El arte y el poder V

Florencia, cuna del arte moderno

Florencia se convierte en el único lugar de Italia donde se desarrolla una actividad artí­stica significativa y conscientemente rupturista con el estilo cortesano imperante en el resto de Occidente.

Concluíamos la entrega anterior diciendo que cada una de las turbulentas fases políticas por las que atraviesa la República de Florencia hasta llegar al domino de Lorenzo de Médicis, uno de los grandes mecenas de su tiempo, tienen sin embargo en común un mismo hilo conductor en el terreno artístico, que dará finalmente en la eclosión artística del Renacimiento.

Si Florencia ha podido ser designada como la cuna del arte moderno y el mayor centro irradiador de las nuevas concepciones artísticas que trae el Renacimiento, no es porque en ella las formas del capitalismo se desarrollen antes que en otras ciudades como Venecia, Génova, Pisa o Milán, sino porque las distintas etapas que atraviesa hasta la conformación del nuevo poder político de la gran burguesía presentan unos rasgos más nítidos y acusados que en cualquier otro sitio. Así como los conflictos de clase que están en la base de este desarrollo aparecen con más claridad que en ninguna otra parte

Después de la muerte en 1250 de Federico II, rey de Sicilia y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico que intentó unificar bajo su mando las diversas ciudades-Estado italianas, los gremios consiguen tomar el poder en Florencia. Crean el primo popolo, la primera asociación política conscientemente ilegítima y revolucionara de la burguesía naciente. Se dota de una milicia popular y pone bajo su autoridad al podestá, hasta entonces máxima autoridad de la ciudad en representación de la corona.

Con ello se quiebra el poder de los clanes militares y la nobleza feudal es expulsada del gobierno de la república. Es el primer triunfo decisivo de la burguesía en la historia moderna. Sólo 30 años después, y a pesar de los intentos de la nobleza por derrotarla, la alta burguesía florentina es dueña del poder absoluto de la ciudad. A través de los 7 gremios mayores –donde se concentran los propietarios del comercio a gran escala, la gran industria y la banca– dominan la maquinaria política y ocupan el aparato administrativo estatal. Las antiguas corporaciones económicas se transforman en gremios políticos, sólo quien pertenece a uno de los gremios tiene derechos políticos. La nobleza feudal o los magnates que no participan de la industria quedan desprovistos de ellos. “La pintura adopta un carácter profano que se corresponde al nuevo gusto racionalista”

Todo el sigo XIV florentino está preñado de conflictos de clase entre la gran burguesía, dominadora de los gremios, y los trabajadores, que están excluidos y a los que se prohíbe organizarse, impidiéndoles así la defensa de sus intereses en cuanto a salarios, condiciones de trabajo, etc. Esto provoca un extraordinario florecimiento económico de la ciudad que alcanza su apogeo hacia 1340. En esa fecha, la bancarrota de los bancos Bardi y Peruzzi desata una crisis general que quiebra a la oligarquía florentina y le obliga a ceder el poder, primero a un aventurero militar, el duque de Atenas, y posteriormente a un gobierno popular bajo la dirección de la pequeña burguesía, los gremios menores de tenderos y artesanos.

Tras 40 años de gobierno democrático, la derrota de la rebelión de los Ciompi, la primera insurrección obrera de la historia, abre paso a la consolidación definitiva del poder oligárquico del popolo grasso. Sólo que ahora el poder ya no lo va a ejercer la alta burguesía colectivamente, sino algunas de sus familias mas ricas y poderosas.

Es así como, finalmente, el poder llega a manos de los Médici, que instauran una dinastía que dará la estabilidad política necesaria a Florencia –aunque sea a base de usar la represión y la fuerza más despiadada– para una expansión económica que se extenderá ininterrumpidamente durante todo el siglo XV. Desde el poder afianzado de esa nueva burguesía, irrumpirá el Quatroccento, la primera fase de desarrollo del Renacimiento que es propia exclusivamente de Italia, y en particular de Florencia.

Individualismo y sensualismo

En la cumbre de su potencia económica, es tal la demanda de encargos artísticos que promueve la burguesía de Florencia que hace estallar una verdadera competencia intelectual y conceptual entre los artistas que deben satisfacerla. Florencia es ahora el único lugar de Italia donde se desarrolla una actividad artística verdaderamente significativa, consciente y ordenadamente rupturista con el estilo cortesano imperante en el resto de Occidente.

Es entonces cuando aparece, por primera vez, un profundo cambio en el espíritu y el estilo de la obra artística: frente al carácter preferentemente eclesiástico dominante hasta entonces, adopta un carácter profano que ya se corresponde plenamente a las nuevas exigencias artísticas, al nuevo gusto racionalista de una burguesía que en paralelo con la acumulación de grandes fortunas, acumula también sus colecciones privadas de arte.

