Partido Independentista Puertorriqueño

En la entrañas del monstruo

El 20 de octubre de 1946, el Dr. Gilberto Concepción de Gracia funda el Partido Independentista Puertorriqueño. Fernando Martí­n es el Presidente ejecutivo del Partido y fue senador en los periodos de 1988 a 1993, y del 2000 al 2004. Encabezó además el grupo de 134 “desobedientes” en Vieques por lo que sufrió cárcel en Puerto Rico y EEUU.

Los Estados Unidos entraron en la historia uertorriqueña al invadir la Isla el 25 de julio de 1898 durante la Guerra Hispano-Estadounidense. El 10 de diciembre de 1898 se firmó el Tratado de Parí­s, por el que Puerto Rico y el resto de los territorios coloniales españoles se “cedieron” a EEUU.Durante dos años se mantuvo un gobierno de ocupación, y en 1900 se pasó a designar un presidente directamente desde EEUU, hasta 1947 cuando el Congreso norteamericano permitió elecciones cada cuatro años para elegir a los gobernantes de la isla.El 30 de octubre de 1950 tuvo lugar la insurrección independentista en respuesta al proyecto de “Estado Libre Asociado”. El movimiento fue duramente reprimido. En 1952 se impuso el estado actual bajo la denominación “in a nature of a compact”. Este término es el utilizado para justificar un relación “bilateral”, término que ni existe en los hechos, ni se encuentra legislación internacional que lo contemple.Setenta y cuatro años de lucha por la independencia y la soberaní­a nacional en las entrañas del monstruo avalan al Partido Independentista Puertorriqueño.   Fernando Martí­n Presidente del PIPQue uno sea dueño de su propia casa y de que no manden sobre uno los extranjeros”   p { margin-bottom: 0.21cm; } ¿Cuáles son ahora las condiciones para la independencia de Puerto Rico?, ¿en que fase están o cuál serí­a el siguiente paso?   Estamos en la fase de forzar que el Congreso de EEUU tenga que enfrentar sus responsabilidades colonizadoras con Puerto Rico. Históricamente el Gobierno y el Congreso de EEUU han tenido una polí­tica de diseño, sostenimiento y promoción de la relación colonial con Puerto Rico, y esa polí­tica con el correr de los últimos años, particularmente desde el final de la Guerra Frí­a, ha perdido sus fundamentos. Realmente la presencia de EEUU ya no pasa por la idea de anexionar a Puerto Rico, que es inconcebible para ellos, porque desde el punto de vista cultural y lingüí­stico es una especie de “donante no compatible” con el organismo del federalismo norteamericano. Por otra parte la idea de la independencia supone para EEUU incertidumbre, cambio y elementos desconocidos e innovadores. No existen precedentes modernos para este tipo de situación en la que EEUU haga independiente a una posesión después de concederle, hace muchos años, la ciudadaní­a y la nacionalidad. Es una perspectiva que miran como complicada, por lo que la inercia les lleva a una polí­tica de continuidad del régimen.   En Puerto Rico, por el contrario, los cien años de persecución del independentismo, y los cien años de promoción de la polí­tica de la amenaza y el chantaje, de promoción de una visión catastrofista de lo que significarí­a el independentismo, ha reducido la simpatí­a electoral o explí­cita hasta el punto de que hoy, el independentismo es muy minoritario. Pero no cabe duda de que esto es una “punta de témpano”, es más lo que hay debajo de la superficie que lo que hay encima. En el momento en el que las circunstancias sean propicias no tengo duda de que florecerá el independentismo en todo el paí­s. Después de todo la unidad cultural y el sentido de identidad nacional y latinoamericano es muy poderoso.   Para que EEUU tome decisiones respecto a Puerto Rico hay que asegurarse de que no pueden seguir posponiéndolo. Mientras no tengan que enfrentar el dilema el colonialismo continuará de dí­a en dí­a. Para el Partido Independentista estimular que el Congreso tenga que tomar una decisión es nuestra agenda táctica principal. Y no tenga duda de que en el momento en que enfrenten el problema en estos tiempos, no hace veinte años, el mismo Congreso tendrá que reconocer que la única alternativa posible para Puerto Rico, y a la larga para los EEUU también, es la independencia de Puerto Rico.   ¿Cuál es hoy el papel de Puerto Rico como enclave geoestratégico?   