Escuelas populares de marxismo

España ¿potencia imperialista o paí­s dominado?

En el 2005 ante la expansión de los grandes bancos y monopolios de la oligarquí­a española en Hispanoamérica, el clima de opinión dominante en buena parte de la izquierda era que España era se habí­a convertido en una potencia imperialista. Para responder a esta ofensiva iniciamos el ciclo de escuelas bajo el tí­tulo España, ¿potencia imperialista o paí­s dominado? Su objetivo era combatir la corriente mayoritaria en la izquierda que nos hablaba de que España habí­a pasado a ser un “paí­s imperialista” por la expansión del capital oligárquico en Hispanoamérica. Y establecer que por el contrario España es un paí­s dominado, que sufre la intervención imperialista norteamericana como lo hacen los pueblos y paí­ses hermanos del resto del mundo hispano. Y esa, el dominio imperialista, ha sido una constante en nuestra historia desde hace más de 200 años.

A lo largo de tres años, desde 2.005 hasta 2.008, realizamos un amplio ciclo de más de 20 Escuelas de Historia de España. Un exhaustivo trabajo de investigación, síntesis, debate y conocimiento colectivo que abarcó desde los Reyes Católicos y la formación del Estado moderno hasta la llegada de Zapatero al gobierno. Para hacerlo, nos vimos necesariamente obligados a documentarnos en los textos de una amplísima lista de historiadores, economistas, políticos, ensayistas, expertos en diversas materias que nos ofrecían la ingente base de datos y hechos necesarios para realizar un trabajo así. Y en todos ellos sin excepción encontrábamos una y otra vez la intervención de las grandes potencias imperialistas de cada época en todos los grandes acontecimientos políticos, económicos, sociales, dinásticos,… que marcaban los principales hitos de nuestra historia. En todos aparecían, de una u otra forma, los múltiples lazos de vinculación de los grandes políticos, de los grandes empresarios, de los principales dirigentes de cada momento con los centros de poder mundial existentes.

¿Era casualidad que siempre apareciera, detrás de los principales acontecimientos de nuestra historia, esa intervención de una u otra potencia extranjera? En absoluto. Había que dar un paso más. No solo reconociendo la intervención exterior, sino estableciendo que ese dominio imperialista ha sido el elemento determinante que ha dirigido la historia de nuestro país, y que sigue haciéndolo ahora.

“El desarrollo capitalista en España hasta nuestros días ha estado sometido a la intervención y el control de los países imperialistas más potentes en cada momento”Extraer ese hilo conductor, el papel decisivo que ha tenido la intervención del imperialismo en nuestro país en los últimos siglos, nos llevó a conclusiones tan de ruptura y a contracorriente como valorar en la dictadura de Primo de Rivera -denostada por toda la izquierda- el único intento serio de la clase dominante española por romper sus vínculos de dependencia con Londres y París y desarrollar un capitalismo nacional y autónomo de las injerencias imperialistas. O de conectar el mitificado golpe de Riego que restableció la Constitución de 1812 y abrió el trienio liberal con los intereses supremos del imperialismo inglés por desmembrar el mundo hispano y apoderarse de la América española.

Frente a la visión errónea y distorsionada de España como potencia imperialista la realidad que muestran los tres últimos siglos de nuestra historia es la de una España dominada, sometida y entregada por la clase dominante a una intervención y control cada vez mayor de las grandes potencias mundiales.

Los rasgos de raquitismo, especulación y parasitismo que acompañan al capitalismo español desde sus orígenes hasta nuestros días son inseparables del grado de dependencia exterior, de la subordinación y el sometimiento a las grandes potencias extranjeras en el que ha vivido nuestro país en los últimos tres siglos.

Un desarrollo capitalista cuyo rasgo esencial hasta nuestros días es el sometimiento a la intervención y el control de los países imperialistas más potentes en cada momento: Inglaterra y Francia a lo largo de todo el siglo XIX y el primer tercio del XX, la Alemania nazi durante el breve período de 1936 a 1945; EEUU a partir de la instalación de las bases militares yanquis en 1953, a los que se suma el eje franco-alemán (cada vez más alemán y menos francés) tras la entrada en el Mercado Común y la integración en el euro.

Frente a las ideas dominantes que atribuyen el débil desarrollo económico español al “atraso secular” o al “peso de un fanatismo que nos hizo perder el tren de la modernidad”, un repaso al sigo XIX nos ofrece dos guerras de invasión extranjeras, tres guerras civiles que reaparecieron a lo largo de casi 50 años, decenas de golpes y pronunciamientos que derribaron gobiernos… una intervención exterior permanente que devastó el país y lo mantuvo postrado para que las potencias extranjeras se adueñaran de la riqueza nacional. Todo esto justo en el momento donde el capitalismo se estaba desarrollando a marchas forzadas en todo el planea. Reclamar progreso en estas condiciones es como culpar a Vietnam de su atraso tras la invasión norteamericana.

