España: tres años de derrumbe

“Cuatro años de crisis son años perdidos desde el punto de vista del crecimiento, con costes sociales muy apreciables, ya que el reparto de la crisis es muy desigual. Desde 2006 a 2011, la población residente en España ha crecido en dos millones de personas —de 45 a 47 millones—, de manera que la renta por persona ha disminuido en cuatro años un 5 por ciento: un retroceso sin precedentes, desconocido para las actuales generaciones. Un empobrecimiento que explica otro fenómeno decepcionante: la pérdida de expectativas, la desesperanza de buena parte de los ciudadanos, que piensan que lo que viene no será mejor”

El diutado Durán i Lleida utiliza en estos días la palabra «ruina» para resumir el estado de la economía española, que puede parecer excesivo a algunos, pero que se ajusta bastante bien al significado que otorga la Real Academia Española a esa voz. No hay precedentes—salvo guerras o catástrofes— para un fenómeno semejante de empobrecimiento relativo de los españoles. La actual es la recesión más intensa, más profunda y más extensa en el tiempo de la historia reciente de España, en la que caben comparaciones mínimamente significativas. (ABC) EL MUNDO.- El último rescate a Grecia es apoyado apenas por el 45% de los encuestados por el Frankfurter Allgemeine y los sondeos señalan que más del 70% de los alemanes declara haber perdido la confianza en el euro. Las bases alemanas abandonan aceleradamente el europeísmo y uno de cada tres cree que dentro de 10 años el euro ya no existirá, según publica hoy Bild am Sonntag. En el caso de los alemanes orientales, el 41% no cuenta con que esta moneda siga en vigor en 2021. EL CONFIDENCIAL.- El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, se mostró en contra de ayudas ilimitadas a los país de la eurozona afectados por la crisis de la deuda y advirtió de que "no habrá una salvación a cualquier precio". "No habrá un reparto de las deudas ni un apoyo ilimitado. Hay ciertos mecanismos de apoyo que desarrollamos bajo condiciones estrictas", dijo Schäuble en declaraciones que publica la revista Der Spiegel en su edición de la próxima semana. Schäuble rechazó expresamente la fórmula de crear títulos de deuda común europea, los llamados eurobonos. Opinión. ABC España: tres años de derrumbe F, González Urbaneja Al comenzar este verano, el PIB español vuelve a la cota que alcanzó cinco años atrás, en verano de 2006. Cuatro años de crisis son años perdidos desde el punto de vista del crecimiento, con costes sociales muy apreciables, ya que el reparto de la crisis es muy desigual. Desde 2006 a 2011, la población residente en España ha crecido en dos millones de personas —de 45 a 47 millones—, de manera que la renta por persona ha disminuido en cuatro años un 5 por ciento: un retroceso sin precedentes, desconocido para las actuales generaciones. Un empobrecimiento que explica otro fenómeno decepcionante: la pérdida de expectativas, la desesperanza de buena parte de los ciudadanos, que piensan que lo que viene no será mejor; y además se percibe la carencia de diagnóstico y de propuestas por parte del gobierno. Todo lo cual complica la salida de la crisis. Con una perspectiva ampliada, la situación es aún más decepcionante. La sociedad española protagonizó durante el último medio siglo, desde 1958, una de las historias de éxito más interesantes de la historia reciente, tanto desde el punto de vista político —salida pacífica de un régimen dictatorial y una guerra civil—, económico —crecimiento anual de más del 3 por ciento acumulado del PIB— y social —ciudadanos más libres y solidarios que nunca—. Una historia de éxito que devolvió a España la hora de Europa —ese fue el gran objetivo de la transición—, Pero que a partir del 2008, esa España se dio de bruces con una crisis más profunda y más intensa que la que sufren los demás países europeos y que solo es comparable con la que padecen los otros europeos del sur —Grecia, Italia y Portugal—. Las cifras Para traducir en hechos la crisis, el más relevante se refleja en el empleo, medido por cualquiera de sus variantes. La más lacerante es la cifra de parados: de 1,76 millones de personas desempleadas en verano de 2007, cuando empezó el declive, a casi cinco millones ahora. Añadir 3,2 millones de parados significa desperdiciar buena parte de la capacidad productiva del país a lo largo de la crisis, el 20 por ciento de la potencia laboral no utilizada. Visto desde otra perspectiva, la de las personas con empleo, el dato es menos espectacular pero igual de desolador: de 20,5 millones de empleos en el verano del 2007 pasamos a 18,3 ahora, que significan 2,2 millones de puestos de trabajo —con sus nóminas, cotizaciones y retenciones fiscales— desaparecidos. Datos similares registra la afiliación a la Seguridad Social y sus cotizaciones y, en sentido contrario, el número de personas acogidas al subsidio de paro, que de una financiación ortodoxa, con cotizaciones, del orden 15.000 millones de euros al año, para 1,5 millones de personas (2008) ha pasado a otra que requiere créditos presupuestarios y que cuesta más de 30.000 millones de euros a favor de 2,7 millones de personas. Y además otros 8.000 millones para políticas activas de empleo que no consiguen sostener la ocupación. Para rematar este sombrío panorama del empleo otro dato