El valor geoestratégico de Puerto Rico ha disminuido de manera dramática. No es ni una sombra, ni un pálido reflejo de lo que fue durante la Guerra Frí­a por las razones que conocemos; a principios de siglo era por el dominio del sistema del Canal de Panamá, el dominio del Caribe, y la preocupación de que pasara a manos de otra potencia al haberse ido España… La mejor prueba es que mientras Puerto Rico era hace años una importante base militar norteamericana, tanto naval como aérea, incluyendo la base naval más grande de EEUU fuera de su territorio continental, ahora eso ya no existe. De la noche a la mañana los EEUU cerraron su base principal, además del famoso episodio de desobediencia civil en el que participó nuestro partido de manera tan destacada, para sacar a la marina de sus prácticas militares en la isla de Vieques; todo eso hizo que se promoviera un proceso de re-examen del valor estratégico y militar de Puerto Rico para EEUU, y el resultado fue su reconocimiento de que en estos tiempos, entrado el siglo XXI, con toda la transformación tecnológica, era un anacronismo la idea de Puerto Rico como base militar.   De la misma manera que el valor militar de Puerto Rico para EEUU está muy venido a menos, prácticamente cero, es igualmente cierta que la importancia que antes tení­a para las grandes compañí­as norteamericanas, como un centro de manufactura que generaba ganancias exentas de pagar tributos en EEUU, ese estado de cosas también cambió. El código de rentas internas de EEUU fue enmendado en el 2005, hasta el punto que las ganancias de una compañí­a en Puerto Rico hoy son tratadas, desde el punto de vista tributario y fiscal, igualito que si esas ganancias fueran generadas en Chile o en China. O sea que los grandes cancerberos, protectores y promotores del colonialismo, y las Fuerzas Armadas, ya hoy no tienen el interés real y estructural, concreto, que antes tení­an.   Las reivindicaciones de independencia y soberaní­a nacional se justifican en sí­ mismas, y más para una antigua colonia, pero ¿cuáles son las condiciones que sufre hoy Puerto Rico fruto del colonialismo?   Como usted señala con toda corrección, más allá del valor inherente, y del valor democrático, el colonialismo significa la violación de la democracia, porque supone que Puerto Rico vive bajo un régimen jurí­dico en el que las leyes más importantes que se aplican se aprueban en la asamblea legislativa de otro paí­s, sin la participación de los puertorriqueños. Así­ es que más allá del elemento valorativo que tiene el que uno sea dueño de su propia casa y de que no manden sobre uno los extranjeros… en el caso concreto, práctico, la relación colonial se ha vuelto, si no es que lo fue siempre, una auténtica camisa de fuerza para el desarrollo polí­tico, económico y social de Puerto Rico. Porque en un mundo crecientemente globalizado carecemos de las herramientas para poder vincularnos con los desarrollos que están ocurriendo en la humanidad, y no tenemos más alternativa que ser una especie de rabiza de las polí­ticas de los EEUU, sin tener representación ni influencia en ellas. La realidad es que el colonialismo se ha convertido en una piedra que lastra el desarrollo de Puerto Rico, porque depende de normas elaboradas en EEUU, para beneficio de EEUU, y al aplicarse aquí­ no tienen mayor sentido. Eso queda evidenciado en la debacle económica que ha venido sufriendo Puerto Rico en las últimas décadas, hasta el punto de que junto con Haití­ es el único paí­s que lleva, en toda Latinoamérica, tres años de crecimiento negativo corridos.   La crisis está repercutiendo así­ de manera mucho más violenta en Puerto Rico, ¿no?   No solo eso, sino que en Puerto Rico la recesión, el proceso de decrecimiento económico habí­a empezado en el 2004. Es como cuando en la sección del tiempo, en las noticias, dicen que los terrenos están saturados y que cualquier lluvia, por más leve que sea, puede producir inundaciones… pues los terrenos estaban más que saturados en Puerto Rico cuando llegó de manera formal los efectos y consecuencias de la recesión en el 2007 y 2008. La situación económica es muy grave. El Gobierno está en quiebra y sus márgenes prestatarios fundamentalmente están agotados, la tasa de participación laboral es probablemente de las más bajas del mundo, y sin embargo la tasa de desempleo ronda al rededor del 18%. Vamos para cinco o seis años de crecimiento negativo corrido y no hay perspectiva, a corto plazo, de que vayamos a salir de eso. O sea que salir del régimen colonial, dejar atrás la subordinación polí­tica, más que ser meramente un objetivo deseable por razones deseables éticas, históricas y nacionales, se vuelva ahora una radical necesidad.   ¿Cuáles son las bases materiales, los intereses de la clase dominante puertorriqueña en su relación de sumisión a EEUU?   En Puerto Rico lo que los sociólogos llamarí­an la clase dominante, en todos los niveles económicos y polí­ticos del paí­s, es evidentemente proamericana, porque se ha convertido en una clase que controla la intermediación comercial entre Puerto Rico y EEUU, intermediación que les ha hecho ricos. Y porque ven en ella una garantí­a para su posición dominante. Ese sector se distribuye en partes iguales entre los que dicen aspirar a la anexión como parte de la Unión, que no es otra cosa que el deseo de ver si se pudiera botar para siempre la llave del independentismo en el pozo más profundo del mundo, y los que favorecen la actual situación colonial, que lo hacen porque les ofrece ventajas contributivas. Pero aún esos sectores dominantes se van dando cuenta de que los elementos que permitieron el desarrollo de Puerto Rico durante la posguerra y que les llenó los ojos con que el futuro estaba vinculado a EEUU al precio que fuera, son ya un mito de carácter fantasioso y falso. Esto es cada vez más evidente. Ahora el problema es una vez se ha sacado la pasta del tubo de dientes cómo se vuelve a poner adentro. Representa históricamente un reto para EEUU y para Puerto Rico. Y mientras su atención no esté sobre este problema urgente los puertorriqueños van a estar relativamente pasivos. El Partido Independentista está comprometido a buscar la confrontación polí­tica para que las contradicciones del colonialismo, que son cada vez más evidentes, fuercen a las partes a una solución que no va a poder ser otra que la independencia.   ¿Cuál es el tratamiento actualmente del independentismo en Puerto Rico, por un lado por parte de EEUU y por otro de la sociedad puertorriqueña?.   Con respecto a EEUU terminada la Guerra Frí­a hubo una transformación, como es natural, de los términos de la relación y de su actitud hacia el independentismo puertorriqueño. Aquí­ se pasó por una época de confrontaciones muy duras y muy agudas, y eso, vamos a decirlo así­, ha ido amainando en la medida en la que esa crispación y actitudes de la Guerra Frí­a han ido quedando atrás. Eso no quiere decir, sin embargo, que no hay en la cultura puertorriqueña un muy vivo recuerdo, y que en la identificación de un puertorriqueño con la causa de la independencia va a significar siempre una posible fuente de prejuicio y discriminación. Y eso hace que al mismo tiempo que es muy respetado por todo el paí­s al mismo tiempo sea visto como una especie de incursión en una vida peligrosa o azarosa. Así­ es que si bien la persecución no es ni una sombra, ni se parece a la que hubo en otro momento, sigue habiendo un gravamen en ser independentista.   Es un fenómeno curiosí­simo, porque polí­ticamente es minoritario, en las elecciones pasadas el voto parlamentario de nuestro partido apenas llegó al 5%, pero en realidad uno sabe que a poco que escarbas, con lo que no tienes que escarbar mucho, la piel de cualquier puertorriqueño hay un independentista esperando por salir, y que no lo hace porque ha estado condicionado a pensar que la independencia es equivalente a saltar desde un cuarto piso sin paracaí­das, que es el camino hacia la incertidumbre, la pobreza y el aislamiento, lo que al fin y al cabo refleja lo que fue la polí­tica de EEUU por cien años. Y mientras la independencia esté asociada por la mayorí­a de puertorriqueños con la incertidumbre el número de los que la demandan va a ser pequeño. En el momento en que los EEUU se vean obligados a cambiar su actitud, como se van a ver obligados, y a deponer la promoción y estí­mulo del colonialismo, en el momento en el que sea evidente que la independencia es la única posible salida descolonizadora para Puerto Rico, los puertorriqueños se sumarán no solo en gran número sino con entusiasmo. Esta es la tarea del Partido Independentista como lo ha sido desde su fundación en 1946.   ¿No tuvo un mayor impulso el independentismo a raí­z de la prolongada huelga universitaria que se vivió en el paí­s?   