Literatura

El Maestro de la Crí­tica

Asociar en un mismo tí­tulo los nombres de George Steiner -uno de los crí­ticos literarios esenciales de nuestro tiempo- y de “The New Yorker” -una de las revistas culturales y literarias más prestigiosas que existen hoy- es plena garantí­a de que nos enfrentamos a un libro de gran calado, a uno de esos libros que los verdaderos amantes de la literatura no podemos dejar pasar, a un mundo de tesoros ocultos y misterios desvelados que, cual cueva de Alí­ Babá, promete un verdadero festí­n y verdaderas armas para comprender y no perdernos en la encrucijada de la literatura moderna. El libro, editado en España por Siruela, con motivo del 80 cumpleaños de Steiner, recorre de alguna manera el “canon” que éste ha ido fijando a lo largo de casi 50 años de trabajo crí­tico y docente.

George Steiner nació en París en 1929, ero procedía de una familia judía de origen vienés, que a comienzos de los años cuarenta emigró a Estados Unidos para huir del nazismo. Desde 1944 es ciudadano norteamericano. Y prácticamente desde niño domina el inglés, el francés y el alemán, lo que le ha permitido un acceso directo a tres de los focos esenciales de la creación literaria universal. Steiner ha sido docente universario durante muchos años, y su especialidad ha sido siempre la “literatura comparada”, aunque su visión cultural ha sido siempre muy amplia, y como ensayista ha desbordado las cuestiones puramente literarias. Pero en todo caso, es en la crítica literaria, en el marco de una perspectiva cultural muy amplia, en aquello en lo que es un “maestro” verdaderamente reputado y universalmente reconocido. Con Steiner no nos movemos en el ámbito de la tradicional reseña de periódico ni del comentario apresurado, sino en el del ensayo profundo, sosegado, argumentado y sin responder a apremios de modas, capillas o éxitos de ventas. Steiner va a lo esencial y a los autores esenciales, aunque aún no hayan obtenido todavía ese rango “consagratorio”. Él fue, por ejemplo, el primer crítico literario que habló en Estados Unidos de Thomas Bernhart, de Sciascia, de Cioran o de Levi-Strauss, cuando todavía eran unos perfectos desconocidos para la cultura y el mundo editorial americano. El libro editado ahora por Siruela recoge algunos de sus más brillantes trabajos publicados a lo largo de más de treinta años en “The New Yorker” y permite dibujar un cuadro bastante exacto de lo que sería su “canon” literario del siglo XX, o quizá, con más precisión, de la literatura de posguerra. El libro comienza con dos ensayos muy curiosos y muy interesantes (uno, “El erudito traidor”, de 1980, centrado en la figura de Anthony Blunt, el célebre crítico de arte británico que trabajó para el KGB, y otro, obligado, sobre la cultura austrohúngara, su cultura, por así decir, “nativa”), pero enseguida pasa a centrarse en los libros y autores que más le interesan, que considera decisivos. Y empieza “fuerte”, empieza con “El Archipiélago Gulag”, de Solzhenitsin, ese testimonio valeroso y enérgico contra la opresión. Para Steiner, al autor ruso “le hipnotiza la ilimitada resistencia del espíritu humano y es poseedor de ella”. Y afirma que la respuesta de Solzhenitsin sería: “Sí, es posible detener el monstruo que nos aplasta; es posible rechazar la banalidad del mal y decir no a todos aquellos que querrían reducirnos a un obrero del matadero”. Otro texto en el que Steiner se detiene es el mítico “1984”, de Orwell. Steiner “descubre” el notable parentesco de esta obra con “Nosotros”, de Zamyatin, que el propio Orwell reseñó en 1946, y que ya describía la existencia humana en un “Estado único”, gobernado por “El Benefactor”, que “impone un control total sobre todos los aspectos de la vida mental y física. La vigilancia y el castigo están en manos de la policía política, los “Guardianes” (sátira de la República de Platón)… Hombres y mujeres son identificados no por nombres propios sino por números… Unos cupones de racionamiento les dan derecho a bajar las persianas y disfrutar de la hora del sexo”. Steiner proclama también su admiración por Bertold Brecht: “Ningún poeta lírico, ningún dramaturgo, ningún panfletista –dice Steiner– ha dado una voz más penetrante a los himnos del dinero, ha hecho más palpable el hedor de la codicia”. “Pocas mentes –concluye– han indagado de una manera más implacable la hipocresía y el desenvuelto autoengaño que lubrican las ruedas del provecho y hacen exteriormente higiénicas las relaciones de poder en el mercantilismo y en el capitalismo de consumo de masas”. Sobre Beckett, Steiner subraya cómo hay “ciertos momentos en la literatura en los que un determinado escritor parece personificar la dignidad y la soledad de toda la profesión”. “Hoy –dice Steiner– hay razones para suponer que Beckett es el escritor por excelencia, que otros dramaturgos y novelistas encuentran en él la sombra concentrada de sus esfuerzos y privaciones”. Sobre Thomas Bernhard afirma que “es el artesano más destacado de la prosa alemana después de Kafka y de Musil” y que sus novelas crean “un paisaje angustioso tan detallado, tan precisamente imaginado, como ningún otro en la literatura moderna”. Steiner habla sobre Céline, sobre Graham Greene, sobre Walter Benjamin, sobre Canetti, sobre Borges, sobre Cioran, sobre Chomsky… todo un siglo literario desfila por las páginas extraordinarias de este libro, que nos obliga a repensar la historia y la tarea de la literatura, no sólo en el pasado sino también para el futuro.

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