La extensión del Plan Mérida a Centroamérica

El ” Narco” y la DEA en Centroamérica

Los carteles de la droga mexicanos se están extendiendo por Centroamérica ante la presión de los organismos de seguridad a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, dijeron autoridades estadounidenses. El director de operaciones de la agencia antidrogas estadounidense (DEA), Thomas Harrigan, indicó que las operaciones de ambos paí­ses ha empujado a los cárteles hacia el sur.

Las autoridades han confiscado cuantiosos armamentos en Guatemala, y han detectado enfrentamientos entre los carteles mexicanos que oeran en territorio guatemalteco y hondureño, dijeron las fuentes.Para combatir a los carteles, el presidente Barack Obama prometió esta semana, en su visita a México, enviar casi 500 agentes federales más a la frontera, así­ como máquinas de rayos X y perros especializados en la detección de narcóticos.Harrigan dijo: “Estamos examinando lo que ocurre al sur de México también, porque eso es igual de importante que lo que ocurre en nuestra frontera”. A medida que el gobierno mexicano ha tenido más éxito, ha logrado empujar hacia el sur a esos carteles y ello podrí­a crear problemas en Centroamérica”.Eso ya está ocurriendo, opinó el director de inteligencia de la DEA, Anthony Placido. Las mafias de la droga “definitivamente” se han trasladado al sur de México, expresó. El mes pasado, en una audiencia en el Congreso, David Johnson, funcionario del Departamento de Estado, dijo que en Centroamérica “se considera a las pandillas, el tráfico de drogas y el tráfico de armas como los principales problemas de la región”.La secretaria de Seguridad del Interior, Janet Napolitano, dijo que la valoración de la DEA sobre los carteles que comienzan a dirigirse al sur es un asunto importante. “Es un ambiente en un cambio constante que debemos enfrentar”, dijo.Guatemala y Honduras fueron, por cercaní­a geográfica, los primeros en sentir lo que advirtió el propio vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden, a los presidentes de la región en marzo. “Sabemos que el éxito de los esfuerzos contra las drogas en México y Colombia va a empujar a esos grupos hacia Centroamérica”, señaló Biden segundos antes de subrayar la dificultad de Washington para aumentar la ayuda para la lucha contra el narcotráfico, por los ahogos económicos del momento.La frase “guerra contra el narcotráfico” fue inventada e utilizada por primera vez por el Presidente Richard Nixon en 1971, en un contexto polí­tico muy parecido al actual estadounidense. Empantanado en una guerra que no podí­a ganar, con un déficit comercial e inflación rampante, en este año Nixon declaró que las drogas eran el “enemigo público número uno”.Después de lanzar la “guerra contra el narcotráfico” Nixon crea varias agencias anti-droga que tienen en común que reportan directamente al presidente y no pasan por la supervisión del Congreso: el departamento para la Aplicación de las leyes anti-droga, y después la DEA, una súper-agencia combinando agentes del Agencia de Narcóticos y Drogas Peligrosas (BNDD), Aduanas, la CIA y la Oficina contra el abuso de las drogas para coordinar esfuerzos locales y federales (ODALE).Con la creación de estas agencias federales, la presidencia restó de los estados y municipios el poder de combatir las drogas en el marco de un problema comunitario o de salud, y de paso estableció agencias bajo el mando directo del presidente. Esto tendrá grandes repercusiones en el equilibrio de poderes. No es casual que exactamente un año después de anunciar la guerra contra el narcotráfico—el 17 de junio de 1972—un grupo de personas que se conocieron en estas nuevas agencias antidroga coordinadas por el ejecutivo llevaron a cabo otro encargo de su presidente: el robo de las oficinas del partido demócrata en el hotel Watergate.es como una herramienta para mantener el control geopolí­tico. Elevar el tráfico de drogas a un asunto de seguridad nacional le ha permitido intervenir en la polí­tica de los paí­ses productores de droga y de transito. Sin duda, el caso clásico de injerencia estadounidense en un paí­s a través del modelo de la guerra contra el narcotráfico ha sido el Plan Colombia.La historia nos muestra que el modelo de “la guerra contra el narcotráfico” tiene una serie de objetivos ocultos y resultados anti-democráticos que atentan contra la paz y la soberaní­a. El modelo de enfrentar el tráfico, venta y consumo de drogas con medidas militares, aumenta la violencia y debilita las instituciones democráticas. En paí­ses donde estas sean débiles puede causar severos retrasos en una transición a la democracia. Tercero, invariablemente se extiende a una guerra contra la oposición polí­tica en paí­ses en donde se ha aplicado, borrando la lí­nea entre la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo, y los disidentes. Parece que la consigna de la nueva administración Obama, son las mismas recetas que en los últimos años se han llevado a cabo en el plan Colombia. Extender el plan como una iniciática regional. Exportar la iniciativa Mérida a Centroamérica con la consiguiente militarización de la zona y presencia de grupos paramilitares y agentes CIA. El crimen organizado y el narcotráfico, nuevo demonio que recorre las tierras latinoamericanas (ya pasaron de moda el comunismo o la teologí­a de la liberación) puede servir para mucho. Para generar planes como los Colombia, o Mérida, por ejemplo. No hay dudas que en estos momentos asistimos a una catarata mediática impresionante respecto a estos temas. La sensación que se transmite a diario por los medios de comunicación de México y Centroamérica -alimentada realmente por hechos concretos- es que las mafias del narcotráfico “tienen de rodillas a la población”. Todo ello, igual que sucedió años atrás en Colombia, justifica perfectamente la implementación de planes antidrogas salvadores.En ese sentido puede entenderse que la actual explosión de narcoactividad y crimen organizado es totalmente funcional a una estrategia de control regional, donde el mensaje mediático (la Guerra de Cuarta Generación, según llaman los estrategas del Pentágono) prepara las condiciones para posteriores intervenciones

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