El individualismo y el sensualismo en el arte pasan a ser un programa consciente, un instrumento de lucha y un grito de guerra contra el ascetismo medieval. El nuevo arte reivindica la autodeterminación de la personalidad, exalta la naturaleza, proclama la emancipación de la carne y reinterpreta el Evangelio como alegría de vivir.

Pero tendrá que pasar todavía casi un siglo para que el Renacimiento alcance su máximo esplendor En esta primera etapa, que cubre al menos los dos primeros tercios de siglo XV, la burguesía todavía está revestida de un aura de sobriedad, austeridad, dignidad y seriedad.

Cosme de Médicis es ciertamente un apasionado del arte, la filosofía y la arquitectura, se rodea de artistas e intelectuales. Ordena construir edificios y encarga obras de arte preñadas ya del nuevo racionalismo y el naturalismo que trae consigo su clase social. Pero sobre todo sigue siendo principalmente un hombre de negocios, el centro de su vida es la banca y la oficina donde despacha diariamente sus negocios.

Su nieto Lorenzo, por el contrario, ya no pertenece a esa vieja burguesía honrada y deseosa de ganancias. Él ya pertenece a una clase ociosa de rentistas que desprecia el trabajo y el dinero, ansiosa por disfrutar sin límites de la enorme riqueza acumulada por sus antepasados.

Cosme el Viejo gusta de guardar las viejas formas del gobierno republicano democrático (aunque en realidad estén ya totalmente derogadas), Lorenzo actúa como un verdadero príncipe rodeado por su corte y seguido por su séquito. Descuida los negocios de su bisabuelo y los lleva a la ruina. Sólo le interesan los negocios de Estado, sus relaciones con las dinastías europeas, su corte principesca capaz de rivalizar con la de cualquier rey, su papel de guía intelectual para volver a la Antigüedad clásica, sus academia artística inspirada en la filosofía neoplatónica, su actividad poética y su mecenazgo.

Con Lorenzo de Médicis estalla plenamente no sólo la concepción moderna del arte, sino la nueva relación entre el artista individual y el poder, basada en la idea de mecenazgo que, sin cambios sustanciales, llega hasta nuestros días. Lo veremos con más detalle en la próxima entrega. “Aparece una nueva relación entre el artista individual y el poder, basada en la idea de mecenazgo”

Una sublevación proletaria en la Florencia del siglo XIV

Simone Weil

El final del siglo XIV fue en Europa, un periodo de revueltas sociales y de sublevaciones populares. Los países donde el movimiento fue más violento fueron aquellos que se encontraban entre los económicamente más avanzados, es decir, Flandes e Italia.

En Florencia, ciudad de grandes comerciantes pañeros y manufactureros de la lana, tomó la forma de una verdadera insurrección proletaria, que tuvo un momento victorioso. Esta insurrección conocida con el nombre de la sublevación de los Ciompi, es sin duda, la primera de las insurrecciones proletarias (…)

Florencia, es durante el siglo XIV en apariencia un Estado corporativo. Desde los ordinamenti di giustizia de 1293, el poder está en manos de las Artes, es decir de las corporaciones. Un Arte es, o una corporación, o más frecuentemente una unión de corporaciones que forma un pequeño Estado dentro del Estado, con jefes electos cuyos poderes comprenden la jurisdicción civil sobre los miembros del Arte, con el dinero de los fondos cotizados y con unos estatutos; y Florencia está gobernada por los priores de las Artes, magistrados designados por las Artes, y un gonfalonier de justicie designado por estos priores, que tiene a sus ordenes miles de mercenarios armados. En cuanto a los nobles, los ordinamenti di giustizia los han excluido de toda función pública y sometido a unas medidas de excepción muy severas. Si a esto añadimos que todos los magistrados son elegidos para un muy corto periodo de tiempo y que deben rendir cuentas de su gestión, parece que Florencia sea una república de artesanos.

Pero en realidad las Artes florentinas nada tienen que ver con las corporaciones medievales. De entrada su número estaba fijado en veintiuno y no podía ser modificado; en segundo lugar está prohibido formar un nuevo Arte. Aquellos que están fuera de estos veintiuno están privados de sus derechos políticos.

