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¿Golpe anti-Syriza? 500.000 emigrantes y 100.000 jóvenes no podrán votar en Grecia

Griego, de 18 años en adelante, papeles en regla y vives fuera de Grecia: no puedes votar. A menos que te pagues un billete de avión a tu circunscripción y llegues a la urna. Y si eres de fuera de Atenas hay que sumar tren, autobús o barco. Además de explicar a tus jefes por qué tienes que pedir un día libre (o varios si vives en una isla lejana y los ferris no pasan varias veces por jornada).

El inflexible sistema de sufragio heleno dejará a miles de nacionales emigrados y griegos de segunda y tercera generación habitantes de Estados Unidos y Australia, las dos mayores colonias helenas, sin derecho a elegir a los gobernantes de su país. No sólo en el caso de un traslado definitivo: decenas de estudiantes con becas de estudios o de investigación tendrán que tomar la decisión de gastarse dinero –en muchas veces escaso– para ir a su localidad de empadronamiento o ver cómo el resto de griegos eligen por ellos.

Sumados todos ellos, unos 500.000 ciudadanos aproximadamente, que representan el 7 o el 8% del censo electoral, se quedarán sin ejercer su derecho al voto, según calculan las asociaciones de expatriados. No es un detalle, dado que las encuestas dan al ganador virtual –Syriza– apenas entre tres y cuatro puntos de diferencia con respecto a Nueva Democracia, en el poder.

Petros Papakalos, que trabaja como lingüista jurado en el Tribunal de Justicia de la Unión Europa, escribía en su página de Facebook poco después de anunciarse las elecciones, en diciembre: “Grecia es probablemente el único país de la Unión Europea que no concede a sus emigrantes la oportunidad de votar en sus embajadas o consulados (o incluso el voto por correo). De nuevo, tenemos que soportar las cándidas preguntas de eslovenos, checos o chipriotas que dicen ‘¿por qué no podéis votar en la embajada?’ Pertenecemos a Europa desde hace tres décadas, y el Gobierno no ha hecho nada para solucionar este asunto”.

En este caso, el sentimiento de Papakalos, como el de muchos griegos, es correcto. Un ejemplo único en el mundo. Existe el voto consular, como el que se ejerce en Brasil; el voto por correo como el que se utiliza en España y en decenas de países más; incluso una variante como la circunscripción de los expatriados como implementan Colombia, Ecuador, Francia… o incluso la Antigua República Yugoslava de Macedonia, su vecino y rival. La rigidez del sistema no sólo la sufren los que viven fuera. En Grecia no existe el voto por correo a escala nacional. Le restamos un viaje de avión y el principio del artículo sigue vigente. La ironía: el voto en el país heleno es obligatorio (aunque apenas se apliquen sanciones).

El desdén de los políticos de todo signo

Sea cual fuere la razón de la despreocupación de los dirigentes, la realidad es que no se han dado pasos para ayudar a los expatriados de un pueblo tradicionalmente emigrante. La reclamación de estos no es ni mucho menos nueva. Eso sí, ha habido muchas promesas. La última, la del actual ministro del Interior, Evripidis Stylianidis, que se posicionó en septiembre de 2012, apenas dos meses después de acceder al cargo, a favor de cambiar esta situación. Incluso aseguró estar trabajando en una legislación que permitiría a todos los nacionales griegos votar sin importar dónde residan. Pero este texto, si existió, se diluyó en alguna parte. Y no es que el Gobierno no haya entrado en materia o no haya tenido tiempo. En febrero de 2014, aprobó en el Parlamento la revocación parcial de la ley Ragousis, que había otorgado el derecho a votar en las elecciones locales a los griegos residentes en el extranjero y a los no griegos residentes en Grecia tres meses antes de las municipales. El Tribunal Constitucional había sentenciado en contra, eso es cierto.

Uno de los únicos que lo ha considerado una prioridad ha sido el ahora europarlamentario Manolis Glezos. Apenas un día después de que Antonis Samarás convocara elecciones anticipadas, clamaba desde Bruselas: “¿Qué tienen que decir los que gobiernan sobre los cientos de miles de compatriotas que viven en países de la UE y que no pueden pagarse un billete para venir el día de las elecciones?”.

“Volar por nuestros derechos”: un fracaso en 2012, un éxito en 2014

En junio de 2012, Nikolaos Stampulópulos y otros miembros de la asociación New Diaspora decidieron hacer una campaña de recogida de fondos por internet para fletar diversos vuelos chárter y transportar a cuantos votantes griegos fuera posible de todo signo político. Con ello, además, pretendían visibilizar su causa. La iniciativa, que fracasó cuando tenían el 70% del dinero recaudado debido a los precios astronómicos que imponían las compañías aéreas, se llamó “Flight for our rights” y atrajo la atención de los medios holandeses, el país donde reside. Aunque no consiguieron que saliera adelante, esto no los desanimó.

En 2014 iniciaron otra campaña, esta vez solamente para votantes o simpatizantes de Syriza, que ha alcanzado con creces sus objetivos. Gracias a los más de 12.500 euros que han recaudado –la ‘caja’ sigue abierta– 60 simpatizantes del partido izquierdista podrán ir a su país el día 25 de enero. Bautizado como “un vuelo por la democracia”, parece nada más que una pincelada, una solución mínima, en un panorama desolador reflejado en el vídeo del mismo colectivo, ‘I can still no vote’.

Se estima que unos 200.000 griegos han dejado el país desde 2009, cuando la crisis empezó a tener visos de un largo plazo, y ven con envidia a los otros grupos de emigrados por la recesión, como los portugueses o españoles. Para ellos, como recogen diversos medios de todo el mundo, esta podía ser una oportunidad para elegir a un Gobierno que levante al país para que ellos puedan, eventualmente, volver.

Elecciones a toda prisa que excluyen a 100.000 jóvenes

No es la de los emigrados la única queja. La precipitación con la que Samarás llamó a las urnas impedirá a muchos nacidos en 1997, que tienen ahora 18 años, acudir a las urnas. El censo se actualiza en febrero. Para que pudieran votar se necesitaba, según el defensor del pueblo, una acción especial del Ministerio del Interior que no ha llegado. El propio defensor elevó la demanda a las autoridades, que hicieron oídos sordos. El resultado es que este grupo crítico, muy activo políticamente y en las protestas en las calles, no se podrá estrenar en las urnas. En su primer vídeo electoral –que ha hecho florecer la creatividad humorística en internet–, el primer ministro interrumpía un partido de fútbol de unos chicos en plena calle para explicar su discurso político. En uno de los memes que circulan por la red el chico le pregunta: “¿Por qué no podemos votar?”. “Porque votaríais a Syriza”, le responde figuradamente Samarás. Y esta broma es un resumen de lo que le acusan las fuerzas de izquierda.

En las últimas elecciones europeas, en las que Syriza ganó por un margen menos amplio del esperado, el rango de edad de entre 18 y 24 años votó más que el resto (en un 40%) por Tsipras. Solamente un 10% a Nueva Democracia. En un país en constante envejecimiento –más acentuado que en el resto de Europa–, la población joven no es tan importante como la jubilada. Pero estos jóvenes le reclaman a Samarás el derecho a elegir su futuro.

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