Entrevista a Jorge Gómez Gallego - MOIR

El nacimiento del Frente Antihegemonista Iberoamericano

El Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario - MOIR - es el partido marxista-leninista-pensamiento Mao-Tse-Tung de Colombia que en estos momentos encabeza la segunda fuerza política del país: El Polo Democrático Alternativo - PDA

Jorge Gómez Gallego es miembro del Comité Ejecutivo y en esta entrevista para el De Verdad digital nos ofrece una visión completa de la situación polí­tica del paí­s en la actual coyuntura de la crisis, y de las posibilidades de avance del Polo ante las próximas Elecciones Presidenciales en el marco del Frente Antihegemonista latinoamericano.

¿No consideráis que ha sido decisivo en la formación del Frente Antihegemonista en hisanoamérica el punto de inflexión que marca la caída del Muro de Berlín, la desaparición del yugo soviético sobre los movimientos revolucionarios, para que pudiera darse ese proceso?

No lo había pensado desde ese punto de vista. Quizás al final de la Guerra Fría se abre un espacio para eso. Yo te hablo de un periodo en el que EEUU impulsó de una manera muy fuerte una política que ellos denominaron de “seguridad nacional”. Que consistía en tener el control férreo de todos los ejércitos de los países de América Latina. Todos los generales latinoamericanos fueron educados en las academias de Washington, o en el Canal de Panamá en la división que tenía allí el ejército norteamericano. Al acabar la Guerra Fría es evidente que había más tolerancia con los políticos que tenían algún reparo con la política imperialista. En ese sentido el final de la Guerra Fría significó un grave sufrimiento del pueblo latinoamericano, porque la cierta libertad que se nos daba era el precio de las materias primas. Desde aquí es difícil apreciarlo, pero Colombia es un país que llegó a depender en un 80% del comercio exterior del café. Y existía un pacto a nivel de precios movido por EEUU. Para hundir la economía colombiana y evitar el crecimiento de las fuerzas prosoviéticas en Colombia, se nos pagaba el café a 1,20 dólares. Acabada la Guerra Fría hemos llegado a vender a 25 cts. Pero por otro lado hay una especie de margen porque ya no está el rival soviético.

Te lo preguntaba por lo que has dicho sobre los países en los que se ha desarrollado más el terrorismo, secuestrando a sectores de la izquierda de trayectoria prosoviética…

Claro. Cuando el enemigo ya no está, se ha tenido cierta tolerancia con los movimientos que han sido la base.

Dentro de este, por llamarlo así, Frente Antihegemonista Iberoamericano existen sin embargo distintas tendencias, en no pocos aspectos contradictorios. Y con dos ejes claramente delimitados y atravesados también por planteamientos contradictorios. Uno en torno al triángulo Venezuela-Bolivia-Ecuador y otro que gira en torno al gigante regional brasileño. ¿Hasta qué punto la línea dominante en Brasil no está hoy recorrida por una tensión entre, por un lado, ganar autonomía de Washington y, por el otro, buscar algún tipo de acuerdo con EEUU para repartirse “áreas de influencia” en el continente?

La situación de Lula tiene esa particularidad. Ha logrado establecer un control estatal en alianza con la gran burguesía paulista. Y eso hace que tengan una relación conflictiva pero armónica con el Imperialismo. Al fin y al cabo la naturaleza de la gran burguesía paulista es la misma que la de la burguesía imperialista. Obran con la misma lógica; tienen las misma concepciones frente al Estado, frente a las privatizaciones. Pero frente al mercado interno la burguesía paulista a tenido una posición de defensa, también con sus mercados periféricos. El Mercosur, que es un pacto comercial de Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil, ha jugado al rededor del eje de los intereses de la gran burguesía paulista. Aquí está el doble papel: Lula mantiene posiciones autónomas en algunos aspectos importantes, como la soberanía de las naciones con el Imperialismo norteamericano, pero en el interior juega con una política contraria a los intereses de la clase obrera. A nuestro juicio, hoy todavía es posible pensar que el PT, y el sector de Lula en el PT puedan ser parte de este sector antiimperialista. Pero los acontecimientos son muy ágiles, y puede acabar en un campo o en el otro cuando se agudicen las contradicciones que van a surgir a medida que la crisis se profundice y tengan que tomar posición. No sabemos. Hay que estar preparado para todo. Hay que saberla jugar en el terreno en la que nos la ponga. Porque la toma del gobiernos por sectores democráticos y progresistas, no es una toma del poder por sectores populares; hay unas constituciones, unos ejércitos. Lo de Honduras llama a la reflexión: qué tan importante es tener un Presidente, digamos, alternativo, indudablemente. Y puede servir de palanca para un proyecto de control del poder del Estado. Pero el poder del Estado no es la Presidencia de la República. Eso es una ficción que no podemos perder de vista, porque sino nos diluimos en ese liberalismo que emerge de todas estas posiciones pequeño-burguesas.

Profundas tendencias de cambio recorren hoy el tablero mundial. De todas ellas, quizás la más importante sea la aparición de lo que se ha dado en llamar los países emergentes. ¿Hasta qué punto consideran ustedes que este nuevo fenómeno está provocando, o está creando las condiciones para provocar sensibles cambios en la distribución del poder mundial?

Los hechos están avanzando en ese sentido. En Europa se notan actitudes, hasta en la derecha, de frenar a EEUU. Después de que cayó la URSS el mundo se volvió unipolar, y ahora ha vuelto ha ser multipolar. EEUU es el principal explotador, pero hay otra serie poderes de contrapesos al poder. La misma Europa, China e India, Rusia, en América Latina, Brasil-Argentina… es una cosa complicada para el Imperialismo y favorable para la lucha de los pueblos.

El centro estratégico del mundo está pasando del Atlántico al Pacífico, de Occidente a Oriente, de Europa a Asia. Y dentro de ésta, la emergencia de China constituye el pivote en torno al cual gira todo este cambio de equilibrios mundiales. Muchos hablan ahora, en los países en vías de desarrollo, de “seguir el modelo chino”, enfrentando el llamado “consenso de Beijing” al consenso de Washington. ¿Pero no creen ustedes que precisamente la enseñanza más valiosa de la experiencia china –con sus aciertos y sus errores– en estos 30 años está justamente en haberse atrevido a trazar su propio camino, sin copiar miméticamente modelos exteriores?

Copiar es una de las cosas más nocivas para los procesos de transformación. En la Historia de la Humanidad las copias de modelos extranjeros siempre han sido un fracaso. Las transformaciones sociales tienen que concentrar las realidades nacionales. Cada proceso revolucionaria tiene sus particularidades. Hablar de que hay que hacer lo que han hecho los chinos es un poco lunático. Porque la realidad china cuando Mao dirigió la revolución era una, hoy es otra. Hoy en China van a editar otra revolución, otra Gran Marcha ante la involución del socialismo en China. Y si algún radical se atreve a defender el modelo chino… ahora es un modelo para los chinos, y para el capitalismo de Estado que han implementado en China. Nosotros hemos tenido muy buenas relaciones con el PCCh, que afortunadamente lograron que fuera en pie de igualdad, en ese momento. Como dato simpático, contarles que al fundador del MOIR, que desafortunadamente ya falleció, le lograron ofrecer los chinos algún tipo de ayuda material para nuestra actividad. Pero con mucho tino, la dirección del Partido dijo que no, que muchas gracias, pero nosotros no queremos ser financiados por otros.

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