Hubo un movimiento huelgario universitario muy amplio que duró cuatro meses, desde abril a mayo de este año. Contrariamente a otras huelgas ésta tuvo la caracterí­stica importantí­sima de tener el apoyo general del paí­s. No era un estudiantado universitario aislado, por más militante que fuera, como ha ocurrido en otras ocasiones.   Es menester decir, en honor a la verdad, que no era una huelga explí­citamente polí­tica en el sentido de reclamo de independencia. Tení­a que ver con reclamos estudiantiles, por cierto, muy justificados. Pero no era secreto para nadie que el liderato y las figuras más importantes del movimiento estudiantil son estudiantes que son independentistas y que, otra vez, aunque no era explí­citamente independentista, si era un sí­ntoma más del agotamiento del modelo económico, polí­tico y social del colonialismo en Puerto Rico, que tiene los dí­as contados. Y no porque esto sea mi deseo o la voluntad de mi partido, sino porque la realidad del caso es que la relación colonial ya no le rinde a EEUU los dividendos y beneficios que en otro momento le rindió. Solamente la inercia de la historia la mantiene caminando. En el momento en que el Congreso no pueda seguir evitando la cuestión, de la misma manera que llegaron a la conclusión de que era hora de irse del campamento de tiro de Vieques, y de que era hora de cerrar sus bases militares en Puerto Rico, llegarán a la conclusión de que es hora de abandonar una polí­tica imperial que ya es del todo obsoleta.   ¿Cuál es su relación con el movimiento hispano organizado en EEUU con toda la fuerza que está tomando?   La realidad es que en EEUU viven 4 millones de puertorriqueños o descendientes de puertorriqueños, distribuidos por todo EEUU, pero con grandes concentraciones en el estado de Nueva York, La Florida, Massachusets… y pese a que esos puertorriqueños tienen potencialmente una importante influencia polí­tica porque, después de todo, son electores, es también cierto que están separados porque algunos son simpatizantes de la independencia, otros de la anexión – idea que no tienen ningún futuro -, y otros lo son de continuar con el estatus actual, irónicamente porque ven en él la garantí­a de poder seguir yendo y viniendo de Puerto Rico a EEUU. Así­ que la paradoja es que las preferencias por cambio polí­tico de los puertorriqueños en EEUU tienden a cancelarse unas con otras. Y los polí­ticos norteamericanos, que uno hubiera pensado que les podí­a interesar por el peso del electorado hispano, en realidad tienden a huir del tema, porque ven que puede causarles divisiones en el apoyo de los mismos puertorriqueños que viven allí­. Lo que sí­ hemos cultivado es el apoyo de los movimiento polí­ticos latinoamericanos. El Partido Independentista Puertorriqueño es miembro fundador de la Conferencia Permanente de Partidos Polí­ticos de América Latina, que es la agrupación de partidos polí­ticos más grande de Lationamérica; es miembro pleno de la Internacional Socialista y miembro muy activo de su comité para América Latina y el Caribe; y somos promotores de las resoluciones que se adoptan en el Comité de Descolonización de la ONU, que urge a EEUU a tomar los pasos necesarios para promover la descolonización. Somos muy activos fuera de Puerto Rico, pero más que en EEUU en el mundo latinoamericano, porque los latinoamericanos entienden, de manera simbólica y real, que Latinoamérica no será plenamente independiente hasta que no lo sea también Puerto Rico.   ¿Qué posición tienen y qué relación con los diferentes movimientos y transformaciones que se están produciendo en Latinoamérica conquistando su independencia frente a EEUU?   Esta es una de las enormes noticias del momento, una Latinoamérica que va descubriendo de forma dramática e imponente su propia identidad continental. Y por encima de las diferencias ideológicas es evidente que se está haciendo realidad aquella predicción de Bolí­var de que la razón fundamental por la que América Latina debí­a independizarse era “para restaurar el balance del Universo”. Esas son las tendencias que estamos viendo, más rápidas o más lentas. Por eso la independencia de Puerto Rico es un barómetro en torno al enfrentamiento con EEUU. La independencia se dará, en parte, por la intermediación de esa América Latina frente a EEUU.

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