En defensa del lobo ibérico

Pese a su importancia ecológica y emblemática en la Península, la legislación española no protege al lobo ibérico

El pasado 12 de Marzo se manifestaban en Madrid miles de personas para denunciar el alarmante estado de conservación del lobo ibérico. La legislación permite su caza en varias comunidades del país.

El lobo ibérico (Canis lupus signatus) constituye una subespecie de lobo endémica de la Península. Se distingue del lobo europeo por varias marcas en su pelaje (de ahí el nombre signatus, “signado” o “marcado”) y su tamaño, menor que el lobo europeo aunque más grande que los pequeños lobos que habitan en el Norte de África.

Es decir, la Península Ibérica hace gala, una vez más, de su maravillosa biodiversidad albergando en su fauna un lobo único en el mundo. Un precioso regalo y una enorme responsabilidad.

Un papel crucial en el ecosistema

Los lobos no gozan de buena fama en el refranero y la cultura popular. Cuentos y leyendas relatan, una y otra vez su astucia y su vileza. Pero, ¿son los lobos realmente “viles”?

Como depredadores, se sitúan en la cima de la cadena alimenticia, ejerciendo una función crucial de control sobre sus presas. Es decir, las poblaciones que componen su dieta (corzos, muflones, ovejas,…) se mantienen en unos niveles constantes gracias a su acción.

Los ecosistemas son complejos y delicados entramados en los que cada especie tiene un papel insustituible. Por esta razón, es una amenaza para el lobo que su ecosistema esté alterado, así como es una amenaza para su ecosistema que él desaparezca«.Al norte del Duero está permitido cazar al lobo»

En consecuencia, la destrucción y reducción del hábitat supone la base de las amenazas para la supervivencia del lobo. A las que habría que añadir otras amenazas “concretas” que sufre la especie como los disparos o los venenos.

Situación en España

A inicios del siglo XX, el lobo ibérico se distribuía por toda la geografía española. Desde entonces sus poblaciones empezaron a mermar, tanto en su extensión como en el número de ejemplares. En las décadas 50, 60 y 70 se emprendió una campaña de exterminio del lobo, conduciéndolo al borde de la extinción.

La lucha de ecologistas y naturalistas, como Félix Rodríguez de la Fuente, permitió quitar al lobo la etiqueta de “alimaña” e impulsar un plan de recuperación.

A día de hoy, se estima que existen unos 2.000 ejemplares, aunque su distribución es muy desigual en la Península Ibérica. Las poblaciones del Norte (Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla y León) son estables y están ganando territorio, llegando a Madrid y Guadalajara. Sin embargo, en el Sur (Sierra Morena, Sierra de Gata y San Pedro) están casi extinguidas.

¿Qué plantea la legislación? En 1989 se aprobó la Ley de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestre, a la vez que se creó el Catálogo de Especies Amenazadas. Supuso un salto en la conservación de numerosos espacios naturales y especies, aunque el lobo no tuvo la suerte de ser clasificado como protegido en todo el territorio.

Actualmente, la situación para el lobo es la siguiente: en Portugal y en España al sur del Duero está totalmente protegido, pero en suelo español al norte del Duero está permitido ser cazado. En esta parte del territorio, la ley permite que se cacen 200 ejemplares anuales, a los que habría que sumar los de caza furtiva.

La ausencia de un plan de protección total del lobo ibérico no sólo dificulta el plan de recuperación del mismo, sino que hace peligrar la estabilidad adquirida en estos años.

Lobo y hombre, ¿una relación difícil?

Las matanzas y batidas contra lobos se han realizado tradicionalmente bajo dos motivos: evitar los ataques a humanos y evitar los ataques al ganado. El primero está ampliamente desmentido, los lobos retroceden ante la presencia de personas. Y respecto al segundo, si bien es cierto que los animales pueden atacar y alimentarse del ganado, parece que las batidas consiguen el efecto contrario, pues las manadas se desestructuran con la pérdida de miembros y aumentan sus ataques.

Pero entonces, ¿son compatibles el lobo y el humano? Una vez más, la clave está en la prevención. Realizar actividades ganaderas en zonas loberas no es ninguna novedad, y la experiencia acumulada demuestra que la convivencia es posible. Algunos ganaderos ya llevan a cabo estas medidas preventivas: pastorear el ganado, vigilarlo con perros, recogerlo por la noche y dejarlo bien cercado, planificación y control de los partos…. Los valientes ganaderos tienen claro que esta es la única manera de solucionar la problemática del lobo, y exigen a las administraciones el apoyo correspondiente.«Algunos ganaderos ya llevan a cabo medidas preventivas»

Actualmente se pagan indemnizaciones a los ganaderos que sufren pérdidas por el ataque de un lobo, sin embargo no se fomenta desde las instituciones, las medidas preventivas de protección frente a sus ataques.

Sí hay alternativa para el lobo, y empieza por protegerlo a nivel estatal, prohibiendo su caza de inmediato y elaborando una nueva Estrategia Nacional de Conservación del Lobo Ibérico. Y debe pasar, por supuesto, por impulsar medidas preventivas que permitan la coexistencia con la ganadería extensiva.

Respetar y recuperar el lobo es nuestra responsabilidad con el regalo de la Biodiversidad Ibérica, porque como dijo Rodríguez de la Fuente, “la Naturaleza pertenece a los niños”.

5 comentarios sobre “En defensa del lobo ibérico”

Deja una respuesta