A lo largo del mes de marzo, mientras en Oriente Medio atronaban los ataques aéreos de EEUU e Israel contra diferentes países de la región, masivas protestas contra las políticas de Trump y sus «terminales» y aliados políticos no han dejado de llenar las calles y avenidas de todo el mundo.
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Contra el racismo y la guerra
Londres: “la mayor marcha contra la ultraderecha de la historia británica”
El sábado 26 de marzo, más de medio millón de manifestantes inundaron las calles de la capital británica en lo que los organizadores han calificado como “la mayor marcha anti-extrema derecha de la historia del Reino Unido».
El detonante de las protestas es el preocupante auge de una extrema derecha en Gran Bretaña en vísperas de las elecciones locales, y tras unos graves disturbios racistas previos.

Un auge ultra en Reino Unido que -como en el resto del continente europeo- tiene su principal impulsor en el otro lado del Atlántico, concretamente en un trumpismo, un movimiento MAGA y unos centros de poder hegemonistas como la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) del Partido Republicano, que llevan más de una década promoviendo, potenciando y financiando a los partidos de extrema derecha de toda Europa, desde a Le Pen en Francia a Orbán en Hungría, desde a Alternativa por Alemania a Vox en España. Y no es ningún secreto que el apoyo decisivo al Brexit, o a figuras tan reaccionarias como Boris Johnson o el ultraderechista Nigel Farage, lider de Reform UK… ha venido siempre de Trump.
Aunque la marcha, convocada por la plataforma Together Alliance (formada por más de 100 organizaciones, sindicatos, ONGs antirracistas, grupos musulmanes y partidos de izquierda) se centró en las consignas antirracistas, en ella convergió una marcha pro-Palestina y anti-belicista, denunciando el genocidio en Gaza, el apoyo de EEUU y del gobierno de Keir Starmer a Israel y las políticas de guerra de Trump.
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300.000 manifestantes italianos contra la guerra en Oriente Medio
Roma contra la guerra y las políticas de Meloni

Tras una fuerte oleada, en el otoño pasado, de huelgas generales y protestas contra el genocidio en Gaza y las políticas de rearme y recortes sociales del gobierno italiano, las calles de Roma se volvieron a llenar el pasado 16 de marzo con más de 300.000 manifestantes que clamaron contra las guerras de EEUU e Israel en Oriente Medio, así como el apoyo de la ultraderechista presidenta italiana, Giorgia Meloni, a Trump y su fracasado intento -perdió el referéndum- de reformas constitucionales para un mayor control de la Justicia.

Las marchas, convocadas por partidos y sindicatos de izquierda, se centraron en denunciar las “reforma autoritarias” de Meloni y su complicidad bélica con Washington, con consignas como “No a la guerra”, “Meloni dimite”, “No al gobierno de guerra”.
Esta fuerte presión de la opinión pública -tanto el revés de perder el referéndum como la fuerte oposición popular a que Italia participe o apoye activa o pasivamente en las guerras de EEUU en Oriente Medio- es lo que explica que una figura como Meloni, abiertamente admiradora de Trump, haya dado varios pasos atrás y haya acabado diciendo -de grado o a regañadientes- que «adopta la misma posición que el gobierno de España»: no a la guerra, no al uso de la bases, no a la autorización del espacio aéreo italiano para las operaciones en Oriente Medio.
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“Yankee go home” en la capital nipona
Japón: protestas contra Trump, la guerra en Oriente Medio y Sanae Takaichi

En un país donde las protestas no son nada frecuentes, que más de 20.000 personas ocupen el centro de Tokio para clamar contra Trump, contra la escalada belicista en Oriente Medio, y contra su recién elegida primera ministra, la ultraconservadora Sanae Takaichi, es todo un hito. Pero es lo que está ocurriendo, en un movimiento popular creciente y protagonizado por la juventud, que ha organizado incluso “protest-raves” de música electrónica por el centro de la capital japonesa contra la guerra de EEUU, y contra Trump y Takaichi.
El primer brote ocurrió el 19 de marzo, cuando más de 10.000 personas se concentraron contra la visita de Takaichi a la Casa Blanca, donde hizo gala de un servilismo y de un plegamiento ante un Trump insultantemente grosero. Algo que ha soliviantado a millones de nipones.
Pero a los pocos días, el doble de manifestantes se congregaron frente al Parlamento, y frente a la residencia de la primera ministra, clamando contra el ataque a Irán y a Líbano y las pretensiones de Takaichi de modificar la cláusula pacifista de la Constitución con consignas como «No a la Guerra», “Mantengamos el Artículo 9”, “No a la alianza ilimitada con Trump”, “Yankee go home”.

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La izquierda pacifista y pro-palestina se moviliza contra Netanyahu
Tel Aviv: protestas contra el genocidio, el apartheid y la guerra

En medio del horror, con los misiles cayendo sobre los barrios de Teherán, con el ejército israelí penetrando en el sur de Líbano o bombardeando Beirut, o con los drones iraníes cayendo sobre ciudades como Tel Aviv o Haifa, la izquierda pacifista y pro-palestina de Israel -la misma que todos los sábados, sin faltar ni uno, de los dos años y medio que dura el genocidio en Gaza, ha salido a la calles para gritar «No en nuestro nombre»- se ha movilizado frente la guerra contra Irán y Líbano, y contra la ocupación de Palestina.
Son una minoría valiente pero inquebrantable. Solo podían concentrarse 150, por un impedimento dictado por el Tribunal Supremo israelí, pero acabaron siendo varios cientos, casi un millar, los que se reunieron el 4 de abril en Tel Aviv, con gritos contra Trump, Netanyahu y su gobierno, el más fanáticamente ultraderechista y sionista de la historia del país; contra la guerra y los bombardeos de los países vecinos, pero también contra el genocidio en Gaza, contra el apartheid y contra la brutal y creciente ola de violencia de los colonos contra las comunidades palestinas en Cisjordania.
Estaban convocados por Standing Together -un movimiento judío-árabe pacifista- y otros colectivos de la izquierda israelí.
La policía, a las órdenes del ultraderechista Itamar Ben Gvir, cargó duramente contra ellos, deteniendo hasta a 17 activistas, incluido al conocido activista Alon-Lee Green, dirigente de Standing Together.
Pero la izquierda pacifista y antiimperialista israelí ya ha anunciado su innegociable intención de protestar -como vienen haciendo desde que comenzó el genocidio en Gaza- todos los sábados en el centro de las ciudades del país.

