos no hacen nada en una gripe. Las infecciones virales respiratorias agudas son una de las razones principales para la prescripción (inadecuada) de antibióticos. Pero en sanidad pública, si hay algo impredecible, eso es la gripe. Hace apenas unos años que se está empezando a entender qué factores exactamente hacen a una cepa mucho más virulenta que las otras, y la mayoría de las veces no se puede predecir. Por ejemplo, el virus H5N1 de la gripe de las aves ahora endémico de los pollos de Asia parece particularmente virulento cuando pasa a los humanos, pero no está claro si una versión que pase fácilmente de persona a persona seguirá siendo tan virulenta. Gripe, enfermedad sistémica Pero, ¿cómo es posible que individuos con un buen estado de inmunidad y salud sufran más las complicaciones de la gripe? ¿por qué puede llegar a matarles una enfermedad que en la mayoría de casos cursa de forma leve? Ciertamente el virus daña las células del sistema respiratorio, matando algunas directamente e induciendo a otras a suicidarse (o sea, a iniciar el programa de apoptosis o muerte celular). Pero la gripe no es una enfermedad localizada de las vías respiratorias sino una enfermedad sistémica, global. La mayoría de nosotros estamos familiarizados con síntomas gripales que no son estrictamente respiratorios como fiebre repentina, escalofríos, dolor de cabeza, debilidad, malestar general, dolores varios y pérdida de apetito. La fiebre suele durar unos pocos días en adultos, acompañada de dolor de garganta y tos, dolor al mover los ojos, nariz moqueante, ojos rojos y ganglios del cuello inflamado. A menudo el periodo de debilidad y cansancio se extiende durante semanas. Estos síntomas se desencadenan por una reacción inflamatoria local y general. Reacción que, de ir más allá de su cometido, puede complicar la gripe hasta provocar la muerte tal como oímos en las noticias estos días. La virulencia viral La virulencia del virus de la gripe depende en primer lugar de su habilidad para infectar células del árbol bronquial y las que forman los alvéolos pulmonares, o sea, las que forman las finas paredes de la “esponja” donde se realiza el paso del oxígeno del aire a los finos capilares sanguíneos. Estudios hechos a raíz de la pandemia de gripe porcina demostraban la mayor capacidad de este virus de infectar estas células a diferencia del de la gripe común que podía tan sólo infectar las células de la mucosa nasal. La gripe común está provocada por no por una sino por varias cepas del virus de la gripe, algunas de ellas son de la misma familia que el virus pandémico (H1N1) y llevan circulando desde 1977. Varios equipos en Holanda y EEUU demostraron que mientras el virus estacional se une sólo a células de la mucosa nasal de animales de laboratorio, el virus pandémico infecta más profundamente, en la traquea, bronquios y bronquiolos, tiene un mayor índice de replicación y causa más daño aunque ninguno de los animales se mostrara muy enfermo. El toque de alerta Pero esta infección también afecta a células del sistema defensivo o inmunitario, los macrófagos, que tienen la habilidad de presentar fragmentos de proteínas víricas en su superficie para que sean leídas por el potente ejército de células blancas (“linfocitos o células T”) que patrullan el sistema circulatorio. Estas células del sistema inmune pueden reconocer estas células infectadas y se activan para producir señales que activarán tanto a nivel local como a distancia la formación de anticuerpos o la llamada a otras células para que acudan al lugar y ayuden a combatir la infección. Estas señales, llamadas citocinas, son las que provocan los síntomas de fiebre, pérdida de apetito, dolores musculares y molestias y pueden producir daño en los pulmones ya que tienen como efecto inmediato la migración de leucocitos (glóbulos blancos) hacia la región pulmonar, lo cual ocasiona su destrucción y acumulación de líquidos (edema) que impiden la respiración del paciente. Por esto, las personas con un sistema inmune fuerte como la población entre 20 a 45 años, liberan mayor cantidad de citocinas y son las más propensas a los daños. Retroalimentación Normalmente, la propia respuesta inflamatoria desencadenada para combatir una infección, llegada a un punto, despierta los mecanismos de reparación del daño hecho y cesa. Es un fenómeno de retroalimentación negativa, una reacción que despierta su contraria. Pero cuando se produce lo contrario, una retroalimentación positiva descontrolada, o sea, que las citocinas provocan la liberación de más citocinas traspasando la línea que separa la inflamación de la reparación, estamos ante la llamada “tormenta de citocinas”, un torrente descontrolado de estos mediadores que provocarían una reacción excesiva y un daño que puede ser mortal, ya que la inflamación encharca los pulmones de forma irremediable o provoca fallos en órganos distantes. En el año 2006 un equipo de científicos de la Universidad de Oxford ya concluyó que la letalidad del virus de la gripe aviar se debía a su capacidad para desencadenar dicha “tormenta de citocinas”, Si la persona tiene enfermedades crónicas o de base, su capacidad para superar estos eventos está mermada. Si las defensas de una persona están mermadas, puede ser que no produzca una respuesta inmune tan vigorosa pero sí está más expuesta a sufrir infecciones por parte de gérmenes bacterianos altamente agresivos. Llegar a comprender en profundidad este proceso permitirá intervenir en él. Queda mucho trabajo de investigación para desentrañar una respuesta pensada para protegernos pero que acaba por dañarnos. Citocinas Las citocinas son una familia de más de cien proteínas que regulan muchas funciones fisiológicas importantes como la diferenciación y maduración de las células, inflamación y respuesta defensiva local y global, reparación de los tejidos, formación de células sanguíneas, muerte celular, entre otros. De hecho, cada una de estas proteínas es producida por un sub-grupo de células en respuesta a diferentes estímulos desencadenando una cascada de efectos que se suman o se contraponen. Pero su efecto principal es regular los mecanismos de la inflamación de las propias células que las producen, de las vecinas o de las células a distancia. Son por tanto, mediadores de la inflamación, mensajeros entre células en la lucha contra invasores o agresiones. Sobre todo son producidas por el sistema inmune, los linfocitos y los macrófagos, que son las células de choque ante la infección, aunque más células de la sangre, del revestimiento de los vasos sanguíneos y de los tejidos pueden secretarlas. Quizás una de las más conocidas sea la eritropoietina o EPO, un factor de crecimiento de los glóbulos rojos producida por el riñón cuando falta oxígeno en el cuerpo , a raíz de los casos de doping en el ciclismo.Las hay pro-inflamatorias, como el Factor de Necrosis tubular alfa – TNF-α, la interleucina 1, e interleucina 6, y anti-inflamatorias (tales como interleucina 10 y antagonista del receptor de interleucina -1).El De Verdad digital también lo haces tú: Contribuye con la calidad del De Verdad digital puntuando este artículo y enviando tu comentario. 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