En este ciclo de tres Escuelas que celebraremos en junio y julio nos planteamos un doble reto. En primer lugar sintetizar los puntos más altos de ese trabajo desarrollado a lo largo de tres años. En segundo lugar demostrar que las conclusiones a las que entonces llegamos son ciertas, se corresponden con la realidad.“España no es una “potencia imperialista”, sino principalmente un país dominado que sufre la intervención norteamericana como el resto del mundo hispano”

Y para hacerlo queremos partir de una cita de Marx, con la que concluye el “Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política”, donde por primera vez se sintetizan los fundamentos científicos del marxismo:

“Este esbozo sobre la trayectoria de mis estudios en el campo de la economía política tiende simplemente a demostrar que mis ideas, cualquiera que sea el juicio que merezcan, y por mucho que choquen con los prejuicios interesados de las clases dominantes, son el fruto de largos años de concienzuda investigación. Pero en la puerta de la ciencia, como en la del infierno, debiera estamparse esta consigna:

Déjese aquí cuanto sea recelo; Mátese aquí cuanto sea vileza. (Dante. La divina comedia)”.

Marx nos emplaza a buscar la verdad en los hechos y a mirar honradamente la realidad. Por eso vamos a ir directamente a los hechos históricos y a comprobar si las conclusiones del ciclo de Escuelas de Historia de España se corresponden con ellos, o por el contrario debemos replanteárnoslas.

Y para hacerlo, en la primera Escuela vamos a empezar a someter a este fuego de la práctica tres conclusiones fuertes:

1ª.- El hilo conductor que ha dirigido los últimos tres siglos de nuestra historia es la determinación de la intervención imperialista sobre España.

Esta intervención exterior ha determinado un desarrollo congénitamente débil, raquítico y especulativo del capitalismo en España, la formación de la propia clase dominante española y el rumbo político, económico y social del país.

2ª.- Sobre un movimiento obrero y un pueblo revolucionario especialmente combativo se ha impuesto una “venda en los ojos” para que quede ciego ante esta intervención imperialista.

Lanzando toda su furia contra curas, caciques y guardias civiles pero borrando de su horizonte el combate al imperialismo, nuestros principales explotadores y opresores.

3ª.- Sólo partiendo de esta determinación de la intervención imperialista sobre España, pueden formularse en la actualidad políticas que ataquen de verdad a nuestros enemigos y sirvan a los intereses del pueblo.

Desde los afrancesados y liberales del siglo XIX a las fuerzas de izquierda en la transición o quienes ahora dirigen toda nuestra mirada contra las “castas corruptas”, se ha inoculado en las fuerzas progresistas y revolucionarias posiciones que no solo borran y ocultan al imperialismo, sino que conducen a las masas a participar y respaldar los proyectos de nuestros principales enemigos.

La venda en los ojos

El movimiento obrero español tiene desde su nacimiento como fuerza organizada en el último tercio del siglo XIX, una extraordinaria combatividad, radicalización y una enorme capacidad para desplegar su energía revolucionaria.

Pero toda esa energía no se ha dirigido, como era el camino natural, contra los principales opresores y explotadores, las potencias imperialistas. Salvo contadas excepciones, el movimiento obrero y la izquierda española, para luchar contra el oscurantismo ha perseguido al cura, pero nunca se ha cuestionado el poder del Vaticano sobre nosotros; en la lucha contra la explotación ha ido contra el gran industrial o contra el pequeño patrono local, pero olvidándose de los grandes capitales franceses e ingleses en el siglo pasado o de las multinacionales americanas o alemanas de ahora; contra la represión se ha combatido al guardia civil, al general africanista o al legionario, olvidando el papel de las fuerzas de intervención extranjera. A pesar de la extraordinaria energía y combatividad, desde sus inicios el movimiento obrero español ha tenido una gruesa venda en los ojos: no advertir la intervención de las potencias imperialistas.”

La razón última de esta anomalía histórica no está en el débil desarrollo del capitalismo español y consiguientemente del proletariado, sino en la intervención exterior sobre el mismo movimiento obrero.

Desde su misma fundación, el PSOE reproduce miméticamente la línea y los programas de las “organizaciones hermanas” europeas más poderosas, los partidos socialistas francés y alemán. Introduciendo un grosero economicismo y empirismo totalmente ajeno al marxismo.

En 1.897, el órgano del Partido Socialista de Vizcaya, “Lucha de clases”, afirma que “el verdadero progreso descansa hoy, meta de la civilización burguesa, en el librecambio, impulsador de todas las energías hacia la concentración capitalista, madre del Socialismo que alborea en los horizontes del porvenir. El librecambio favorece la creación de los grandes centros industriales, el perfeccionamiento de los medios técnicos y la cultura y la inteligencia de los obreros”. Coincidiendo en su programa con los intereses del imperialismo inglés.

Esa intervención exterior sobre el movimiento obrero no es espontánea, y se realiza a través de las clásicas vías de penetración del imperialismo. Paul Lafargue (enviado por la AIT a reorganizar la sección española, y que jugará un papel decisivo en la fundación del PSOE) y Fanelli, discípulo de Bakunin y que impulsará la Federación española de la AIT, de la que surgirá posteriormente la CNT, pertenecen a destacadas logias masónicas, principal vehículo de la burguesía (dado el ascendiente que le otorgaba su tradición liberal y revolucionaria de lucha contra el Antiguo Régimen) para influir en el desarrollo del movimiento obrero.

Esta venda en los ojos no solo borrará del horizonte de lucha del proletariado revolucionario español el combate al imperialismo hasta nuestros días, sino que lo conducirá a respaldar o colaborar con los proyectos de las principales potencias.

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