Intervención francesa en Malí­ se extiende a Argelia

España no debe participar en el conflicto

La decisión de Parí­s de intervenir militarmente en Malí­ para proteger sus intereses en Ní­ger “de donde la multinacional gala Areva extrae el uranio que suministra el 50% de la electricidad francesa” ha tenido una réplica inmediata en la toma de varios cientos de rehenes, entre ellos varias decenas de occidentales, por una milicia fundamentalista en el este de Argelia.

Con este hecho, la dimensión del conflicto ha dado un salto cualitativo. Ya no se reduce a una incursión militar en un semi-desconocido país africano. Actuando a modo de una bomba de fragmentación, cuyos impactos golpean lugares muy distantes del objetivo inicialmente señalado, el salto a Argelia lo eleva a un nivel superior.

Argelia ha sido hasta ahora el único país del Magreb que había permanecido inmune a las convulsiones de la llamada primavera árabe. Sin embargo, todavía está reciente el recuerdo de la abrasadora guerra civil con los fundamentalistas islámicos que sufrió en la década de los 90 y que causó más de 200.000 muertos.

“Obama podría ser arrastrado a un conflicto militar en el norte de África” La toma de rehenes occidentales, entre los que se encuentran 7 estadounidenses, ha llevado al secretario de Defensa norteamericano a afirmar que EEUU está “sopesando” la posibilidad de “dar una respuesta” al desafío. Lo que sugiere, como apunta esta misma mañana el New York Times, que la administración Obama podría ser arrastrada a un conflicto militar en el norte de África, algo que Washington ha estado tratando de evitar a pesar de la expansión de las milicias fundamentalistas en el Sahel, el inmenso territorio desértico de más de 8 millones de kilómetros cuadrados que se extiende entre las orillas del Atlántico y el Mar Rojo y que actúa como frontera permeable entre el Magreb y el África negra.

“España estamos situados, por nuestra posición geopolítica, en la primera línea de fuego “El asalto al campo de gas argelino y la toma de rehenes ha sido reivindicado por una fracción de al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) como represalia por la intervención militar francesa en Malí. Tanto la sofisticación del asalto, dirigido por un ex-combatiente de Afganistán al que los servicios de inteligencia franceses denominan como “el incontrolable”, así como las evidentes repercusiones internacionales que se buscan al secuestrar a estadounidenses, franceses, británicos, noruegos y japoneses, amplia potencialmente la extensión del conflicto más allá de las fronteras de Malí y abre la posibilidad de involucrar a un número creciente de países extranjeros participando directamente en un conflicto militar de una dimensión ahora mismo imprevisible, pero inevitablemente de gran alcance.

Un alcance, además, en el que España estamos situados, por nuestra posición geopolítica, en la primera línea de fuego. Lo que obliga a todas las fuerzas políticas y sociales a poner sobre la mesa de forma inmediata la exigencia de la no participación española en un conflicto militar con una alta capacidad potencial de provocar un incendio a gran escala en un Magreb –nuestra frontera sur– ya altamente agitado e inestable tras las revueltas sociales, los cambios de régimen y la reciente intervención en Libia.

Estos acontecimientos no hacen sino poner de manifiesto, una vez más, la necesidad de cuestionar y revisar el sistema de alianzas político-militares en que está envuelto nuestro país. Y que nos condena y nos arrastra periódicamente a participar en conflictos y guerras donde no se juega ningún interés de España. Convirtiéndonos en apéndices de los intereses de explotación y saqueo de las grandes potencias en lugar de ser un factor de paz entre los pueblos, de estabilidad internacional, neutralidad y resolución dialogada y pacífica de los conflictos entre países.

Con la aventurera decisión de intervenir militarmente en Malí para proteger intereses estratégicos en su antiguo imperio colonial, Francia ha agitado un auténtico avispero. Y aunque ninguna potencia imperialista –mucho menos los países de la región ni los pueblos del mundo– busque un conflicto a gran escala, la fragilidad e inestabilidad de la zona puede desencadenar una concatenación de acontecimientos que desemboque en lo que nadie desea. No sería la primera vez en la historia reciente del mundo que un acontecimiento aparentemente menor, se convierte en un desencadenante de hostilidades y represalias cada vez mayores que desembocan en una confrontación a gran escala. Habrá que estar muy atentos al desarrollo de los acontecimientos en los próximos días y semanas.

 

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