El innecesario rescate de Portugal

“El contagio de los mercados y la rebaja de la calificación, que comenzaron cuando la magnitud de las dificultades de Grecia surgió a principios de 2010, se han convertido en una profecí­a autocumplida: al aumentar los costos del endeudamiento de Portugal a niveles insostenibles, las agencias de calificación le obligaron a buscar un rescate. El rescate permitirá a los “rescatadores” de Portugal imponer polí­ticas de austeridad impopulares que afectan a los beneficiarios de as becas estudiantiles, las pensiones de jubilación, las ayudas a la pobreza y los salarios públicos de todo tipo.”

En el destino de Portugal se encuentra una clara advertencia ara otros países, incluidos los Estados Unidos. La revolución portuguesa de 1974 inauguró una oleada de democratización que se extendió por el mundo. Es muy posible que 2011 marque el inicio de una oleada de invasiones de la democracia por los mercados desregulados, con España, Italia o Bélgica, como siguientes víctimas potenciales. (THE NEW YORK TIMES) DIARIO DEL PUEBLO.- Por el momento, las potencias occidentales no han llegado a enviar tropas a Libia para invadir el país por tierra. Detrás de esa decisión hay por lo menos dos razones. La primera, que una invasión terrestre supondría más bajas para la coalición multinacional y provocaría un movimiento contra la guerra en muchos países, un precio que los líderes occidentales no están dispuestos a pagar. La segunda, que la invasión por tierra incumpliría la resolución sobre Libia aprobada el pasado 17 de marzo por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas. Las potencias occidentales que intervienen en la operación ni siquiera han decidido todavía si suministrar armamento a las fuerzas de oposición libias. De hecho, entre esas naciones surgieron desavenencias sobre la cuestión libia desde el principio, que con el tiempo se han agravado. EEUU. The New York Times El innecesario rescate de Portugal Robert M. Fishman La petición de Portugal de ayuda para su deuda al Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea la semana pasada debe ser una advertencia a las democracias en todas partes. La crisis que comenzó con los rescates de Grecia e Irlanda el año pasado ha dado un giro desagradable. Sin embargo, esta petición de un tercer país para un rescate no trata realmente de la deuda. Portugal tuvo buenos resultados económicos en la década de 1990 y la gestión de su recuperación de la recesión mundial fue mejor que la de otros países en Europa, pero ha estado bajo una presión injusta y arbitraria de los operadores de bonos, los especuladores y los analistas de calificación crediticia que, por miopía o por razones ideológicas, han conseguido expulsar a una administración elegida democráticamente y, potencialmente, atar las manos de la siguiente. Si no se regulan, estas fuerzas del mercado amenaza con eclipsar la capacidad de los gobiernos democráticos –quizás incluso de Estados Unidos– a tomar sus propias decisiones acerca de los impuestos y el gasto. Las dificultades de Portugal, ciertamente, se parecen a las de Grecia e Irlanda: para los tres países, la adopción del euro hace una década significó que tuvieron que ceder el control sobre su política monetaria, y el aumento repentino de las primas de riesgo que los mercados de bonos asignaron a su deuda soberana fue el disparador inmediato de las solicitudes de rescate. Pero en Grecia y en Irlanda, el veredicto de los mercados refleja profundos problemas económicos de fácil identificación. La crisis de Portugal es completamente diferente, no hay una verdadera crisis subyacente. Las instituciones económicas y políticas en Portugal, que algunos analistas financieros consideran irremediablemente defectuosas, habían logrado notables éxitos antes de que esta nación ibérica de 10 millones de habitantes fuera sometida a sucesivas oleadas de ataque por parte de los operadores de bonos. El contagio de los mercados y la rebaja de la calificación, que comenzaron cuando la magnitud de las dificultades de Grecia surgió a principios de 2010, se han convertido en una profecía autocumplida: al aumentar los costos del endeudamiento de Portugal a niveles insostenibles, las agencias de calificación le obligaron a buscar un rescate. El rescate permitirá a los "rescatadores" de Portugal imponer políticas de austeridad impopulares que afectan a los beneficiarios de as becas estudiantiles, las pensiones de jubilación, las ayudas a la pobreza y los salarios públicos de todo tipo. La crisis no es obra de Portugal. Su deuda acumulada es muy inferior al nivel de naciones como Italia que no han sido objeto de tales evaluaciones devastadoras. Su déficit es menor que la de otros países europeos y ha ido disminuyendo rápidamente como resultado de los esfuerzos del gobierno. ¿Y qué hay de las perspectivas de crecimiento del país, que los analistas asumen convencionalmente como pobres? En el primer trimestre de 2010, antes de que los mercados empujaran las tasas de interés de los bonos portugueses al alza, el país tenía una de las mejores tasas de recuperación económica en la Unión Europea. En una serie de medidas –pedidos en la industria, innovación empresarial, logro de las universidades y crecimiento de las exportaciones– Portugal ha igualado o incluso superado a sus vecinos en el sur e incluso de Europa Occidental. ¿Por qué, entonces, la deuda de Portugal ha sido degradada y su economía llevada al borde del abismo? Hay dos explicaciones posibles. Una es el escepticismo ideológico del modelo portugués de economía mixta, con sus préstamos públicos de apoyo a las pequeñas empresas, junto con unas pocas grandes empresas estatales y un Estado del Bienestar fuerte. Los fundamentalistas del mercado detestan las intervenciones de tipo keynesiano en áreas que van de la política de vivienda en Portugal –que evitó una burbuja y conserva la disponibilidad de los alquileres urbanos de bajo coste– a las ayudas a los ingresos para los pobres. La falta de perspectiva histórica es otra explicación. Los estándares portugueses vienen aumentado considerablemente en los 25 años transcurridos desde la revolución democrática de abril de 