Batiscafo

Escupiendo para arriba

Me tomé el trabajo de revisar una buena porción de los numerosos «trinos» que el ex presidente Uribe Vélez ha lanzado contra el guardián de los tres «huevitos», considerado por él como un traidor de su causa. El resultado me permite afirmar que cada uno de ellos parece dirigido contra sí­ mismo.

Uno de los asuntos que más desvela al señor del Ubérrimo es el de las conversaciones de paz que adelantan las Farc y el actual Gobierno en La Habana y las acciones violentas de esa agrupación armada. Resulta curioso comprobar que los primeros contactos los haya adelantado el Gobierno anterior entre 2009 y 2010 a través de Frank Pearl, quien fuera nombrado por el mismísimo Uribe como Alto Consejero Presidencial para la Reintegración Social y Económica de Personas y Grupos Alzados en Armas.

En el mandato de Santos, Pearl fue Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible y terminó siendo uno de los plenipotenciarios que firmó en Oslo el Acuerdo Marco con ese grupo armado en agosto de 2012. Hoy es uno de los negociadores principales en La Habana y no debe ser una mera coincidencia que quien inició hace cuatro años los contactos bajo Uribe, haya sido el mismo que suscribió el acuerdo que permitió el inicio de las actuales conversaciones y además esté sentado en la mesa.

La crítica uribista a Santos por las acciones de las Farc, parecen copia de las mismas que durante su mandato profería contra ese grupo con calificativos altisonantes cada vez que atacaban un cuartel de policía, un oleoducto o una torre de energía. Durante ocho años lo hizo como Presidente y lleva por lo menos 10 meses haciéndolo desde su cuenta de Twitter.

Al Ministerio de Transporte le ha endilgado una curiosa crítica por la inoperancia y lentitud en la ejecución de las labores de mantenimiento y construcción de carreteras. ¿No se acordará el doctor Uribe que esa misma crítica se la hacía la sociedad entera a su inamovible Ministro Andrés Uriel Gallego? Del Ministerio de Uribe al de Santos, aparte de unas cuantas caras y los nombres de algunas dependencias, nada ha cambiado: amor por las concesiones a privados (Confianza Inversionista que llaman) y un rezago babilónico en la labor de sostener las vías que están a su cargo.

Llama la atención también que en el tema cafetero y agropecuario en general, el doctor Uribe levante una crítica por los efectos perturbadores de la revaluación. ¿No habrá caído en cuenta que justamente éstos provienen de la cascada de tratados de libre comercio que suscritos a diestra y siniestra en su gobierno y que en eso lo único que ha hecho Santos es continuar fiel a su legado? La amnesia parece cubrir el hecho de que la política minero-energética de Santos no es otra cosa que una edición actualizada y ampliada de la suya y que los chorros de dólares que sin control inundan a Colombia, lo vienen haciendo desde que él era inquilino de la Casa de Nariño.

Es notorio, aunque los medios masivos no lo resalten, que en temas neurálgicos Uribe no toque a Santos ni “con el pétalo de una rosa”. Ni una sílaba pronuncia sobre el neoliberalismo desbocado, las privatizaciones sin medida, el deterioro de la educación pública, el avance del corrosivo libre comercio, las desiguales relaciones con Estados Unidos y Europa, la entrega a contratistas norteamericanos de bases militares, el maltrato a comunidades en megaproyectos, la persecución a sindicalistas, el despojo de las regalías a los entes territoriales y la crisis de la salud. Los pocos pronunciamientos relacionados con estos temas, son más espaldarazos que censuras.

Observen esta curiosidad: el pasado 6 de febrero en uno de los “trinos”, el ex presidente Uribe recuerda con devoción la memoria de Juan Luis Londoño de la Cuesta, con motivo del décimo aniversario de su muerte accidental. El desaparecido Ministro fue el autor intelectual del proyecto de reforma a la salud y la seguridad social de César Gaviria y Uribe, en su condición de Senador, se encargó de empujar su aprobación bajo la denominación de Ley 100. Es lógico que no se queje sobre sus fatales efectos para ciudadanos: los ministros de salud de Santos han sido aplicados discípulos de Londoño.

Hay que reconocer que Santos resultó ser un politiquero bastante avezado; ha usado la abultada chequera presidencial para una nueva “distribución de la mermelada” y de esa forma le ha quitado a Uribe su ascendencia en el Partido de la U, el cual ya debería cambiar de nombre y llamarse el Partido de la S; de manera selectiva le ha arrebatado los principales escuderos y organizó un nuevo círculo de privilegiados.

La política al mando no ha cambiado, excepto en lo que tiene que ver con las relaciones con los vecinos, en las que Santos ha acatado la orden expresa del Departamento de Estado en el sentido de no armar una conflagración armada en el patio trasero.

Uribe, con sus “trinos”, declaraciones y acciones, termina escupiendo para arriba e inevitablemente, la saliva le cae y le caerá encima.

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