preocupante: casi medio millón de personas —el dato crece cada mes— han agotado el plazo de su subsidio de paro y tienen que acogerse a subvenciones extraordinarias de subsistencia, a la ayuda familiar o al socorro de Cáritas y organizaciones similares, que han multiplicado su acción social de último recurso. El diputado Durán i Lleida utiliza en estos días la palabra «ruina» para resumir el estado de la economía española, que puede parecer excesivo a algunos, pero que se ajusta bastante bien al significado que otorga la Real Academia Española a esa voz: «Pérdida grande de los bienes de fortuna» o «destrozo, perdición, decadencia y caimiento de una persona, familia, comunidad o Estado». No hay precedentes —salvo guerras o catástrofes— para un fenómeno semejante de empobrecimiento relativo de los españoles. La actual es la recesión más intensa, más profunda y más extensa en el tiempo de la historia reciente de España, en la que caben comparaciones mínimamente significativas. La destrucción de empleo que esta crisis ha provocado en España no tiene comparación con la conocida en otras economías del euro o de otros países del mundo, incluso con mayores retrocesos de su PIB. Un hecho que, sorprendentemente, no ha llevado a acelerar la urgente reforma de un modelo laboral agotado, destructivo, pero que cuenta con una articulada trama de intereses para sostenerlo, incluidos los sindicatos. Una trama de intereses y además la miopía o cobardía —tanto da— de un Gobierno incompetente e incapaz de hacer frente al principal problema de los españoles. El origen Las raíces de esta crisis, a la que a nivel global llaman la Gran Recesión, —que tiene causas externas e internas, que empezó el verano del 2007 y que ahora amenaza con una recaída— tienen que ver con excesos financieros que han llevado a un desmedido endeudamiento público y privado, que resulta insoportable y obliga a recortes de gasto y ajustes en las familias, en las empresas, pero también en las cuentas públicas. En el caso español esas raíces tienen que ver con la insuficiencia del ahorro local para financiar el crecimiento de varias décadas, fenómeno recurrente en la historia de España, que también está en el origen de recesiones anteriores, pero ahora más agudizado y crítico. El año de la sima de la crisis, 2009, cuando el PIB retrocedió en España el 3,7 por ciento (en la Europa del euro la caída fue del 4,15), el déficit público alcanzó el 11 por ciento del PIB (el doble del registrado en la zona euro) y deterioró la reputación del Reino de España en los mercados internacionales, condujo a una degradación de las calificaciones y a un encarecimiento del servicio de la deuda. Y ese espectacular déficit tiene un responsable destacado: el Gobierno, encabezado por su presidente, que se negó a aceptar la crisis, a anticiparse a sus efectos, y mantuvo una política de gasto, de cheques, que en vez de actuar contra el ciclo sirvió para acelerar la caída. Un déficit insostenible A lo anterior hay que añadir un severo quebranto de la balanza de pagos, con un déficit exterior que alcanzó el 10 por ciento del PIB el 2009: el mayor del mundo, comparable solo a los de Estados Unidos y Gran Bretaña, que son economías con otras capacidades y recursos. Ambos déficits y otros factores internos —desgravaciones— y externos —tipos de interés muy baratos— crearon la burbuja inmobiliaria que engordó el crecimiento durante la primera mitad de la década pero también la recesión en la segunda. Ni el gobierno, ni el banco de España retiraron el ponche de la fiesta de un crecimiento desaforado, y a la hora de pagar las rondas no hay suficiente y hay que seguir tomando préstanos, ahora en circunstancias mucho más complicadas. España protagonizó un proceso extraordinario entre 1958 y 2008, cincuenta años de crecimiento que se traducen en un avance del 3,7 por ciento al 9,4 por ciento de peso específico sobre el PIB de las economías de los países del euro, pero los tres años siguientes, (2009-2011) son de retroceso, con pérdida de posición y de expectativas. ABC. 14-8-2011 Opinión. El Mundo Una Alemania ‘más justa’ con Europa Rosalía Sánchez El presidente de Alemania, Christian Wulff, aprovechó ayer el significativo 50º aniversario de la construcción del Muro de Berlín para realizar una llamada a los alemanes a asumir el peso de su posición en Europa. El jefe de Estado subrayó la importancia de la Unión Europea para Alemania y pidió que «la República Federal sea un socio más fuerte y más justo» con el resto de los europeos. «Espero que seamos un país fuerte, que sepa que su camino en el mundo lleva siempre a Europa», dijo Wulff en declaraciones al diario Die Welt, en las que destacó la indispensable ayuda que durante décadas ha recibido Alemania de sus vecinos, enumerando desde la liberación del nacionalsocialismo hasta el Plan Marshall y pasando por el puente aéreo que suministró alimentos y combustible al Berlín occidental sitiado por la URSS, y por las contribuciones de varios socios europeos a la reunificación alemana. Wulff fijaba así una posición de Estado ante una opinión pública nacional cada día más reticente a la participación de Alemania en los rescates europeos. El último rescate a Grecia es apoyado apenas por el 45% de los encuestados por el Frankfurter Allgemeine y los sondeos señalan que más del 70% de los alemanes