1974. En la década de 1990 la productividad laboral se incrementó rápidamente, las empresas privadas profundizaron la inversión de capital con la ayuda del gobierno y los partidos tanto del centro-derecha como del centro-izquierda aumentaron el gasto social. A finales de siglo, el país tenía una de las tasas de desempleo más bajas de Europa. Para ser justos, el optimismo de la década de 1990 dio lugar a desequilibrios económicos y un gasto excesivo; los escépticos sobre la salud económica de Portugal citan su relativo estancamiento desde 2000 hasta 2006. Aun así, desde el inicio de la crisis financiera mundial en 2007, la economía volvió a crecer y el desempleo cayó. La recesión terminó y la recuperación, del crecimiento se reanudó en el segundo trimestre de 2009, antes que en otros países. La política interna no tienen la culpa. El primer ministro José Sócrates y los socialistas se propusieron reducir el déficit al mismo tiempo que promovían la competitividad y mantenían el gasto social, la oposición insistió en que podría hacerlo mejor y obligaron a dimitir al señor Sócrates este mes, preparando el escenario para nuevas elecciones en junio. Ésta es la materia de la política normal, no es un signo de desorden o incompetencia como algunos críticos de Portugal han retratado. ¿Europa podría haber evitado este rescate? El Banco Central Europeo podría haber comprado bonos portugués agresivamente y haber detenido la última ola de pánico. La regulación de la Unión Europea y de Estados Unidos de los procedimientos utilizados por las agencias de calificación crediticia para evaluar la solvencia de la deuda de un país es también esencial. Difundiendo percepciones que distorsionan la estabilidad de Portugal, las agencias de calificación –cuyo papel en el fomento de la crisis de las hipotecas subprime en los Estados Unidos ha sido ampliamente documentado– han puesto en peligro tanto su recuperación económica como su libertad política. En el destino de Portugal se encuentra una clara advertencia para otros países, incluidos los Estados Unidos. La revolución portuguesa de 1974 inauguró una oleada de democratización que se extendió por el mundo. Es muy posible que 2011 marque el inicio de una oleada de invasiones de la democracia por los mercados desregulados, con España, Italia o Bélgica, como siguientes víctimas potenciales. A los estadounidenses no les gustaría mucho que instituciones internacionales trataran de decirle a Nueva York, o a cualquier otro municipio de América, que se deshagan de las leyes de control de los alquileres. Pero ese es precisamente el tipo de interferencia ya ocurrida en Portugal – como ha ocurrido con Irlanda y Grecia, a pesar de que tuvieran más responsabilidad por su destino. Sólo los gobiernos elegidos y sus líderes pueden asegurar que esta crisis no termine por socavar los procesos democráticos. Hasta ahora parece que lo han dejado todo en manos de los caprichos de los mercados de bonos y las agencias de calificación. THE NEW YORK TIMES. 12-4-2011 China. Diario del Pueblo Dilemas sobre la ofensiva aérea occidental contra Libia Cuando han pasado tres semanas desde su inicio, la ofensiva aérea contra Libia liderada por Occidente se encuentra aparentemente entre la espada y la pared. Por una parte, parece improbable que sólo con ataques aéreos, sin invasión terrestre adicional, se pueda acabar con el régimen de Muamar el Gadafi; por otra, las potencias occidentales suelen ser reacias a suspender sus acciones militares sin haber logrado sus objetivos. El pasado 19 de marzo, algunos países occidentales, principalmente Francia, Reino Unido y Estados Unidos, lanzaron la Operación Odisea del Amanecer (Odyssey Dawn) contra Libia; y durante las últimas tres semanas bombardearon el sistema de defensa aérea, los tanques y la artillería de las tropas gubernamentales libias. La ofensiva aérea occidental en Libia se presentó como una operación destinada a proteger a la población civil del país; sin embargo, el recrudecimiento del conflicto armado interno ha incrementado el número de civiles muertos y, según las autoridades libias, los bombardeos extranjeros también han causado muchas pérdidas entre la población civil. Por el momento, las potencias occidentales no han llegado a enviar tropas a Libia para invadir el país por tierra. Detrás de esa decisión hay por lo menos dos razones. La primera, que una invasión terrestre supondría más bajas para la coalición multinacional y provocaría un movimiento contra la guerra en muchos países, un precio que los líderes occidentales no están dispuestos a pagar. La segunda, que la invasión por tierra incumpliría la resolución sobre Libia aprobada el pasado 17 de marzo por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que excluye el envío de tropas terrestres. Las potencias occidentales que intervienen en la operación ni siquiera han decidido todavía si suministrar armamento a las fuerzas de oposición libias. De hecho, entre esas naciones surgieron desavenencias sobre la cuestión libia desde el principio, que con el tiempo se han agravado. Alemania, que es miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, se abstuvo inesperadamente en la votación sobre la Resolución 1.973, que autorizaba el establecimiento de las medidas necesarias para proteger a la población civil de Libia ante el conflicto interno y la ola de violencia que se estaba viviendo allí, incluida la imposición de una zona de exclusión aérea sobre ese país del norte de Africa. Turquía, que es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), expresó públicamente su oposición a los ataques; e incluso Estados Unidos, que ha liderado las recientes guerras de Afganistán (2001) e Irak (2003), mantiene dudas sobre continuar o poner fin a esos bombardeos. Considerando todo eso, puede que la ofensiva aérea occidental en Libia esté dando tumbos por una carretera sin salida. Sólo nuevos medios como unas negociaciones pacíficas podrán conducir a paz y la estabilidad en Libia, proteger de verdad a la población civil de ese país y ayudar a encontrar una salida a la presente crisis política. DIARIO DEL PUEBLO. 11-4-2011

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