Barrios obreros, apuestas y drogas

El juego, la nueva droga entre los jóvenes

Más de una mañana, el barrio de Moratalaz ha aparecido repleto de pintadas contra el negocio del juego. “Con la clase obrera no se juega” o “Fuera casas de apuestas del barrio”, son algunas de ellas. Son jóvenes que han empezado a organizarse contra los estragos que está causando el juego en los jóvenes. Durante los años 80, la introducción de la heroína o del caballo en los barrios obreros de las grandes capitales españolas cumplió un criminal aunque eficaz papel. El mismo que hoy cumple la promoción descarada del juego online y las casas de apuestas.

Esta acción la han querido trasladar a otros lugares de España, sobre todo apoyándose en las redes sociales con hastags como: #ConMoratalazNoSeJuega, #ApuestaPorTuBarrio o #FueraCasasDeApuestas. Estos hechos eran impensables en el siglo pasado, es un fenómeno que ha crecido y se ha desarrollado vertiginosamente.

El colectivo “Moratalaz despierta” denuncia que “mientras que en los últimos años han aumentado un 40% las casas de apuestas en Madrid, en los barrios del suroeste y del sur han crecido un 141%”. Subrayan que no sólo se trata de un problema de clase, también de la juventud: “El 30,9% de los usuarios son menores de 35 años y, de ellos, más de un 80% viven en situación de precariedad”.

Cada vez más ludópatas, cada vez más jóvenes

Un reciente informe sobre ludopatía sitúa que el perfil del ludópata ha cambiado con respecto a la década pasada, a la vez que su número ha aumentado.

En la década anterior la edad media del ludópata era de entre 40 y 45 años, debido a que las apuestas solo existían de forma física. Pero con la llegada del juego online, el perfil ha cambiado de manera radical, debido principalmente a las apuestas deportivas, tanto a nivel físico como online. Provocando que la edad baje a entre 20 y 25 años.

Aparte de este aumento de la ludopatía, el informe denuncia cómo el número de menores enganchados sigue en crecimiento. No hay que olvidar que el estudio demuestra que el gran porcentaje de jugadores actuales tienen una edad comprendida entre 18 y los 35 años. Recordando que los menores de edad no entran en esta estadística, ya que en términos legales tienen el juego prohibido. Aunque se ha demostrado que cada vez más menores juegan en las apuestas.

Mientras, las casas de apuestas no solo no toman medidas para evitar que los menores jueguen, sino que desarrollan campañas para captar y enganchar a los jóvenes, como cuando hacen promociones de desayunos y meriendas gratuitos para los menores de edad. Su objetivo solo es uno: enganchar a los jóvenes en la nueva droga.

Barrios obreros, apuestas y drogas: un cóctel mortal

El juego se ha cebado sobre todo en los barrios pobres de la periferia. Son zonas en las que hay mucho desempleo y problemáticas sociales. Han hecho que desaparezcan comercios tradicionales y en su lugar han aflorado llamativas salas, decoradas con terciopelo rojo y neones de colores.

Por si la adicción a las apuestas fuese poco, también existe el riesgo de la adicción a otras drogas. Ya que los camellos han empezado a instalarse en los alrededores de las casas de apuestas para sacar tajada de los jóvenes que van a apostar.

Tener una clase obrera y una juventud trabajadora adicta a las apuestas y narcotizada por el juego es una herramienta al servicio de quienes nos saquean y dominan

También algunas asociaciones vecinales están respondiendo a esta situación, saliendo a la calle para denunciar el daño que está haciendo las casas de apuestas a los barrios. Especialmente notable es el trabajo que realiza la Asociación Vecinal de Cuatro Caminos-Tetuán, quienes el año pasado convocaron una manifestación para protestar contra la proliferación de las casas de apuestas de la zona. 

A su juicio, las medidas que pretende incorporar el Gobierno Autonómico se quedan cortas y no entran en el núcleo de la cuestión. En su lugar exigen una serie de medidas: la primera, que se valore la ludopatía como una enfermedad grave y que se regule su publicidad. La segunda, que se sitúen a más de quinientos metros de los colegios y los centros de ocio para la juventud; y que entre salas de apuestas haya más de un kilómetro de distancia para evitar su proliferación. Y tercero, reclaman que se lleve un mejor registro y control de las personas que juegan.

No es casual que las casas de apuestas hayan proliferado en los barrios obreros y se hayan dirigido a los sectores más jóvenes, es una cuestión de clase. El juego, especialmente las apuestas deportivas, es la nueva droga que se emplea para corromper a la juventud.

La heroína no solo se llevó la vida de cientos de miles de jóvenes, sino que contribuyó a descomponer la vida social de unos barrios y de una juventud que unos años atrás habían sido auténticos puntales de la lucha popular, revolucionaria y antifranquista.

Justo ahora que otra nueva recesión llama a las puertas, tener una clase obrera y una juventud trabajadora hundida en la ludopatía, adicta a las apuestas y narcotizada por el juego es una herramienta al servicio de quienes nos saquean y dominan.

Hundiendo nuestro futuro escriben su mensaje: “no te rebeles, no trates de cambiar las cosas, mejor vente a jugar”. 

Como tantas veces hemos de salir a protestar y gritar que con nuestro futuro no se juega. Solo si nos unimos y organizamos podemos darle la vuelta a esta situación y acabar con este nuevo tipo de droga.

Deja una respuesta