declara haber perdido la confianza en el euro. Las bases alemanas se abandonan aceleradamente al europeísmo y uno de cada tres cree que dentro de 10 años el euro ya no existirá, según publica hoy Bild am Sonntag. En el caso de los alemanes orientales, el 41% no cuenta con que esta moneda siga en vigor en 2021. Es a estos porcentajes a los que Wulff respondía ayer, en medio de las emociones y reflexiones que despertaba el aniversario, recordando que «el nacionalismo y la política del columpio siempre nos han conducido a la ruina» y asegurando que «nuestra razón de Estado debe estar basada en la confianza». Durante los actos conmemorativos en recuerdo de las 1.613 personas que murieron tratando de cruzar clandestinamente aquella frontera, Wulff instó además a los alemanes a sentirse orgullosos de vivir en este tiempo y en este lugar, a abandonar la tan cultivada actitud nacional de «buscar el pelo en la sopa» y a inculcar en los niños y jóvenes la necesidad de la lucha individual y constante por la libertad. No es la primera vez que el presidente alemán se muestra a favor de un mayor liderazgo por parte de Alemania en la crisis del euro. El pasado 30 de junio ya declaró que «Alemania debe seguir manteniendo posiciones proeuropeas» y advirtió que se está produciendo en este país un cambio de prioridades entre la libertad y la seguridad. «Percibo como el mayor peligro al que nos exponemos el hecho de que cada día más personas tienen miedo al proceso de decadencia del sistema de bienestar social y buscan respuesta en nichos nacionalistas». El miedo al que se refería el jefe de Estado alemán no solo afecta a las bases, sino también a la élite política alemana, entre la que se abre paso el euroderrotismo. La oposición no ha votado a favor de los rescates en el Bundestag y dentro de su propio partido y el de Merkel, la CDU, dos de cada tres miembros son contrarios a los rescates. Philipp Missfelder, jefe de las juventudes democristianas, ha amenazado con pedir una conferencia extraordinaria en la próxima reunión de la ejecutiva del 25 de agosto para poner freno al apoyo que Merkel está comprometiendo a los países mediterráneos. Y en las filas del socio minoritario de la coalición de Gobierno, el Partido Liberal (FDP), un tercio de los delegados del último congreso rechazaron el acuerdo del eurogrupo para sustituir el actual mecanismo de estabilidad financiera para asistir a Grecia por el sistema permanente previsto para 2014. La élite económica alemana, que hasta ahora había apostado por el euro como única vía, comienza también a virar. En la última operación para frenar el diferencial de las deudas de Italia y España, los representantes del Bundesbank en el consejo del Banco Central Europeo votaron en contra de la decisión de comprar bonos de estos países, argumentando que el BCE está incumpliendo las condiciones bajo las cuales Alemania aceptó sumarse al euro. Las palabras del presidente Wulff, sin embargo, se aferraban ayer a los valores políticos y económicos que la construcción del Muro de Berlín puso en peligro y que asocia con la UE. «Al final, dijo, la libertad es siempre invencible», señaló EL MUNDO. 14-8-2011 Eurocrisis. El Confidencial Berlín advierte que no habrá una salvación ‘a cualquier precio’ El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, se mostró en contra de ayudas ilimitadas a los país de la eurozona afectados por la crisis de la deuda y advirtió de que "no habrá una salvación a cualquier precio". "No habrá un reparto de las deudas ni un apoyo ilimitado. Hay ciertos mecanismos de apoyo que desarrollamos bajo condiciones estrictas", dijo Schäuble en declaraciones que publica la revista Der Spiegel en su edición de la próxima semana. Schäuble rechazó expresamente la fórmula de crear títulos de deuda común europea, los llamados eurobonos. Schäuble dijo que los eurobonos no son deseables "mientras cada país desarrolle su propia política de finanzas" y mientras se necesiten "los diversos tipos de interés para que haya estímulos y mecanismos de sanción para forzar la consolidación". "No habrá una salvación a cualquier precio", subrayó Schäuble. Comprar títulos de deuda Entre tanto, en Alemania crecen las voces críticas de la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de comprar títulos de deuda soberana de los países afectados por la crisis. Ante todo, dentro de los partidos de la coalición de gobierno, la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Angela Merkel, su ala bávara la Unión Socialcristiana (CSU) y el Partido Liberal (FDP), se hace cada vez más fuerte la idea de que con la compra de títulos de deuda soberana el BCE ha renunciado a parte de su independencia. "El BCE no puede convertirse en una institución que corrija los errores de política presupuestaria de países como Italia", dijo a Der Spiegel el jefe regional de la CDU y primer ministro del estado federado de Hesse, Volker Boufier. Su colega de Sajonia, Stanislaw Tillich, dijo que el programa del BCE tenía que ser una excepción ya que si se convierte en algo recurrente terminarán teniendo razón aquellos que, cuando se introdujo el euro, temían que ese organismo se preocupase menos de la estabilidad monetaria que lo que lo había hecho tradicionalmente el Bundesbank. EL CONFIDENCIAL. 14-8-2011

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