Tras el fiasco en el Estrecho de Ormuz, la Casa Blanca parece estar incrementando su atención -y su presión- sobre Cuba, una isla sobre la que lleva meses decretando un asedio energético casi total, provocando un colapso económico y una emergencia humanitaria.
Muchos se preguntan si tras crear estas draconianas condiciones de colapso y malestar, EEUU no está preparando una intervención imperialista en Cuba similar a la que ejecutó en Venezuela a principios de año.
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Repasemos el contexto y los últimos acontecimientos referentes a Cuba.
Primero, tras el golpe de mano en Venezuela en enero de este año, y el embargo del comercio del petróleo venezolano, EEUU decretó un bloqueo energético total sobre Cuba. Antes del secuestro de Maduro, Venezuela enviaba a Cuba un promedio estimado de entre 30.000 y 70.000 barriles diarios, un flujo que se ha reducido a cero.

Debido a este dictado de la administración Trump, completamente ilegal u contrario al derecho internacional, prácticamente no ha entrado una gota de petróleo en Cuba en meses, con la sola excepción de la llegada de un petrolero ruso a finales de marzo que apenas ha aliviado una asfixia energética que ya ha hecho colapsar la maltrecha economía cubana. No hay combustible para el transporte público, ni para la recogida de basuras, ni para las centrales eléctricas, y los cortes de luz (de hasta 22 horas al día) son cotidianos. Algo que se traduce en una crisis humanitaria -con grave riesgo para la salud y la alimentación de la población- denunciada por Naciones Unidas, entre otros organismos internacionales.
En este contexto, veamos los últimos movimientos de EEUU en torno a Cuba.
Recién llegado de su visita a China, Trump acaba de descartar una intervención armada en la isla. «No, no habrá una escalada. No creo que sea necesario. Ese lugar (Cuba) se cae a pedazos. Ellos perdieron el control», dijo ante la prensa.
Pero basta unir la linea de puntos para no dar ningún crédito a estas palabras.
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Órdenes de captura en EEUU, portaaviones en el Caribe
La semana pasada, de manera sorpresiva, aterrizaba en La Habana un emisario norteamericano. Ni más ni menos que el Director de la CIA, John Ratcliffe. Es la primera vez desde el triunfo de la revolución cubana que el jefe de la inteligencia norteamericana visita una isla que es -obviamente- territorio hostil.
¿A qué fue? A notificar al gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel que la cuenta atrás está en marcha, y que Washington exige a La Habana un «Maduro», la entrega de un «tributo» político para suavizar el asedio. Ese precio, de alto valor simbólico, no es otro que la entrega del nonagenario Raúl Castro, el ex jefe de Estado y hermano menor del líder revolucionario ya fallecido Fidel Castro.

Días después, Castro era imputado por el Departamento de Justicia de EEUU por el derribo -en 1996, hace treinta años- de dos avionetas de «voluntarios cubano-estadounidenses» de la organización Hermanos al Rescate, por parte de fuerzas cubanas y el espacio aéreo de la isla, un incidente que dejó cuatro muertos.
El gobierno de Cuba ha rechazado enérgicamente esta maniobra, alegando que EEUU carece de legitimidad y jurisdicción para reclamar la entrega de Raúl Castro.
Junto a esta orden judicial, el gobierno de Trump ha emitido sanciones contra algunos de los principales dirigentes de Cuba, incluidos militares y funcionarios del partido, buscando elevar aún más la presión.
Al mismo tiempo que ha ocurrido esta imputación contra Castro, EEUU ha desplegado su portaviones USS Nimitz en el Caribe en plena campaña contra Cuba. Algo que es imposible que no recuerde al envío de otro portaaviones, el USS Gerald Ford, frente a las costas de Venezuela, en las semanas previas a la intervención armada que culminó con el ataque al país caribeño y la captura de su presidente en enero de este año.
¿Está EEUU preparando una operación encubierta para capturar a un objetivo de alto valor simbólico -Raúl Casto, uno de los supervivientes de los «barbudos» de la revolución de 1959- y llevarlo encadenado a EEUU para mostrarlo como un trofeo?
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Más puntos que unir

Hay más puntos que unir, y que sugieren que Trump podría estar centrando su atención en Cuba para su siguiente golpe de efecto, para sacarse el mal sabor de boca de los reveses en el Estrecho de Ormuz. Una operación «rápida» y «quirúrgica», sin coste de bajas militares, que pueda exhibir ante la sociedad norteamericana -cuando faltan pocos meses para unas elecciones de medio mandato que las encuestas indican que tiene difíciles- y ante la opinión pública mundial como una muestra de fortaleza.
Además de los hechos que indican la posibilidad de una intervención militar en Cuba, el secretario de Estado Marco Rubio -que recordemos, procede de exiliados cubanos, y forma parte del ala del establishment norteamericano más ferozmente hostil al gobierno de La Habana- ha lanzado un discurso grabado en vídeo al pueblo cubano, en el que lo insta a «alinearse con el gobierno de Trump» en sus esfuerzos por hacer caer al «régimen comunista». Rubio ha negado que el bloqueo norteamericano sea la causa de las penalidades que sufren los ciudadanos de Cuba, situándolo en la corrupción de sus dirigentes, y ha «ofrecido» a los cubanos una “nueva vía” para la isla con elecciones libres y sin el poder de las Fuerzas Armadas.


Monkey D Dragon dice:
Más que evidente que el Tío Sam busca someter Cuba para expropiar sus recursos y riquezas. Esto no es defender el régimen en Cuba, esto es denunciar un posible atentado contra la soberanía de un país