Después, están las Artes de los artesanos y pequeños comerciantes que si parecen las corporaciones ordinarias de la Edad Media, estas Artes, denominadas Artes menores, son mantenidas en un segundo plano de la vida política. El poder real corresponde a las Artes mayores a las que solamente pertenecen, si dejamos aparte los jueces, los notarios y médicos, los banqueros, los grandes comerciantes, los fabricantes de paños y de sedas. En cuanto a aquellos que trabajan la lana o la seda, algunos son miembros menores del Arte correspondiente a su oficio, con sus derechos muy restringidos; pero la mayor parte son simplemente subordinados al arte, es decir, sometidos a su jurisdicción sin poseer ningún derecho; y tienen severamente prohibido no solamente organizarse, sino incluso reunirse entre ellos. El Arte di Por Santa Maria –que agrupa a los fabricantes de las sederías– y sobre todo el Arte della Lana son pues, no unas corporaciones, sino unos sindicatos de la patronal. Lejos de ser una democracia, el Estado florentino está directamente en las manos del capital bancario, comercial e industrial.“El Arte della Lana adquirió una influencia preponderante en la vida política de la ciudad”

A lo largo del siglo XIV, el Arte della Lana cogió, poco a poco, una influencia preponderante, a medida que la fabricación de tela se convirtió en el principal negocio de la ciudad, de manera que todas las grandes familias de las otras corporaciones, invertían en éste sus capitales. Por su estructura constituye un pequeño Estado, que organiza sus servicios públicos, cobra sus impuestos, emite empréstitos, construye locales, instala almacenes, se encarga de las negociaciones y convenios que sobrepasan las posibilidades de cada empresario; es también un “cartel” que impone a sus miembros un máximo de producción que tienen prohibido rebasar; es sobre todo una organización de clase, que tiene como principal objetivo defender siempre los intereses de los fabricantes textiles contra los trabajadores.

Estos, por el contrario, privados de toda capacidad de organización, se encuentran desarmados. Esta es la principal razón de la insurrección de los Ciompi. Estos trabajadores de la lana se dividían en categorías muy diferentes, según la situación técnica, económica y social, y que, en consecuencia, cada una de ellas jugaron un rol diferente en la insurrección. La más numerosa era la de los obreros asalariados de los talleres. Cada comerciante de tejidos, tenía junto a su tienda, un gran taller, o mejor dicho, si se tiene en cuenta la división y la coordinación del trabajo, una manufactura donde se preparaba la lana antes de pasar a las hilaturas. Los trabajos ejecutados en estos talleres –lavado, limpieza, batanado, cardado, tramado– eran en parte trabajos de peón, pero en parte también relativamente cualificados. La organización de estos talleres era como el de una fábrica moderna, exceptuando la maquinaria. La división y especialización del trabajo eran llevadas hasta el límite; un grupo de contramaestres aseguraba la vigilancia; la disciplina era una disciplina de cuartel. Los obreros asalariados, pagados al terminar la jornada, sin tarifas, ni contratos, dependían totalmente del patrón. Este proletariado de la lana era en Florencia la parte más menospreciada de la población. Por eso también, de todas las capas sublevadas de la población, era de prever en ellos el espíritu más radical. Se conocía a estos obreros como los Ciompi y el hecho que ellos diesen el nombre a la insurrección muestra el grado de participación que en ella tuvieron.

Los hiladores y los tejedores estaban, también, reducidos de hecho a la condición de obreros asalariados; pero eran obreros a domicilio. Aislados por su mismo trabajo, privados del derecho a organizarse, no parece que hayan demostrado en ningún momento un espíritu combativo (…)

Las primeras luchas sociales importantes tuvieron lugar en 1342, bajo la tiranía del duque de Atenas. Este era un aventurero francés a quién Florencia, empujada por las continuas querellas que en ella tenían lugar entre las familias más ricas, entregó el poder con el fin de que restableciera el orden.

Esta elección había sido apoyada, sobre todo, por los descontentos, es decir, de una parte por los nobles, a quienes había devuelto el acceso a las funciones públicas pero que deseaban ver el fin del Estado corporativo, y por otra parte por el pueblo. El duque de Atenas se apoyo principalmente, durante los meses que reinó, sobre los obreros, gracias a los cuales él esperaba poder resistir la hostilidad de la alta burguesía.

Dio satisfacción a los tintoreros, que se quejaban de ser pagados con años de retrasó (…) organizó a los obreros de los talleres de la lana, no en una corporación, sino en una asociación armada. Sin embargo, poco después fue derrocado por un motín en el que tomó parte toda la población (…); el Arte de los tintoreros no fue creado, pero los proletarios de la lana guardaron sus armas, de las que se servirían en los próximos años. A la demagogia del duque de Atenas quien, subestimando el derecho corporativo, dio satisfacción a todas las reivindicaciones de los obreros de la lana, le sucedió la más brutal dictadura capitalista. Por lo tanto las revueltas estallaron pronto. En 1343, 1.300 obreros se sublevaron; en 1345, nueva sublevación dirigida por un cardador y teniendo por objetivo la organización de los obreros de la lana. La gran peste de Florencia, que diezmó a la clase obrera, redujo la mano de obra y provocó así una subida de los salarios, por lo que el Arte della Lana tuvo que establecer nuevas tasas, recrudeciendo con más agudeza la lucha de clases.

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